BUDAPEST / El I Concurso Internacional de Dirección Solti declara desierto su primer premio

Budapest. Müpa. 9/10-X-2026. Orquesta Filarmónica Nacional Húngara. Directores: Francesco Cagnasso, Yu-Te Wu, Fernando Gaggini y Drummado Wijnhamer. Obras de Strauss, Liszt, Verdi, Bartók, Mussorgsky, Dohnányi, Dukas y Kodaly.
Pocas ciudades en el mundo pueden presumir, como lo hace Budapest, de haber sido la cuna de varios de los más grandes directores de orquesta de la historia, muchos de ellos especialmente vinculados con algunas de las principales orquestas de los Estados Unidos, como Fritz Reiner, George Szell, Antal Doráti, Eugene Ormandy o quien fue el más premiado de todos y, seguramente, el más popular, Sir Georg Solti.
Para homenajear su memoria, el Müpa Budapest ha creado el Concurso Internacional de Dirección Solti, cuya primera edición se convocó a finales de 2025, siguiendo un proceso en diferentes fases de selección del que ya les dimos cuenta en Scherzo el pasado 29 de septiembre.
Tras sus rondas preliminares y su fase semifinal, que tuvieron lugar, respectivamente, en Pécs y Budapest, en el Müpa de la capital húngara se celebró, los días 9 y 10 de octubre, la final del I Concurso Internacional de Dirección Solti, llegando a ésta cuatro jóvenes directores menores de 35 años de edad de entre los casi cuatrocientos que a esta primera edición se presentaron desde un total de sesenta y un países, tomando así el Müpa el relevo histórico del concurso que la Televisión Húngara creó en 1974 para promover el talento de los jóvenes directores de orquesta, un concurso que tuvo como primer ganador al japonés Ken-Ichiro Kobayashi, cuyo compromiso con las nuevas generaciones de músicos le ha hecho convertirse en el primer patrocinador del Concurso Internacional de Dirección Solti.
Con una asignación de partituras determinada al azar entre los cuatro finalistas, y con la Orquesta Filarmónica Nacional Húngara sobre el escenario de la Sala Nacional de Conciertos Béla Bartók, el viernes 9 de octubre fue el director ítalo-suizo Francesco Cagnasso (1992) quien abrió la final, poniendo sobre su atril la obertura de la opereta El murciélago, de Johann Strauss, y el poema sinfónico de Ferenc Liszt Los preludios.
Francesco Cagnasso dice querer buscar en la dirección orquestal dos cuestiones que considera de la máxima relevancia en dicha actividad: la honestidad con la partitura y la emoción, tanto la del propio director como la de los músicos y los oyentes. En su versión de ambas partituras demostró Cagnasso una dirección que diría toscaniniana por su técnica, nervio y precisión, aunque quizás haya resultado un tanto rígida y encorsetada. En la obertura de El murciélago se vio ese modo tan eléctrico y directo de conducir la orquesta, imprimiendo a la música de Johann Strauss una considerable velocidad, al marcar el compás con tal ímpetu y precisión, sin escatimar elegancia ni encanto a esta música.
Su Liszt también fue impactante y torrencial, con atisbos, por ello, dignos de un Sir Georg Solti, comenzando su interpretación con misterio, respeto al silencio y una progresiva exaltación armónica y dinámica que nos dejó un volumen en los compases finales de auténtica categoría. En Los preludios, como en las otras tres obras escritas por compositores magiares, la Orquesta Filarmónica Nacional Húngara firmó momentos impresionantes por su perfección e idiomatismo, con un equilibrio entre sus secciones de grandísima orquesta, destacando una cuerda primorosa y unos metales de enorme peso.
El segundo finalista fue el taiwanés Yu-Te Wu (1994), que dirigió la obertura de la ópera La forza del destino, de Giuseppe Verdi, y la Suite de danzas de Béla Bartók. En su vídeo de presentación, Wu destacó como parte sustancial de su visión de la dirección orquestal la conexión con los músicos, la necesidad de un estudio continuado en profundidad, así como los beneficios que a su profesión otorga el poseer carisma sobre el podio, para así convertir al director en un mediador entre la partitura y el público.
