Consuelo y esperanza

Consuelo y esperanza

Ralph Vaughan Williams: Sinfonía n.5 ; Bunyan’s Pilgrim’s Progress / BBC Symphony Orchestra, Dir.: Martyn Brabbins / Hyperion

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A mitad de la Segunda Guerra Mundial, nuestros padres acudieron a dos compositores sinfónicos en busca de esperanza y consuelo. Tal fue la emoción que se generó ante la Séptima de Shostakovich, que Arturo Toscanini y Leopold Stokowski estuvieron a punto de declararse ellos mismos la guerra por el derecho a dirigir el estreno americano (venció Toscanini).

Menos alboroto suscitó la Quinta de Vaughan Williams, pero en Londres fue aclamada como una obra oracular, la declaración de un gran artista acerca del espíritu de su nación y su profunda confianza en la misma. El éxito que obtuvo en su estreno mundial, dirigido por el compositor el 24 de junio de 1943, hizo temblar los cimientos del Royal Albert Hall. El crítico Neville Cardus calificó la música de ‘benéfica y consoladora’, una frase que ha resonado en mi cabeza mientras escuchaba la última grabación de la Quinta en pleno estado de sitio pandémico.

Una vez más, esta sinfonía ha operado su magia. Vaughan Williams, que comenzó a trabajar en la partitura en 1938 y siguió ajustando su temperatura durante los años siguientes, evitó los grandes gestos y los dramáticos contrastes de su sibeliana Cuarta. Los cuatro movimientos son casi estacionales, transmitiendo un sentido de moderación y determinación típicamente británicos. El final es una Passacaglia de diez minutos, un homenaje a Bach y un recordatorio de que la gran música siempre trascenderá los conflictos humanos.

El relleno del disco, en forma de extractos de una abortada ópera de VW (Bunyan’s Pilgrim’s Progress) no merece excesivo comentario, por muy placentera que sea su mezcla de canciones populares inglesas e himnos anglicanos, algunos de los cuales se infiltraron en la Quinta sinfonía. Es la sinfonía -sobre todo la palpitante actualidad que desprende su escucha- lo que me dejado casi sin aliento.

Martyn Brabbins dirige la Orquesta Sinfónica de la BBC, cuyo sonido en esta grabación se antoja mucho más saludable que el que pudimos escuchar en los pasados Proms. Se trata de una interpretación muy digna y mesurada, sin el nervio de la reciente lectura de Andrew Manze en Liverpool o la grandeza del desaparecido Sir Adrian Boult. Pero precisamente lo que ahora necesitamos es ausencia de histrionismo, así como una mano firme que sostenga el timón. Esta sinfonía es una de mis primeras opciones para este final de 2020.