BILBAO / ‘Tristán e Isolda’ en ABAO, intensidad en el foso

Bilbao. Palacio Euskalduna. 18-I-2025. Temporada de ABAO Bilbao Opera. Rachel Nicholls, Gwyn Hughes Jones, Daniela Barcellona, Egils Silins, Marko Mimica, Carlos Daza, Jose Cabrero, Gillen Mungia. Coro de Ópera de Bilbao. Sinfónica de Bilbao. Director musical: Erik Nielsen. Director de escena: Allex Aguilera. Wagner: Tristan und Isolde.
Lejanos los tiempos en los que la presencia de Wagner era bastante habitual en el escenario del Euskalduna, Tristán e Isolda volvía a maravillar con una modernidad que no se va pese al paso del tiempo, con esa grandiosa manera de entender el arte en la que culminaban algunos de los deseos de todo el período romántico a la vez que se abrían caminos en lo desconocido. Allex Aguilera ve en ella “una meditación sublime sobre el amor absoluto”, y desde esa idea puede entenderse el minimalismo y el hieratismo de su puesta en escena, que indaga en la trama interna de los personajes y la concepción romántica de la noche como culminación de todo anhelo. Tristán e Isolda buscan escapar juntos del presente y Aguilera los evade completamente del entorno que los rodea: su frío reencuentro en el tercer acto los revelaba como personas sin pulsión humana, ajenas a los sentimientos de este mundo. Incluso la alusión al butoh japonés como una resonancia del dolor de Tristán lo desplazaba fuera de su propio tiempo. Pero Aguilera confiere un gran estatismo también a los acontecimientos externos que dirigen la acción hacia adelante al final de cada acto, comprometiendo el sentido de movimiento de la obra de una manera que las omnipresentes proyecciones no podían suplir.
Así que fueron los cantantes los llamados a llenar el espacio escénico y desde esa premisa Rachel Nicholls (que sustituía a la inicialmente anunciada Oksana Dyka) realizó un impecable retrato de Isolda en su evolución de la mujer dolorida y vengativa del primer acto al ser casi fantasmal, vestido de un blanco puro y virginal, en que se vio convertida hacia el final. La voz no es imponente, pero demostró dominar los resortes expresivos del personaje y su canto fue inmaculado de inicio a fin. Gwyn Hughes Jones resultó un tanto plano, sin poderío escénico, como si todo lo debiera dar en lo vocal; Tristán es un Everest que cualquiera no puede escalar y él se las ingenió para dosificar las fuerzas, centrándose en los matices más sutiles, y así sobrevivir –no sin desgaste– a la tremenda dureza del acto final. A Daniela Barcellona le quedaron realmente preciosas las advertencias de Brangäne, lanzadas desde lo alto del auditorio. Y Marko Mimica lució empaque y presencia vocal a falta de una mayor identificación con el profundo dolor que expresa el rey Marke una vez conocida la traición de Tristán, quedando Egils Silins (Kurwenal) como el cantante más genuinamente wagneriano del elenco, el más arraigado en la tradición.
Pero si algo dio aire, atmósfera e intensidad a este Tristan fue sin duda la labor de Erik Nielsen en el foso. El sonido terso y sedoso que extrajo de la cuerda de la Sinfónica de Bilbao, así como la ideal planificación de planos sonoros, se manifestaron ya en un preludio que nos llevó de la misma a la esencia de la obra, y en adelante nada puso reparos a su refinada y moderna concepción de la obra, tan distanciada de la solemnidad de tiempos pasados como atenta a las posibilidades del reparto: la fluidez que impuso a la narración le permitía a la vez dar respiro a los cantantes, sin alargar las frases ni forzar el volumen nunca más de lo necesario. Wagner estaba convencido de que se podía disfrutar de Tristan escuchando únicamente a la orquesta, en la que se condensa toda una filosofía de vida. Nielsen dio prueba de ello con la serenidad de espíritu que caracterizó su trabajo con esta orquesta durante sus años de titular, siempre envolvente, siempre dentro de la obra, como uno más al oscuro amparo de la noche.
Asier Vallejo Ugarte
(foto: Enrique Moreno Esquibel)


