Chaikovski, segundos pensamientos

Chaikovski, segundos pensamientos

No es novedad que los compositores cambien de opinión una y otra vez sobre sus partituras. Unas veces condicionados por circunstancias, como fue el caso de Mozart en más de una ocasión, o el propio Bach, y otras, simplemente, por ánimos revisionistas o ramalazos de duda. Ahí tenemos el batiburrillo de ediciones de las sinfonías de Bruckner, o las dudas y alteraciones de Mahler. Tchaikovsky no era excepción, y tan pronto rechazaba afrontar la escritura de Manfred como se entusiasmaba con su composición, o amenazaba con arrojar la obra a la hoguera. Sus conciertos tampoco se libraron. Si uno entra en la web de Tchaikovsky Research (http://en.tchaikovsky-research.net/pages/Violin_Concerto:_Scores) se encuentra, por ejemplo, un listado de ediciones del Concierto para violín y orquesta de los que producen mareo.

Durante años, se popularizó la edición de Leopold Auer, que incluía cortes en pasajes que parecían reiterativos y algunos otros cambios en la parte solista, hasta que, en años recientes, sobre todo por insistencia de intérpretes rusos, se ha ido retornando a la versión original… o algo que se le pareciera. El archiconocido Primer concierto para piano y orquesta sufrió también lo suyo. Hay una primera versión manuscrita de 1875, a partir de la cual se preparó el material para el estreno de la obra por Hans von Bülow en Boston. Pero la partitura completa de esta versión, como tal, no fue publicada. En su ánimo revisionista, y puede que también con sugerencias de otros, como su discípulo Sergei Taneyev, el compositor produjo una segunda versión del concierto, editada en 1879 y dirigida en varias ocasiones por el propio Chaikovski.

Por último, hay una tercera versión, realizada tras la muerte de Chaikovski en 1893. Esta tercera versión, en la que se especula sobre la intervención de Alexander Siloti, es la que se escucha habitualmente. Es fácilmente identificable, entre otras cosas, por los rotundos acordes iniciales del piano mientras la orquesta expone el motivo principal del primer movimiento, pero también por algunos cortes en el tercero y por la indicación más extrema de cambio de tempo en la sección central del segundo movimiento (“Prestissimo” en vez de “Allegro vivace assai”). Tanto la partitura completa que “combina” las dos versiones de 1875 y 1879, editada por Alexander Goldenweiser para Kalmus, como la presumiblemente póstuma considerada “estándar”, presumiblemente póstuma, pueden encontrarse aquí:  (https://imslp.org/wiki/Piano_Concerto_No.1%2C_Op.23_(Tchaikovsky%2C_Pyotr). Existen opiniones que defienden que esta última edición no fue nunca ni revisada ni aprobada por Chaikovski. Aunque constan algunas discusiones sobre cambios con Siloti, no hay evidencia de que tales discusiones finalizaran con unos “cambios acordados” o aprobados por el compositor. Pero el hecho es que esa edición, la más usada hoy en día, es de una brillantez y contundencia evidentes.

Como parte de un programa destinado al 175 aniversario del nacimiento de Chaikovski, el Instituto Estatal para el Estudio de las Artes y el Museo Chaikovski de Klin iniciaron un ambicioso proyecto de edición académica de la obra completa del compositor ruso, al que desde 2018 se incorporó la prestigiosa editorial alemana Schott. Dentro de este proyecto y bajo la dirección de Polina Vaidman y Ada Aynbinder, se ha generado una nueva edición del conocidísimo concierto, basado esencialmente en la segunda versión del mismo, pero con la ayuda de fuentes adicionales, manuscritos y, sobre todo, la partitura de dirección utilizada por Chaikovski (http://en.tchaikovsky-research.net/pages/Bibliography_(2015/22). Partitura que utilizó en su último concierto en San Petersburgo, el 28 de octubre de 1893, en el que se ejecutó el concierto en cuestión y se estrenó la Sinfonía nº 6 “Patética”.

El compositor moriría apenas unos días después de este concierto, el 6 de noviembre. La partitura de dirección de Chaikovski fue localizada hace solo unos años en San Petersburgo, por lo que no pudo ser utilizada por Goldenweiser en su intento de “reconstruir” una edición original. El pianista ruso-americano Kirill Gerstein se ha convertido en un defensor a ultranza de esta nueva edición. La grabó en primer término (junto al Segundo Concierto de Prokofiev) con la Orquesta Sinfónica Alemana de Berlín dirigida por James Gaffigan (sello Myrios), y ahora lo ha vuelto a hacer, junto a los otros dos conciertos, con la Filarmónica Checa y Semyon Bychkov, como parte del proyecto Chaikovski que acaba de ver la luz en Decca y cuya reseña aparecerá en breve en Scherzo. Los acordes iniciales del piano, contundentes, cambian en la nueva edición, quedando, cada segundo y tercer acorde, arpegiados, algo que, en la versión conocida como “estándar”, solo ocurre en los compases 20 y siguientes. La dinámica también cambia, con una indicación de forte en lugar del fortissimo de la versión “estándar”. La sección central del segundo tiempo recupera la indicación Allegro vivace assai y adquiere también un carácter notablemente diferente. Y, por último, en el tercer tiempo, se restaura el episodio de la sección central cortado en la edición “estándar”, de manera paralela al que también se convirtió en tradición en el Concierto para violín.

Examinada la edición de Goldenweiser, parece bastante más próxima a esta nueva de Vaidman que la que tradicionalmente escuchamos. Gerstein cita a Taneyev expresando su escepticismo sobre esa versión estándar e insistiendo en que debía retornarse a las intenciones del compositor. Obviamente solo podemos especular sobre si Chaikovski hubiera o no aprobado los cambios, presumiblemente de Siloti, que produjeron la versión que nos resulta familiar hoy en día. En todo caso, es de indudable interés tener esta nueva edición, que destila un aliento menos espectacular y más lírico que el que estamos acostumbrados a oír, aunque no pierde energía y mantiene un clima de notable brillantez virtuosística. Queda para los aficionados e intérpretes decidir cuál prefieren. Desafortunadamente, nos quedaremos sin saber lo que hubiera preferido Chaikovski, aunque para Gerstein esté bastante claro.