BOGOTÁ / Naturalismo y realismo en ‘La tabernera del puerto’

Bogotá. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. 01-VIII-2026. Leonor Bonilla, César San Martín, Antonio Gandía, Rubén Amoretti, María Paula Pataquiva, Amelia Font, Pep Molina, Alexis Trejos. Dirección escénica: Mario Gas. Director repositor: Carlos Martos de la Vega. Producción del Teatro de la Zarzuela de Madrid. Orquesta Filarmónica Juvenil y Coro Filarmónico Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Directora de coro: Johanna Molano. Dirección musical: Miquel Ortega. Pablo Sorozábal: La tabernera del puerto.
A los colombianos siempre les ha gustado la zarzuela. Siempre hay representaciones de gran altura, en algunas ocasiones semiprofesionales, sin olvidar a los aficionados. Los títulos más frecuentes son Los gavilanes y La rosa del azafrán de Guerrero, Luisa Fernanda de Moreno Torroba, La leyenda del beso de Soutullo y Vert, sin olvidar las de Lecuona como María la O, entre otras. Los títulos de Pablo Sorozábal no son las más populares en estos lares. Por este motivo, ha sido una gran oportunidad ver representada La tabernera del puerto, en una producción original del Teatro de la Zarzuela en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.
Lo primero a destacar es la excelente producción y dirección escénica de una zarzuela donde el realismo dramático prima a las tonadillas de carácter popular. La escenografía de Ezio Frigerio con ayuda de Riccardo Massironi evoca perfectamente los puertos del mar Cantábrico de España. Este comentarista estudió un posgrado en Galicia y conoció el mar de Asturias, de Cantabria y del País Vasco en pleno invierno. Por ello, al ver el montaje volví a sentir la niebla y el frío de esas playas, así como el recuerdo del olor salobre de esos lugares. Luego de esta anécdota, qué bueno fue apreciar en Bogotá el diseño de Frigerio, uno de los grandes nombres de los escenarios de ópera, así como el de su esposa Franca Squarciapino, encargada del vestuario de tipo naturalista.
La tabernera del puerto es una obra donde el costumbrismo y el realismo se conjugan. No deja de llamar la atención el centro de la acción: el tráfico de drogas, en especial de cocaína. Un tema un poco complicado para manejar en Colombia. Esta trama no causó escándalo en la audiencia, ya que luego de lo vivido en las guerras de los carteles —todavía es un problema social y de seguridad del país—, parece hasta inocente el desarrollo del tema en la obra. En el desenlace argumental, los personajes principales salen bien librados e indemnes de esta situación, todo lo contrario a la realidad de este mundo criminal.
El montaje estuvo muy dinámico con su alternancia entre lo dramático y lo bufo. Si se ha destacado la calidad de la puesta en escena, no se deben olvidar los cantantes, los principales protagonistas de las zarzuelas y las óperas. En esta velada, el papel de Marola estuvo encarnado por la soprano sevillana Leonor Bonilla con una voz lírica apropiada para el papel. En la romanza En un país de fábula, del segundo acto, llevó a cabo de manera segura la línea melódica y los difíciles pasajes de coloratura y terminó este momento musical con un pianísimo.
En cuanto al galán de la ópera, Leandro, estuvo interpretado por Antonio Gandía, quien cantó de manera apasionada la famosísima romanza No puede ser con mucha seguridad, con agudos brillantes y, sobre todo, lo hizo con mucho sentimiento. El barítono César San Martín logró captar la psicología del papel de Juan de Eguía, con sus toques oscuros y de locura, como sucedió en el fragmento No te acerques, no me persigas. En esta parte de la partitura el solista logró una convincente actuación tanto teatral como musical.
Rubén Amoretti encarnó a Simpson, el inglés traficante. Su voz de bajo llamó la atención y logró desarrollar un personaje con habilidad, ya que su registro le permitía dar el espectro malévolo de la zarzuela, en especial su pasaje Despierta negro. Otro malo de la película, Verdier, estuvo a cargo de Alexis Trejos, y lo interpretó con gran habilidad y dinamismo.
Destacable estuvo la actuación de María Paula Pataquiva como Abel. La soprano colombiana logró combinar la melancolía del personaje juvenil con una claridad en la voz; sobre todo, tuvo una buena sonoridad en sus romances. Los personajes cómicos encarnados por Amelia Font (Antigua), Pep Molina (Chinchorro) y Erwin Barrera (Ripalda) lograron aliviar el tema oscuro de la zarzuela y divirtieron al público bogotano con su gracejo y alegría al entonar sus cantables.
Loable el trabajo de Miquel Ortega en la dirección orquestal de la zarzuela, en especial porque en el foso estuvo la Orquesta Filarmónica Juvenil. Este grupo de formación de la Filarmónica de Bogotá estuvo muy atento a las dinámicas del maestro y, de este modo, se apreció un buen sonido a lo largo de la zarzuela, en especial el intermedio del tercer acto. El montaje de La tabernera del puerto de Sorozábal fue una gran experiencia escénica y vocal de gran nivel.
Ricardo Visbal Sierra
(fotos: Juan Diego Castillo Ramírez. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo)