Sin duda, Yu-Te Wu me pareció el director que mostró más claramente ese carisma, así como una mayor personalidad, con una forma de marcar más idiosincrásica y contundente, capaz de exponer un Verdi implacable y extrovertido que vuelve a apostar (como lo hicieron los cuatro directores) por una acusada velocidad, por lo que los resultados fueron incisivos y volcánicos. El uso más dramatúrgico y completo de sus brazos para expandir las indicaciones de carácter (con más independencia entre ambos), así como un mayor uso del espacio sobre el podio, se corresponden con una forma más exaltada y expresiva de comprender la dirección, sin rehuir una técnica y una precisión milimétricas cuando Wu quiere enfatizar tanto un fraseo como un contrapunto o un silencio.
Pero lo mejor de la dirección de Yu-Te Wu llegó con un Bartók de primerísimo nivel, sin pathos romántico alguno y pleno de ese diálogo entre el folclore y la modernidad que es clave en la estética del compositor húngaro. Curiosamente, diría que en la Suite de danzas no abusó Wu del gesto (algo abrumador e hiperactivo en los otros tres finalistas), marcando una serie de matices expresivos que revelaban un concienzudo trabajo de ensayos por cómo hizo sonar a una orquesta, por otra parte, especialista en la música de Béla Bartók (ahí están las soberbias grabaciones de la Filarmónica Nacional Húngara con Zoltán Kocsis para el sello Hungaroton). En global, de los cuatro jóvenes directores que llegaron a la final, diría que, por musicalidad y creatividad al frente de la orquesta, Yu-Te Wu me resultó el más interesante y convincente.
Dentro de un nivel que, en conjunto, fue muy notable en los cuatro finalistas (pues calidad hay que tener para superar a casi cuatrocientos aspirantes), el argentino Fernando Gaggini (1992) nos dejó un ejercicio de dirección muy completo, así como giuliniano por su forma de gestualizar con el rostro la música y sus emociones, al borde del canto. Destaca en Gaggini su meticulosidad y especial atención a los detalles, pero en el debe diría que sus brazos se mueven demasiado en espejo, así como que su vista cae en exceso a la partitura, echándose en falta más conexión visual con los músicos (aunque el mismísimo Karajan nos hubiese demostrado que dicho canal de comunicación podía cerrarse en un director; cosa, por otra parte, tan infrecuente).
En manos de Fernando Gaggini, Una noche en el Monte Pelado brindó un Mussorgsky que se pretendió escultórico, pero que en ocasiones sonó algo brutal, perdiendo un tanto el equilibrio del conjunto. Mejor fueron las cosas en los Minutos sinfónicos de Ernő Dohnányi, con gran atención a las cuerdas y a las primeras voces de la orquesta, por lo que el balance global resultó más convincente. Así pareció entenderlo un público que de Ernő Dohnányi tanta música ha escuchado como el de Budapest, dada la enorme ovación que tributó a Fernando Gaggini tras su dirección de unos Minutos sinfónicos plenos de encanto y lirismo.
Cerró la final el neerlandés Drummado Wijnhamer (1999), que en su presentación definió la dirección como la labor de sacar lo mejor de cada músico sobre el escenario. Desde luego, en Paul Dukas así lo hizo, basculando entre el misterio, la magia y el encanto que desbordó El aprendiz de brujo, dejando pasajes de un muy aquilatado equilibrio entre el silencio y el arrebato. Wijnhamer también baja su vista en exceso a la partitura, pero lo compensa con un mayor control del tempo y del equilibrio orquestal, bailando sobre el podio con desinhibición esta música, a la que otorga una mayor espontaneidad y un sabor netamente actual.
La segunda partitura que Drummado Wijnhamer dirigió en la final podemos decir que fue todo un regalo del azar, teniendo en cuenta dónde nos encontrábamos, pues tuvo la suerte de cerrar el concierto con una pieza tan identitaria para los húngaros como las Danzas de Galánta, de Zoltán Kodály. En ellas, y aunque en ocasiones se echó en falta más aroma folclórico y empaque orquestal, volvió a ganarse Wijnhamer a los espectadores que casi llenaban el Müpa, ratificando una dirección, en global, muy completa y la que quizás mayor empatía mostró con la Orquesta Filarmónica Nacional Húngara (de hecho, esta formación concedería su premio a Drummado Wijnhamer).
