Clave y piano para el ‘Concerto’ de Falla

FALLA / NIN-CULMELL / SURIÑACH:
Concerto para clave y cinco instrumentos. Quintetos con piano. Trío Arbós. Julia Hu, viola. Juan Carlos Chornet, flauta. Eduardo Martínez, oboe. Joan Enric Lluna, clarinete. SACRATIF (1 CD)
El Concerto para clave y cinco instrumentos de Manuel de Falla es página sustantiva del repertorio español y universal. Admirado por Stravinsky y considerado por Ravel como “la obra de cámara más importante del siglo”. La recalcitrante y neobarroca modernidad, sus pretéritas resonancias de la mística española del siglo XVII, del españolizado Domenico Scarlatti o las referencias a motivos que se pierden en la infinitud popular son señas de identidad de una obra que es modelo de coexistencia entre lo antiguo y lo nuevo. En sus concisos tres movimientos, pasado y futuro se abrazan en un idioma sonoro novedoso e inconfundible. El disco se redondea con los quintetos con piano de Joaquín Nin-Culmell y de Carlos Suriñach.
Artista de anchos horizontes y alma mater del Trío Arbós, el pianista motrileño Juan Carlos Garvayo (1969) no ha resistido la tentación de grabar el Concerto de Falla. Y lo ha hecho bien acompañado, por los otros dos miembros del Trío Arbós (el violinista Ferdinando Trematore y el violonchelista José Miguel Gómez), y Juan Carlos Chornet (flauta), Eduardo Martínez (oboe) y Joan Enric Lluna (clarinete). Además, lo ha hecho en las dos versiones, la de clave y la de piano. Aunque Garvayo no sea clavecinista, resulta más interesante y apropiada la versión de clave. La calidad instrumental de todos, el ensamblaje y la cercanía marcan estas versiones lozanas y bien arraigadas, que respiran y transpiran las esencias y reflejos de la obra maestra, en las que clave y piano se insertan en el conjunto para compartir protagonismos y relieves.
Tanto el Quinteto de Nin-Culmell como el de Carlos Suriñach son y se sienten cercanos a la estela fallesca. En el caso de Joaquín Nin-Culmell, la cercanía es incluso íntima: de hecho, su Quinteto con piano nace de la mano y guía de Falla, de las entrañables visitas que el joven Nin-Culmell realizó a Falla en Granada. “En 1934 trabajé con Falla el movimiento lento de mi Quinteto para piano y cuarteto de cuerda y los Dos poemas de Jorge Manrique para canto y cuarteto de cuerda. Aquel 1934 fue la última vez que le vi. Tenía que haber vuelto en julio de 1936, pero el estallido de la guerra lo impidió”. Palabras de Nin-Culmell a SCHERZO (septiembre 1998), que subrayan esta cercanía e influencia, particularmente en el hermoso y muy luminoso Andante central del Quinteto, que aquí llega en la versión con flauta en lugar de segundo violín.
Nin-Culmell hubiera aplaudido con entusiasmo y humildad esta visión refulgente, que llega abrazada al Concerto de su venerado maestro. También lo habría hecho Carlos Suriñach con la de su temprano Cuarteto con piano, de 1942, en el que ya asoma esa vena andalucista y neofolclórica, nacida quizá de la nostalgia de la distancia, que tantos éxitos le depararía en su futura y definitiva residencia estadounidense. En el tercer movimiento, el vistoso y audazmente escrito Vivace final, el compositor y director de orquesta barcelonés se regodea en Las tres hojas, unas de las antiguas canciones populares españolas armonizadas por García Lorca.
Lejanas pero a punto quedan las palabras de Stravinsky en Crónicas de mi vida: “En junio [de 1927] pasé quince días en Londres. Durante esta estancia tuve la suerte de asistir a un bellísimo concierto dedicado a la obra de Manuel de Falla. Dirigió él mismo, con una precisión y una claridad dignas de todo elogio, su notable El retablo de Maese Pedro. Escuché también con verdadero placer su Concerto para clave. Estas dos obras marcan, en mi opinión, un incontestable avance en el desarrollo de su gran talento, que aquí se ha liberado resueltamente de las influencias folcloristas con las que corría el riesgo de verse mermado”.
Justo Romero


