BILBAO / Euskadiko Orkestra: mirando a Mahler

Bilbao. Palacio de Festivales. 25-IX-2026. Jone Martínez, soprano. Nadezhda Karyazina, mezzosoprano. Orfeón Donostiarra. Euskadiko Orkestra. Director: Lucas Macías. Mahler: Sinfonía nº 2, “Resurrección”.
Elegir la Segunda de Mahler para empezar la temporada supone entrar por la puerta grande, enfrentarse desde el primer día a una música que lo pide todo, aunque en el caso de la Euskadiko Orkestra esa elección tiene un sentido adicional: es una muestra más de su identificación con la obra del compositor bohemio después de haber interpretado todas sus sinfonías en los últimos años, incluida La canción de la tierra. La apuesta se renueva con esta Segunda y la Sexta que se espera en abril, aunque para ello renuncie a compositores tan arraigados en nuestras salas de conciertos como Schubert o Beethoven.
La orquesta interpretó la Segunda en mayo de 2022 con Robert Treviño al frente, solo dos meses después de que la Sinfónica de Bilbao conmemorase con ella su centenario junto a Leonard Slatkin. Con referencias tan cercanas la obra no podía presentarse con el mismo nivel de excepcionalidad, como un acontecimiento único, aunque Lucas Macías emprendió su propio camino y, desde su conocimiento de la música, dirigiendo de memoria, mantuvo el orden y se mostró atento a las proporciones, las transiciones y el difícil equilibrio entre las familias instrumentales.
Esa armonía venía también de su gesto en el podio, elegante aunque nunca sobreactuado, como si viniera a demostrar que también en la música de Mahler los excesos están sobrevalorados. No hubo tanto vigor e intensidad como hace cinco temporadas, pero no por ello alivió los feroces acentos y contrastes del movimiento inicial, sin dejar de transmitir una atmósfera inquietante, la tristeza, el pesimismo y la sordidez que conducen a la visión de esta música como “el canto de dolor de un mundo que sufre” (Bruno Walter). Con el Andante moderato vino el necesario respiro, misterioso y dulce, frente al “barullo fantasmal” que había de aparecer en un Scherzo dominado por metales robustos aunque no infalibles. Urlicht fue el gran momento de la cuerda, transparente y etérea como se esperaba, brindando un ejemplar acompañamiento al delicado canto de Nadezhda Karyazina y, al mismo tiempo, recordando que la música de Mahler puede ser especialmente propicia a los matices más sutiles.
Nada se guardó Macías en el movimiento final, que acabó resultando el más impetuoso. Mucho se ha escrito sobre esta música explosiva y trascendente, definitivamente emancipada de la diafanidad de los primeros sinfonistas, en la que la Euskadiko Orkestra volvió a trasladar la sensación de sentirse a gusto cuando los músicos tocan todos juntos y pueden mostrar la verdadera envergadura de su sonido. En eso hubo una sintonía plena con la potencia del Orfeón Donostiarra, aunque uno se quedaría antes con el timbre puro, el canto natural y la frescura exhibidas por Jone Martínez: de lo mejor en una noche que inició la temporada mirando hacia lo más alto.
Asier Vallejo Ugarte
(fotos: Domi Alonso)


