COSLADA / En alas del espíritu – En cuerpo encontrado

COSLADA / En alas del espíritu – En cuerpo encontrado

Coslada. Teatro Municipal. 12-IV-2019. En alas del espíritu – En cuerpo encontrado. Director de escena, coreografía y danza: Jesús Pastor (Human Dance Project). Director musical y canto: José Hernández Pastor. Percusión: Iván Mellén. Idea original y coordinador artístico: Paco Quirce (El canto de Polifemo).

Jeremy Bass

En la rotonda o plaza delante de la entrada principal del Teatro Municipal de Coslada hay una escultura que no por su gigantesco tamaño deja de ser un retrato de excepcional realismo, dignidad y sutileza. Es la Mujer de Coslada, del maestro pintor y escultor Antonio López. Dentro del Teatro, el 12 de abril, presenciamos una obra a la altura que pide semejante escultura. Se trata de una intensiva y cuidadosa elaboración coreográfica, sonora y escénica alrededor del canto gregoriano de José Hernández Pastor, a cargo del bailarín Jesús Pastor y el percusionista Iván Mellén.

En su primera actuación después de su vuelta a España, Jesús Pastor se mostraba atlético, preciso, expansivo. Bailando semidesnudo durante la mayoría de la obra, se apreciaba su cuerpo esculpido, su cara como santo de Ribera, y toda su gestualidad coreográfica creaba un efecto visual magnético sobre el sombrío escenario.

El contratenor José Hernández Pastor desarrollaba su papel de imagen de profeta que experimenté en la iglesia de San Nicolás hace unos meses. Su voz a lo largo de la noche se escuchaba impecable e hipnótica, escondiendo en todo momento el esfuerzo que suponía la coreografía y el uso de amplificación. Su presencia física ofrecía el polo opuesto al de Jesús Pastor.

Iván Mellén, semioscurecido detrás de varios instrumentos de percusión, anclaba el espectáculo. Observando las andanzas de bailarín y cantante, esparcía efectos sonoros perfectamente sincronizados, e impulsaba los movimientos con ráfagas de ritmo de sorprendente fuerza.

De antemano yo esperaba de la combinación de canto llano y danza algo más moderado, más gentil, prejuicio que se descartó de inmediato.  El escenario se había dejado abierto, al centro un árbol, a la derecha la maceta destrozada, a la izquierda un montón de libros. El espectáculo arranca en la oscuridad total, desde la cual se ilumina el bailarín vestido de trapos y encadenado, tumbado sobre el suelo. En una de las imágenes más imborrables de esta primera parte, el personaje se inyecta y empieza a flotar, nadando en silueta delante de un foco. Luego, un baile tribal al pulso de un gran tambor culmina en el destrozo contra el suelo de una maceta por el bailarín.

La salida del cantante contrasta de manera absoluta a la angustia terrenal del bailarín. Sale coronado y vestido de seda, su porte regio y tranquilo, claramente celestial. A lo largo de la obra, las dos figuras opuestas se entrelazan, el baile dialogando con el canto, a veces ilustrando, a veces luchando en su contra. En una escena de ternura conmovedora, el cantante baña al bailarín. Ya entrando en el tramo culminante de la obra, los dos personajes ejecutan un baile estilizado, el bailarín ahora vestido en una túnica negra que hace juego con el vestido blanco del cantante. El tambor acompaña al canto, iluminando de repente, sorpresivamente, la estructura rítmica del canto llano.

Si bien la escenificación mostraba signos desde el inicio de que se trataba de un estreno (cierta inseguridad con las luces y la amplificación), esto solo sirvió para subrayar el grado extremadamente alto de profesionalidad y entrega de los tres intérpretes.

Programado dentro de una temporada caracterizado por espectáculos como Abba Live T’ y La puta de las mil noches, En alas del espíritu – En cuerpo encontrado se ofrece como un desafío de seriedad artística. Tanto el concepto francamente experimental del proyecto por su novedad como las actuaciones soberbias de los integrantes suponen una muestra de un verdadero potencial artístico que este proyecto podría tener en espacios escénicos de una capital europea, por ejemplo.