CAMPILLO DE ARENAS / Manuel García sagrado

CAMPILLO DE ARENAS / Manuel García sagrado

Campillo de Arenas. Iglesia de la Encarnación. 7-XI-2021. Manuel García, Misa segunda. Festival de Música Antigua Andrés de Vandelvira. Rebeca Cardiel, soprano. Juan Manuel Morales, alto. Francisco Díaz, tenor. Víctor Cruz, bajo. Numen Ensemble. Héctor Eliel Márquez, piano. Director: Jerónimo Marín.

A pesar de que aún queda por recuperar (especialmente sus óperas) gran parte de su música, hasta ahora creíamos saberlo todo sobre Manuel García (1775-1832) como compositor. Pero aún nos deparaba otra sorpresa este inquieto y peculiar sevillano. Las investigaciones de James Radomski y el interés de Jerónimo Marín, combinados con la sensibilidad hacia la recuperación del patrimonio musical del Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza que dirige Javier Marín, han hecho posible que salga a la luz la música religiosa de García. En este caso, el evento se ha incluido dentro del Ciclo de Conciertos Andrés de Vandelvira que recorre localidades de la provincia de Jaén con el apoyo de la Diputación Provincial.

Como dijo en su momento su hija Pauline García-Viardot, Manuel García no creía ni en Dios ni el diablo. Pero ello no le impidió componer, durante su estancia en Londres en 1818, cuatro misas para solistas, coro y teclado (seguramente órgano, aunque no se especifica en las partituras) para la liturgia dominical en la capilla de la embajada de Baviera en la capital británica, uno de los centros más importantes de liturgia musical católica de la ciudad y en el que participaban asiduamente los músicos italianos de los teatros líricos londinenses. García, a juzgar por esta Misa nº 2, hizo un notable ejercicio para dejar de lado el lenguaje operístico en el que se movía habitualmente para desarrollar un estilo puramente espiritual de fuerte personalidad, gran calidad de inspiración melódica y acendrado cuidado en la construcción técnica.

Se evidencian algunas reminiscencias del estilo musical que aprendió en sus años de niño cantor en la capilla del Salvador de Sevilla y de la música religiosa de entonces, como esas intervenciones homofónicas puntuales de dos o tres notas del coro intercaladas entre las partes solistas. Sorprenden, en un compositor eminentemente operístico, su dominio del contrapunto en los pasajes fugados finales del Gloria y del Credo, el tejido polifónico de la escritura de las secciones corales y la originalidad y el cuidado de las partes solistas.

Con un plantel de catorce voces (un acierto disponer de este número reducido de cantantes, dadas las características de la capilla para la que García compuso estas misas), el Numen Ensemble mostró ya desde el Kyrie de la Petite messe solennelle de Rossini que sirvió de apertura del concierto un empaste sobresaliente (contundentes bajos, algo poco habitual por estas tierras). La calidad de las voces es de altísimo nivel y saben controlar la emisión para conseguir un sonido global muy redondo, rico en armónicos. Jerónimo Marín sacó de ellos una enorme cantidad de matices dinámicos con regulaciones muy expresivas que fueron seguidas con precisión por todo el conjunto de forma exacta, consiguiendo una versión de muchos quilates que daba más prestancia aún a la emoción por el descubrimiento de esta música. A ella cabe añadir la calidad individual de los cuatro solistas, que se imbricaban en el coro en los momentos de conjunto y que por separado supieron dar cumplida cuenta de los solos.

Fueron especialmente brillantes los dúos y cuartetos en los que García saca a relucir su dominio de la escritura vocal. La dirección atenta, variada y con sentido del tempo y del movimiento de Marín, junto a la transparente interpretación al piano de Héctor Eliel Márquez, llevó este momento de recuperación mundial a un altísimo nivel musical que fue respondido por el público con entusiasmo tanto en su interpretación en Begíjar el día 6 como en Campillo de Arenas al día siguiente.

(Foto: Festival de Música Antigua Andrés de Vandelvira-Diputación Provincial de Jaén)