CÓRDOBA / Arrebatos y retos

CÓRDOBA / Arrebatos y retos

Córdoba. Conservatorio Superior de Música. 22-XI-2019. XVIII Festival de Piano Rafael Orozco. Tamar Beraia, piano. Obras de Albéniz, Beethoven y Mussorgski. • 23-XI-2019. Ángel Andrés Muñoz, piano. Obras de Albéniz, Liszt y Rachmaninov.

Ya en su recta final, el Festival presentaba en su penúltima semana a dos intérpretes de muy distinto temperamento y capacitación. En el caso de la pianista georgiana Tamar Beraia [en la foto] encontramos una técnica acorde con la exigencia que tiene ser asidua concursante de certámenes internacionales, en los que hay que exhibir poderosos mecanismos acompañados de un arrebatado carácter interpretativo. Una musicalidad pulida por su dedicación a la improvisación fue la que presentó Ángel Andrés Muñoz, que se le percibe mucho más cómodo en el género del jazz, del que es asiduo intérprete, que en el repertorio culto del piano. Ambos recitales fueron una consecuencia artística de estas naturales aptitudes proyectadas desde un discreto compromiso formal con el pensamiento musical de los compositores.

Tamar Beraia empezó su actuación con la Sonata nº 17, Op.31-2, “Tempestad” de Ludwig van Beethoven mostrando una inquietante tensión ya en el condensado largo con el que se abre su primer movimiento, que tuvo su desahogo motor en los distintos pasajes rápidos, que van alternándose en su discurso con momentos de mayor quietud. Este contraste generaba que su dicción musical no alcanzara el difícil equilibrio que el compositor propone, especialmente en la limitada capacidad de exponer el estilo recitativo del final de este movimiento. Con una tensión que no cesaba, se adentró en la lírica cuasi religiosa del Adagio, yendo más a controlar la técnica a desarrollar que a dejarse llevar por ese particular aire romántico que encierran sus compases, hecho que disminuía el efecto de la natural meditación cantabile que requiere su interpretación. Cierto grado de precipitación imprimió al Allegretto que cierra la sonata, sin encontrar ese punto de ponderación expresiva en la alternancia de sus elementos tonales, rítmicos y emocionales lo que redundó más en una demostración técnica que en ese ideal ejercicio de repentización recreativa al que se asemeja.

Su forma de entender a Albéniz quedó más justificada en su obra póstuma, Azulejos, cuidando su etéreo melodismo, que en Almería, que no terminó de encontrarle el duende de su tempo que debe transmitirse afectado de tranquila indiferencia.

Nada más iniciarse la interpretación de Cuadros de una exposición se percibió cómo Tamar Beraia se sentía más cómoda ante el concepto formal y la estética de esta singular obra. Su temperamento emocional reflejado en su arrebatada musicalidad quedaba más adecuado en la atomizada diversidad de imágenes que contienen cada uno de sus episodios. Destacó en la contrastada conversación de Samuel Goldenberg y Schmuyle con certero juego dinámico, también en las amplias sonoridades de Catacumbas y en la solemnidad coral de La gran puerta de Kiev, momentos que expresó yendo más allá de su carácter descriptivo sirviéndose de su contundente técnica, la facultad superior de su pianismo.

Profesor de acompañamiento en el departamento de canto del Conservatorio Profesional de Música de Córdoba, Ángel Andrés Muñoz se presentaba en el Festival con un programa de alto riesgo que significaba un reto en cada una de las siete obras que lo integraban: los Estudios Cuadros, núms. 4, 5, y 8, Op. 39 de Sergei Rachmaninov, Evocación, Polo y Eritaña de Iberia de Isaac Albéniz y la monumental Sonata en Si menor de Franz Liszt.

Dotado de un sentido musical superior a su mecanismo, es interesante resaltar cómo compensa tal desequilibrio realzando los bloques armónicos que integran las obras, con ese instinto natural de expresión que tienen los músicos de jazz -género que domina y con el que se siente plenamente identificado-, que viene a plantearse y  manifestarse con otros criterios de articulación, fraseo y limpieza de sonido bajo la protección y licencias del arte de la improvisación, como pudo percibirse en el bis que ofreció ante un público que abarrotaba el auditorio y que deseaba experimentar hasta qué punto salía airoso de los retos que han supuesto para este pianista aproximarse a este exigente repertorio.