CÓRDOBA / Festival de Piano Rafael Orozco: Perianes homenajea a Alicia de Larrocha

Córdoba. Mezquita-Catedral. 18-XI-2023. XXI Festival de Piano Rafael Orozco. Javier Perianes, piano. Obras de Falla, Debussy, Albéniz y Granados.
El concierto de Javier Perianes con música española, bien sea por origen o por inspiración, en el incomparable marco de la Mezquita Catedral cordobesa fue el cierre de lujo de un exitoso y bien ahormado Festival de piano Rafael Orozco. Pero, ¡qué quieren que les diga!, poco sentido tiene ahondar críticamente en las interpretaciones que de la música de Falla, Debussy, Albéniz o Granados ofrece en la actualidad el músico de Nerva. Ustedes, que ya habrán tenido la oportunidad de escucharlo en vivo o en disco —Perianes se prodiga bastante por nuestras salas de concierto—, lo saben mejor que yo: idioma y estilo sin discusión posible, esa querencia tan personal por el fraseo elegante y redondeado del onubense que homologa la música española con la gran tradición del pianismo romántico centroeuropeo, ese empeño por la belleza del sonido que lo diferencia de otros intérpretes señeros que apuestan por opciones más raciales o donde late lo popular de forma más cruda… Con Perianes todo es elegante y sofisticado. La segunda parte, dedicada íntegramente a la suite Goyescas de Enrique Granados, fue oro de ley y se inscribe entre lo mejor que ha deparado este festival en su ya considerable trayectoria. De esa guisa fueron los Falla —Fantasía Bética de gran bravura—, el Albéniz, un ensimismado Debussy… Musicalmente todo fue una fiesta, la mejor de las contribuciones posibles a los actos de homenaje a la inolvidable Alicia de Larrocha en el centenario su nacimiento. Alicia tiene quien le continúe.
Menos ideales fueron las condiciones para el disfrute de la música. La arquería de la Mezquita de Córdoba no es, desde luego, lugar apropiado para la música en general. Entendemos que se trata de un espacio singular, cuya belleza siempre será motivo de asombro, pero la insistencia en emplearla para albergar estos eventos señalados, como era el caso de esta edición tan exitosa del Festival Orozco, obliga a considerar los sacrificios que conlleva: sillas plegables incómodas, visibilidad reducida, a pesar de las dos enormes pantallas laterales que retransmitían en tiempo real, sonido borroso por la reverberación y apoyo en la amplificación, que apelmazaba las notas y destacaba unos graves retumbantes. Un músico tan fino y sensible como Javier Perianes pedía un espacio más adecuado.
Toca el balance. Tras veintiuna ediciones, el festival de piano Rafael Orozco se dirige finalmente a un modelo donde, a su tradicional serie de conciertos dedicados al descubrimiento del talento silencioso del teclado, se añaden citas con los grandes nombres del panorama concertístico y se permite, a la vez, excursos ambiciosos como, en el caso de esta edición, ofrecer de una tacada la obra para piano y orquesta de Sergei Rachmaninov. Siendo un modelo atractivo, y atractor de público como se ha podido comprobar en los conciertos más relevantes, existe el peligro de desequilibrar la balanza de la asistencia a favor de lo seguro a la vista del apretado calendario de conciertos que plantea, cosa a la que tampoco ayuda la inexistencia de oportunidades a lo largo de la temporada de encontrarse con los grandes solistas de la clásica. En esto el Instituto Municipal de las Artes Escénicas debería incorporarse a una reflexión conjunta sobre la estructura de la oferta musical anual de la ciudad y el papel que desempeña en ella el Festival. También sería interesante abrirse a otras prácticas, a otros instrumentos y a otros repertorios, que induzca una mayor pluralidad de públicos —pienso en la música para teclado del barroco o el jazz—. Finalmente, cuestión no menor es la labor de difusión y publicidad. En eso, reconociendo lo mucho que se hace con lo poco que se tiene, queda un largo recorrido por hacer. Toca trabajar en mejorar en los programas de mano y en la presencia del Festival en esa realidad paralela de las redes sociales. Mientras, alegría por el devenir y esperanza en las mentes rectoras, a quienes toca, por encima de todo, agradecer. ¡Gracias!
C. Crespo García
(foto: María Cariñanos)


