VIENA / Concierto de año nuevo 2025: Intenciones sobresalientes, resultados notables

Viena. Sala dorada de la Musikverein. 1-I-2025. Concierto de año nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. Director: Riccardo Muti. Obras de Johann Strauss I, Johann Strauss II, Josef Strauss, Eduard Strauss, Josef Hellmesberger hijo y Constanze Geiger.
El año 2025 se abre, en lo musical, con el ya tradicional Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, que este año ha celebrado, se dice pronto, su 85 edición. No es la Wiener, ya lo hemos señalado en ocasiones anteriores, amiga de romper moldes o tradiciones: misma sala y decoración floral espectacular, idéntico glamour y ambiente festivo. Tampoco lo ha hecho, desde luego, en cuanto a la batuta. Riccardo Muti (Nápoles, 1941) se subió por séptima vez al podio del evento del nuevo año (ha dirigido antes las ediciones de 1993, 97, 2000, 2004, 2018 y 2021) y se ha convertido en uno de los cuatro directores que más veces ha dirigido este concierto, solo por detrás de Clemens Krauss, Willy Boskovsky y Lorin Maazel. El público, ni que decir tiene, entregado de antemano, tanto el presente en Viena como el que lo ve por televisión, cifrado en más de 50 millones de personas. Hay que entender que cuando se habla de la música de danza de los Strauss y los otros ingredientes de la ecuación son la Filarmónica de Viena y uno de los directores más ilustres del panorama, que ha dirigido a la formación en más de medio millar de ocasiones, es difícil imaginar que la cosa vaya por mal camino.
El programa ha tenido en esta ocasión un diseño algo diferente. En otras ocasiones casi la mitad de las piezas que se interpretaban eran novedad en el concierto, y eso tenía su consecuencia: a medida que pasaban los años iba siendo más difícil encontrar novedades de verdadera enjundia musical. El resultado era que, con demasiada frecuencia, últimamente escuchábamos obras de escaso interés incluidas con el casi único mérito de que la novedad implicaba huir de lo trillado… para adentrarse en lo aburridillo. Este año, al celebrarse en 2025 el bicentenario del nacimiento de Johann Strauss hijo, el programa se ha volcado en sus obras, y solo dos de las piezas escuchadas pertenecían a esa categoría de “novedad en el concierto de año nuevo”. Algo más trillado, quizá, pero con muchas páginas muy hermosas, de interés indudable.

La gran novedad (había otra, que pasó mucho más inadvertida), celebrada con alborozo por todos los medios, era la inclusión, por primera vez, de una partitura de una compositora, Constanze Geiger (1835-1890): el vals Ferdinandus (en el arreglo de Wolfgang Dörner). Geiger fue pianista, cantante, compositora y actriz, además de amiga de Johann Strauss. Tras su matrimonio con el príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo y Gotha se retiró por completo de la escena. El vals en cuestión, compuesto a los 12 años, fue interpretado por Strauss en 1848.
Abrió el concierto la Freiheitsmarcsch op 226 de Johann Strauss padre. Esta “Marcha de la libertad”, festiva y sonriente, se ofreció por primera vez en el concierto de año nuevo de 2015 bajo la dirección de Zubin Mehta, en un guiño del evento al 650 aniversario de la Alma Mater Rudolphina Vindobonensis, una de las universidades más antiguas de Centroeuropa. Vimos ya entonces un Muti de gesto fluido, más orientador que preocupado de marcar o indicar con precisión ataques y entradas, como muy consciente de que, tratándose de esta orquesta y de esta música, es mejor esa sugerencia que el mando rígido e imperativo. Aunque ello pueda suponer asumir cierto grado de imprecisión en algunos ataques o fraseos. Presidía hoy a los Wiener el concertino Volkhard Steude, que quizá pudo haber ayudado más en conseguir la redondez de algunos ataques y empastes que en algunas ocasiones no alcanzaron el superlativo estándar a que nos tiene acostumbrados esta formidable orquesta.
También en aquel concierto de Mehta de 2015 sonó la siguiente obra: el vals de Josef Strauss Dorfschwalben aus Österreich, op. 164. Y estas “Golondrinas de Austria” nos llegó con un precioso solo de clarinete (hermoso también el canto de los dos clarinetes que tanto remeda lo tirolés) y toda una parafernalia de instrumentos imitadores del canto de los pájaros, pero con todo, fueron las inflexiones, el espléndido rubato de Muti, lo que dotó a la partitura de todo su encanto, extrayendo de la cuerda toda la efusividad posible.