El sábado 10 de octubre, y como parte del Concierto de Gala con el que se clausuró el I Concurso Internacional de Dirección Solti en el Müpa, Francesco Cagnasso, Yu-Te Wu, Fernando Gaggini y Drummado Wijnhamer volvieron a dirigir la segunda de las partituras que, respectivamente, habían dirigido en la final un día antes, de nuevo, con una excelsa Orquesta Filarmónica Nacional Húngara sobre el escenario. En el patio de butacas se encontraba el jurado que encargado estaba de fallar este concurso, integrado por directores de reconocida trayectoria y prestigio, como Roberto Abbado, Tibor Bogányi, Mei-Ann Chen, Mikko Franck, Domonkos Héja, Roberto Paternostro, Anu Tali, György Vashegyi y Pinchas Steinberg, que presidió el jurado.
Como broche al Concierto de Gala, Pinchas Steinberg —actual titular de la Orquesta Filarmónica de Budapest— recordó los años en los que trabajó con Sir Georg Solti, marcados por la exigencia y el rigor que caracterizaban al director húngaro. Precisó Steinberg que el jurado no buscaba en este concurso a un nuevo Solti, pero sí a alguien con un don especial para la dirección, no tanto en términos técnicos como de liderazgo y carisma para saber embarcar a la orquesta en una visión que, determinada con firmeza y sin concesiones por el director, fuese capaz de unir a todos los instrumentistas bajo un mismo objetivo, una de las características que, según Pinchas Steinberg, definía a Sir Georg Solti.
Vistos los resultados, parece que el jurado no encontró, en esta ocasión, ese perfil entre los cuatro finalistas, pues el primer premio del Concurso Internacional de Dirección Solti fue declarado desierto, siendo el segundo (dotado con doce mil euros) para Drummado Wijnhamer y el tercero (de ocho mil euros) para Yu-Te Wu, ganando también el director taiwanés los tres mil euros del Premio del Público (presencial y telemático, con más de seis mil votos emitidos, pues la final y el Concierto de Gala fueron retransmitidos a través de la página web del Müpa Budapest).
No fueron éstos los únicos premios otorgados a lo largo del I Concurso Internacional de Dirección Solti, pues entidades como la Universal Edition, la Casa da Música de Oporto o varias de las orquestas participantes —entre otros organismos— también concedieron distinciones que nuestros lectores pueden consultar en el siguiente enlace. Con cuatro premios en dichas categorías, Drummado Wijnhamer fue el director más laureado, seguido de Yu-Te Wu y Fernando Gaggini, con sendos galardones cada uno de ellos.
Obligado es destacar, asimismo, el alto nivel de organización con el que se desarrolló la fase final del I Concurso Internacional de Dirección Solti, volcado plenamente el Müpa para que todo funcionase a la perfección, algo que se evidenció desde en las notas al programa (verdaderos libros) ofrecidas al público al acceder a la sala (con los detalles al completo del concurso y la biografía de cada participante, solista y miembro del jurado) a la presencia de dos grandes pantallas en la Sala Nacional de Conciertos Béla Bartók para que los espectadores pudiesen ver, en una toma frontal, los gestos y el rostro de cada uno de los cuatro finalistas. A ello se sumó un diseño de luces especial que estuvo inspirado en la estética del propio concurso, así como la participación de dos presentadores que, en húngaro y en inglés, nos fueron guiando por las sucesivas fases de la final, dando también paso a los diferentes vídeos en los que se presentaron a sí mismos los cuatro finalistas, dejando también en dichos vídeos los miembros del jurado algunas de las claves y de los criterios que decidirían sus decisiones sobre el trabajo de estos jóvenes directores. La voluntad, por parte del Müpa, de alcanzar un mayor número de espectadores a escala global se manifestó, igualmente, en la retransmisión en directo ya antes mencionada a través de su página web, redondeando una experiencia altamente participativa para el público, tanto en la sala como desde sus casas.
El Concurso Internacional de Dirección Solti tendrá que esperar a su segunda edición, así pues, para conocer a quien podría ser el primer ganador de su historia. Emplazados quedan, por tanto, los jóvenes directores que osen afrontar la legendaria exigencia de la escuela húngara, tan severa como capaz de ofrecer al mundo algunos de los mejores músicos de la historia.
Paco Yáñez


