CÓRDOBA / Isabel Rubio triunfa con un Chaikovski para el recuerdo

Córdoba. Gran Teatro. 19-XII-2025. Orquesta de Córdoba. Ángel Luis Sánchez, oboe. Isabel Rubio, directora. Obras de Nicolai, Strauss y Chaikovski.
Se acercan las fechas señaladas de la Navidad y las orquestas apartan por un momento la sesudez de su programación habitual para ofrecer programas más festivos donde primen la delectación melódica y el aire danzable. Así se planteaba la combinación de la Obertura de Navidad de Otto Nicolai, el Concierto para oboe y orquesta de Richard Strauss y la Suite de El lago de los cisnes de Chaikovski, que, sobre papel y dejando aflorar los prejuicios, hacía anticipar una velada indulgente en lo artístico a la vista de la inmediatez de las obras para el público. Craso error. La joven directora murciana, Isabel Rubio, invitada para la ocasión, tras una simpática introducción al concierto que, si acaso, ahondaba en la informalidad, cogió la batuta y desde el primer movimiento de brazos desplegó un verdadero vendaval musical que duró toda la noche. Transitó por el programa con una facilidad insultante, revelando una comprensión profunda de estilos muy distintos entre sí y extrajo de la Orquesta la respuesta más rutilante en materia de ejecución. Fue, por derecho, la primera gran campanada de la temporada y un concierto mayúsculo a guardar en la memoria por sus resultados artísticos.
La biografía de nuestra artista transita con facilidad por numerosos centros musicales españoles y extranjeros. Ser finalista para la plaza de asistente de Kirill Petrenko en la Filarmónica de Berlín tuvo que imprimir carácter, como se decía antiguamente, porque algo del estilo de la escuela del director ruso hay en Rey: la urgencia y el nervio rítmico, la limpieza prístina de la articulación, el trabajo extremo en la clarificar la polifonía orquestal, la potencia sonora. Un estilo sin devaneos ni desmayos, magro, urgente y directo, pero capaz de integrar el lirismo y la suavidad a discreción. Por momentos, me recordó aquellas históricas visitas de la ahora internacional Oksana Lyniv que fueron auténticos terremotos.
La Obertura de Navidad —Weihnachts-Ouvertüre— de Otto Nicolai es una obra breve pero muy significativa. Nicolai, recordado casi exclusivamente por su ópera Las alegres comadres de Windsor, compuso la Obertura de Navidad en 1843, durante su estancia en Viena, en un momento en el que alternaba su actividad como compositor de ópera con un creciente prestigio como director. La obra, concebida como una pieza de concierto, revela con claridad su maestría orquestal y la fusión natural de los ecos de sus amados Beethoven, Weber o Schumann, así como su profunda vinculación con la tradición coral sacra alemana con la cita de diversos corales luteranos asociados al trance navideño. A la introducción, monumental, de presión intencionada en la gravedad por parte de nuestra directora, siguió una secuencia agitada, primero angustiada —el invierno—, luego consoladora —la Navidad— donde la tensión se fue acumulando hacia el final con un ritardando guiado con mano maestra que produjo un efecto triunfal. La Orquesta de Córdoba dio una gran impresión con una ejecución impecable, pero no esperábamos que su respuesta fuera creciendo a lo largo de la noche.
El bellísimo Concierto para oboe y orquesta en re mayor, TrV 292 es un ejemplo más de ese enigma humano que se llamó Richard Strauss. Nada hace presentir el contexto traumático de su gestación. Compuesto en 1945 por un anciano de 81 años, bajo vigilancia de las fuerzas aliadas en los estertores del agonizante Reich, reducido a ruinas y escombros, por sugerencia de un soldado estadounidense, John de Lancie, oboe de la Sinfónica de Pittsburg de Fritz Reiner, que, a la postre, recalaría en la Orquesta de Filadelfia tras la guerra, las filigranas sonoras, la cantabilidad netamente mozartiana y la sonoridad camerística son las habituales del compositor como si no existiera nada más allá de su esfera mental y creativa. Ya habrá tiempo de metamorfosear el dolor en sonidos. El suave y delicado inicio del concierto estableció el tono íntimo y camerístico del mismo. La entrada de Ángel Luis Sánchez, otro músico todoterreno, formado en la Escuela de Música Reina Sofía y colaborador de ilustrísimas orquestas europeas, deslumbró por la belleza tímbrica, el control de la respiración y una proverbial facilidad para solventar las agilidades. Si primoroso fue el Allegro moderato, donde solista y orquesta dialogaron en igualdad de términos, el Andante siguiente, elegíaco y lleno de poesía, fue un triunfo. Rubio extrajo el color aéreo y argento de la cuerda cordobesa y sobre ese lecho de tersura el oboe conmovió con sentido del canto de ley. A la pausa nos fuimos con sensación de plenitud de haber asistido a una interpretación irreprochable de una delicatessen.
Las filigranas straussianas dieron paso tras la pausa a la sempiterna Suite de El Lago de los Cisnes, una música incrustada en el tuétano de todo melómano, puerta de entrada de tanta afición y ejemplo del poder persuasivo del melos y el pathos. Algo hay visceral en estos fragmentos, en ese talento del compositor ruso, para desembarazarse de toda intelectualidad y atraparnos en su red de emociones y melodías que se nos presentan ternas, inevitables. Y lo que hizo Rubio de ellas con la participación de una Orquesta transfigurada solo puede calificarse de rutilante. Por la fuerza, por la claridad, por la intensidad del fraseo. El primer número de la Suite fue de una tensión descomunal y hechuras cinematográficas. Nunca había sido tan evidente así la conexión con tanta música cinematográfica. El Vals se llevó con un tempo firme, fraseo fino y ausencia de decadentismos. Los Petit Cygnes fueron ejemplares en su condición de pieza de carácter. Artaches Kazarian al violín y Rodrigo García al chelo bordaron su escena. La secuencia de danzas Húngara, Española, Napolitana, cada una perfecta en su estilo, desembocó en una Mazurka que provocó el delirio. Se bisó la introducción para enardecer aún más los ánimos.
A la vista de los resultados, es de justicia que Isabel Rubio no tarde en volver a Córdoba. Mientras, habrá que estar pendientes de su trayectoria que, a tenor de lo visto y oído, apunta alto. Esperábamos indulgencia navideña y nos dimos de bruces con un concierto de muy alto nivel, con tres obras perfectamente expuestas y con una respuesta de la Orquesta de las de las grandes ocasiones. Espiritualmente reconfortados, salimos del Gran Teatro preparados para el batallón de celebraciones.
C. Crespo García
Foto: Rafa Alcaide