Las dos páginas de Johann Strauss hijo escuchadas después, Demolirer-Polka op 269 (“Polca de los Demoledores”) y el Lagunen-Walzer, op. 411 (Vals de las lagunas), escritas respectivamente para evocar la ampliación de la ciudad de Viena más allá de sus antiguos límites y como compilación de motivos de la opereta Una noche en Venecia, confirmaron lo ya apuntado en las primeras piezas. Un Muti relajado, muchas veces sin marcar, más abierto que nunca a la sutileza de matiz, la elegancia y la naturalidad de la respiración, fue capaz de crear climas de singular belleza y encanto. Acentos sonrientes en la polca, bellísima mezcla de luz y nostalgia en el vals (que también sonó en su día en el primero de los conciertos de año nuevo dirigidos por Muti, el del año 2000), delineado con un refinamiento extraordinario.
Se cerró la primera parte con una vibrante, bromista y sonriente polca rápida de Eduard Strauss: Luftig und duftig op. 206 (“aireado y perfumado”), pieza que se interpretó por primera vez en el concierto de año nuevo de 1973, por Willy Boskovsky. Festiva, divertida, con evidente chispa e inconfundibles gestos de diversión de los filarmónicos. Se emitió en el descanso un documental titulado 2025 Odisea Strauss, ambientado a lo Kubrick de la mano del tataranieto de Strauss, Thomas, que sirvió de pretexto para un viaje por la Viena de los Strauss mientras los músicos de la Filarmónica, en distintas combinaciones camerísticas, ejecutaban curiosos arreglos (el de los fagots sobre la obertura de El Murciélago, o el de los percusionistas sobre el Perpetuum Mobile, por ejemplo) pero también obras de Britten (Phantasy Quartet nº 2) y del violinista ucraniano de la Wiener, Kirill Kobantschenko (It might be Danube).
Se abrió la segunda parte con dos obras de Johann Strauss hijo bien conocidas e interpretadas a menudo en el Concierto de Año Nuevo: la obertura para su opereta Der Zigeunerbaron (El Barón Gitano) y el vals Accelerationen (Aceleraciones) op. 234, escrito por Strauss en 1860 para el baile de los estudiantes de ingeniería de Viena, que también ha figurado en los programas de Muti (en su presencia el año 2004). Buenos solos de clarinete (Matthias Schorn) y oboe (Sebastian Breit) en la obertura, intensa desde el podio pero con una cuerda no siempre ajustada en los ataques y la articulación, algo que se reiteró en el vals, por lo demás con impecable rubato. Actuó en este por primera vez el ballet de la ópera estatal de Viena, con un vestuario que a quien firma estas líneas le pareció, la verdad, bastante feo.
Llegó el momento de las dos novedades del concierto, páginas nunca interpretadas antes en este evento. La primera, de la mano de un compositor que sí ha aparecido bastante en estos conciertos, Josef Hellmesberger hijo (1855-1907): la simpática, sonriente y festiva Marcha Fidele Brüder, de su opereta Das Veilchenmädel (La muchacha de las violetas), interpretada con sabor aunque nuevamente con algún desajuste (el percusionista se adelantó en el inicio). El mencionado Vals Ferdinandus después. Página muy estimable, de buena factura y encanto que en absoluto desmerece, más bien lo contrario, de otras incluidas como novedad en años anteriores, más aún teniendo en cuenta que hablamos de una adolescente de apenas 12 años. Muy bien matizado por Muti, pero el encaje de la cuerda no fue lo impecable que estamos acostumbrados a escuchar de los vieneses.
De vuelta a Johann Strauss II, con la polca rápida Entweder – oder (O una cosa o la otra) op. 403, una compilación de motivos de su opereta Der lustige krieg (La guerra alegre), que también ha aparecido en anteriores ediciones del concierto, la última, si no me falla la memoria, de la mano de Mariss Jansons en 2012. Polca que contó con intervención del ballet de la ópera estatal de Viena (y participación del español Andrés García Torres).

Del hemano menor, Josef, escuchamos una de sus obras más celebradas y conocidas, el vals Transactionen (Transacciones) op 184, escrito y estrenado en 1865, que desconcertó en su momento a la audiencia por su inicio impregnado de tristeza. Interpretado hoy porque se cumplen 30 años de la incorporación de Austria a la UE, estuvo finamente dirigido por Muti, pero no tuvo la mejor ejecución por parte de la orquesta, con una secuencia algo imprecisa de clarinete, fagot y chelo solista en el tramo inicial.
El tercio final del concierto retomó al homenajeado Johann Strauss hijo como figura protagonista. En primer término, la Annen-Polka op 117, elegante, grácil, sugerente y pizpireta, muy bien dibujada por Muti, y la conocida Tritsch-Tratsch Polka, op. 214, vibrante pero en la que las trompas sonaron algo toscas.
El programa oficial se cerró con un vals de los más celebrados y hermosos de Strauss, que además hacía ya algún tiempo que no se escuchaba en el evento del nuevo año: Wein, Weib und Gesang op. 333. Un canto a “Vino, mujeres y canciones”, compuesto en 1869 por la Asociación Coral Masculina de Viena. Música deliciosa que, también incluyó Muti en su primera aparición en el evento de año nuevo (año 2000). Nuevamente las trompas algo ásperas, pero, pese a una precisión menos que óptima en algunos ataques, Muti consiguió una efusión muy especial para esta música tan evocadora de un disfrute.
La primera propina, antes de la tradicional felicitación del año, fue otra polca rápida de Johann Strauss II, Die Bajadere op 351. La evocación de esas danzarinas indias (las bayaderas) en esta polca procede de la opereta de Strauss Indigo y los cuarenta ladrones, y ha sido frecuentada en el concierto de año nuevo. En los últimos veinte años ha aparecido de la mano de Lorin Maazel (2005), Georges Prêtre (2008) y Christian Thielemann (2019). La tradujo Muti con chispeante vibración, aunque de nuevo sin la medida última del ajuste.
Tras el amagado comienzo del Danubio azul, la tradicional felicitación de año nuevo y una expresión en italiano por parte de Muti, para transmitir sus deseos: paz, fraternidad y amor a todo el mundo. Que así sea. El concierto se cerró, como siempre, en clima de total entusiasmo, con las interpretaciones de El Danubio azul y la Marcha Radetzky. Versión elegante del primero, expresiva y sin amanerar. El año que viene ocupará el podio el canadiense Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 1975), titular del Metropolitan de Nueva York. Veremos.
El concierto de este año deja al firmante una sensación mixta: programa muy bonito, un Muti más relajado y flexible que casi nunca en este repertorio, y una Filarmónica de Viena a la que le hemos escuchado otras veces ejecuciones de este repertorio de una perfección casi inverosímil, que hoy no terminaron de alcanzar (aunque el nivel, claro está, incluso en ese caso es excelente).
Rafael Ortega Basagoiti
Foto: Filarmónica de Viena/Dieter Nagl


