BRAGANZA / Contagioso espíritu vienés

Braganza. Teatro Municipal. 30-IX/1-X-2022. II Bragança ClassicFest. Mario Hossen, violín y director. Gérard Caussé, viola. Filipe Pinto-Ribeiro, piano. Orquesta de Cámara de Viena. Obras de Mozart, Paganini y Haydn.
Promovido por el pianista Filipe Pinto-Ribeiro y por el Ayuntamiento de Braganza, el Bragança ClassicFest (que se celebra en esta pintoresca localidad portuguesa, cercana a la frontera con la provincia española de Zamora) abrió su segunda edición con una doble actuación de la Orquesta de Cámara de Viena, dirigida por el violinista de origen búlgaro Mario Hossen. Sonaron dos obras de Mozart (el Concierto nº 5 KV 219 y la Sinfonía concertante KV 364) y otras dos obras de Paganini de inspiración rossiniana: las Variaciones Mosè y las Variaciones I palpiti. El violista Gérard Caussé (acompañante de Hossen en la Sinfonía KV 364) y el propio Filipe Pinto-Ribeiro interpretaron, asimismo, el Concierto en Re menor de Haydn.
En la la Sinfonía KV 219 del primer día, las cuerdas dejaron siempre espacio (tímbrico y volumétrico) para las intervenciones de los oboes y las trompas, beneficiando así la textura, siempre redonda y rica en color. Quizá el interludio ‘turco’ del tercer movimiento habría merecido una lectura más rústica y ‘bárbara’, pues sonó demasiado urbano. No puede decirse que el solista, Mario Hossen, estuviera técnicamente impecable (especialmente, en el primer movimiento), pero sí que exploró en todo momento el fraseo, la articulación y una sutil agógica con propósitos formales y clarificadores de temas y ‘puentes’. Su lenguaje corporal y la elegancia de su gesto contribuyeron igualmente a esa clara caracterización de cada movimiento.
Las piezas de Paganini siempre despiertan curiosidad por los efectos virtuosos que requieren, y Hossen las tocó sin grandes dificultades y con evidente garbo. Pero es que, además, en esta ocasión fueron elegidas con buen criterio, ya fueran formales (la primera es parecida a una escena de ópera; la segunda es un tema y variaciones en sentido estricto), ya fueran registrales.
Hossen dirigió la Sinfonía nº 49, “La passione”, de Haydn para concluir el concierto, pero la ‘pasión’ que se supone que hay que desplegar en esta obra resultó algo tibia. No fue casualidad que el movimiento más interesante fuera el Menuet (con su refinada articulación) y, sobre todo, el subsiguiente Trio, que nos transportó a una típica serenata de la época. En los otros movimientos, la idea interpretativa sonó ‘corta’ en el primero (Hossen podría haber ayudado aquí a reforzarla y definirla), y los dos Allegros (movimientos segundo y cuarto) se quedaron escasos en lo que se refiere a ese ímpetu, ese contraste y esa teatralidad que contiene este buen ejemplo de Sturm und Drang haydniano.
En el segundo día, la orquesta abordó la obertura de la ‘festa teatrale’ Acide e Galatea de Haydn (Allegro molto – Andante grazioso – Presto), que sumerge al oyente en los tres ‘climas amorosos’ diferentes de esta historia ovidiana: el impetuoso, el melifluo y el peripuesto. Un preludio como este tendría que haber conectado de forma más natural con la parte concertante del programa, pero no fue así.
A continuación se escuchó el Concierto para piano en Re mayor (el más popular de Haydn), con Pinto-Ribeiro (a quien se deben las cadenzas que interpretó) dirigiendo desde el teclado. Disfrutamos del enfoque dado a los movimientos primero y tercero (asumiendo tanto solista como orquesta bastante ‘riesgo’ en este último). Fue defendido y expuesto de forma convincente el mucho mérito que tiene esta música de Haydn, a menudo queda oscurecida. El enfoque dado al movimiento lento fue más tradicional, con esa filiación al pathos gluckiano y ese affetto haendeliano que contiene. Pinto-Ribeiro, quizá por la doble tarea que tuvo que desempeñar, no siempre tuvo la limpieza y la precisión nacarada de la articulación que exige esta escritura, tan arraigada en el sonido y la mecánica de los fortepianos vieneses de la época, si bien demostró una sólida preparación y una clara concepción de la obra.
La Sinfonía concertante fue abordada por la orquesta sobre una base ágil, pero el tempo se ralentizó sensiblemente con la entrada de los dos solistas. Esta relativa lentitud fue, sin embargo, compensada con una complicidad plenamente parlante y camerística entre los solistas, que fue un placer seguir. En el Andante central, solistas y orquesta adoptaron un enfoque que recordó más a un diálogo nocturno de amantes (un parlante en diversas formas retóricas) que al ‘patetismo’ trágico que a menudo se le atribuye a este pasaje. Fue algo que resultó de lo más convincente. El Finale se mantuvo siempre vivo (al fin y al cabo es un Presto), con Hossen y Caussé tocando ahí más a la altura del reto (y desafiándose mutuamente) y generando en el público un entusiasmo que tuvo su eco en el generoso aplauso final. Como propina, la ‘Passacaglia’ de Haendel/Halvorsen, donde Hossen y Caussé combinaron complicidad y desafío (e incluso humor). La Orquesta pareció más fresca, reactiva y ensamblada en este concierto que en el del día anterior.
Eliseo Ayala de Lara


