CASTRO URDIALES / La Real Cámara en tiempos de Enrique Botelero

Castro Urdiales. Iglesia de Santa María. 5-VIII-2026. La Real Cámara: Emilio Moreno, violín; Marc de la Linde, viola de gamba; Eduard Martínez, clave. Obras de Botelero, Falconieri, Selma, Sola, Bruna y Victoria.
En la Iglesia de Santa María de Castro Urdiales, que domina la vista de su puerto pesquero entre imponentes acantilados, recalaba el Festival de Santander para presentar a la Real Cámara en uno de esos conciertos nacidos de su voluntad de abrir las bibliotecas, desempolvar viejas partituras y pulirlas para darles nueva vida. A Emilio Moreno la veteranía le da mesura y templanza, una sabiduría que se desvela tan pronto como se dirige al público para hablarnos de Henry Butler, un violagambista británico en la corte de Felipe IV conocido en nuestro país como Enrique Botelero.
En torno a su época configuró Moreno un programa que comenzó con dos breves y preciosas piezas del Primo libro di canzoni de Andrea Falconieri, maestro de capilla del virrey español en el momento en que Botelero visitó Nápoles: La suave melodia y la Canciona dicha la Preciosa, echa para Don Enrico Botelero, con su galliarda. Desde el inicio quedó patente la unidad de los tres músicos, una ideal armonía entre veteranía y juventud: si Moreno es un histórico de la música española y Eduard Martínez todo un maestro al clave, Marc de la Linde representaba el ímpetu de una juventud en la que podemos confiar.
Esa afinidad entre los tres se mantuvo en la Canzona Seconda à soprano e basso de Bartolomé de Selma, como una fantasía que puso a prueba la destreza del violín y la viola de gamba antes de dar entrada a las primeras obras de Botelero, Aria a dos y la Sonata prima a due, Violi et Viola, vivas y vitales, enraizadas en el estilo de su época. De ahí el paso fue natural hacia el Registro alto de primer tono de Andrés de Sola, pieza de querencias modernas frente a la solemnidad que adquiere la música de Tomás Luis de Victoria en todas sus formas, hasta con violín ornamentando la voz superior de un motete como Vadam et circuibo civitatem. En él se lució Moreno por articulación, sonido y adecuación estilística, como lo hizo después De la Linde hermanando técnica y musicalidad en la División a viola sola de Botelero.
Tras su Sonata secunda a due, Violi et Viola, el Tiento de 2º tono sobre la Letanía de la Virgen de Pablo Bruna introdujo el ritmo de la folía para preparar el desenlace con la Sonata terza a due, Violi et Viola, la tercera y última de Botelero. No todo es fulgor en el barroco, y en los tres músicos primaron el porte, la seguridad y una elegancia que iba cautivando poco a poco. Uno encuentra siempre verdad en La Real Cámara. Y la música que presenta nos permite alumbrar el pasado y contemplarlo en una mayor amplitud, a veces desde escenarios con tanta historia como Castro Urdiales.
Asier Vallejo Ugarte


