CÁCERES / Polifonías de ambos hemisferios

Cáceres. Concatedral. 30-I-2025. Festival Atrium Musicae. Joven Coro de Andalucía. Marco A. García de Paz, director. Obras de Gutiérrez de Padilla, López Capillas, Guerrero, Lobo y Victoria.
En su artículo primero, la Constitución de 1812 definía a la nación española como “la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”, es decir, los de una y otra orilla de ese océano que fue un tiempo español. A esa misma indicación geográfica estuvo dedicada la sesión inaugural de la tercera edición de este festival cacereño, con composiciones polifónicas de los siglos XVI y XVII nacidas en la península y en México. En su gigantesca obra El moderno sistema mundial, Immanuel Wallerstein acuñó el concepto de “Economía-Mundo” para definir el sistema de interrelaciones económicas a nivel mundial establecido a partir de los descubrimientos atlánticos. En nuestro caso, podríamos hablar de “Polifonía-Mundo” como un primer caso de globalización musical que llevó la polifonía europea a todos los confines del mundo conocido, desde Filipinas, a la India, desde Sevilla a las selvas amazónicas, desde México hasta los archipiélagos atlánticos. Y como muestra esas bellísimas piezas compuestas en México por Juan Gutiérrez de Padilla y Francisco López Capillas, en nada desmerecedoras de las de sus modelos peninsulares. Y como muestra este concierto que sentaba a dialogar y a cantar a compositores peninsulares de los siglos XVI y XVII con sus homólogos en México, en la Puebla y el México capital de Juan Gutiérrez de Padilla y Francisco López Capillas en comunidad musical con la Sevilla de Guerrero o Lobo y el Madrid de Victoria.
Arrancó el programa con el tono festivo de los bellos diálogos entre dos coros del motete Deus in adiutorium de Padilla, pieza en la que ya se pudo apreciar el sólido empaste y el brillo del coro sustentado sobre voces con colores propios pero unificadas en materia de articulación y fraseo. Destaca la solidez de las voces graves (contundentes bajos en In horrore de López Capillas, con un García de Paz densificando el sonido sobre la palabra “horrore”) y la precisión en las entradas, así como la ductilidad para seguir algunos cambios de dinámicas de gran efecto retórico (Tristis est de Gutiérrez de Padilla, con sus acuciantes silencios y Versa est in luctum de Victoria, por ejemplo). No se recrea en exceso García de Paz en tempos demasiado solemnes. Por el contrario, imprime un pulso vivo no exento de delicadezas como los ataques en piano de las letras hebreas en la lamentación de Guerrero, para ir creciendo el sonido paulatinamente, igual que en el Jerusalem convertere final. Fue un acierto situar una a continuación de otra las tres versiones de Versa est in luctum, comenzando por la más famosa, la escrita por Alonso Lobo para las exequias sevillanas de Felipe II y seguida de las de Gutiérrez de Padilla y de Victoria (con esas disonancias pronto resueltas y tan expresivas): diversas expresiones musicales para un mismo estado de ánimo luctuoso, todas igualmente bellas y cerradas a la perfección con un sonido aterciopelado por el coro. García de Paz jugó con eficacia con los cambios de ritmo en Cui luna de López Capillas, con una respuesta precisa y unánime por parte de las voces. Perfectas las entradas de los dos coros en la Salve regina de Victoria, pieza en la que las voces lucieron definición del sonido y seguridad en la articulación en los ataques en piano.
Andrés Moreno Mengíbar
(foto: Sandra Polo)


