BETANZOS / Despedida con sorpresa

BETANZOS / Despedida con sorpresa

Betanzos. Iglesia de San Francisco. 14-II-2020. Leo Nucci, barítono. Clara Jelihovschi Panas, soprano.  Italian Opera Chamber Ensemble. Obras de Verdi, Massenet, Marcarini y Mascagni.

Cuando hace unos meses Leo Nucci le comunicó a su amigo Santiago Pérez, párroco de Betanzos, su deseo de despedirse del público español en la localidad gallega, este le preguntó por su caché y el barítono le respondió que cantaría gratis. Bueno, no exactamente gratis: aceptaría dos o tres tortillas de patata para él y sus músicos. Dicho y hecho. La ceremonia del adiós, que comenzaba con el preludio del acto III de La traviata, concluía con esas tortillas —en la foto, Nucci corta una de ellas en presencia de la alcaldesa de Betanzos, María Barral— que son gala de la gastronomía betanceira.

Antes, para llegar a la tortilla que coronaría la ocasión, el barítono boloñés había demostrado ante una audiencia que colmaba la iglesia de San Francisco que un cantante debe despedirse siempre con la voz en su sitio y la cabeza bien alta. Puede haber, como es natural, momentos más comprometidos, muy pocos, a decir verdad, la otra noche, pero el artista está siempre ahí, valiente y sabio al mismo tiempo, conocedor de sus virtudes, de sus recursos y, además, del repertorio que mejor lo define y con el que dijo adiós, pues Giorgio Germont, Rodrigo, el Gérard de Andrea Chenier —cuyo Nemico della patria fue su primer encore— y, sobre todo, Rigoletto —hace cinco años cumplió los quinientos en Viena con López Cobos en el foso— son papeles que Nucci ha paseado por el mundo hasta hacerlos su segunda piel. Añade a ellos ahora el principal de Il sordo, la ópera sobre Beethoven con libreto propio y música de Paolo Marcarini estrenada el 31 de diciembre del pasado año y de la que pudimos escuchar algunas muestras en Betanzos.

Pero además de la despedida clamorosa de un grande hubo también una revelación inesperada: Clara Jelihovschi Panas, una soprano moldava afincada en La Coruña desde hace años y que, si el mundo de la lírica fuera justo, debiera estar cantando con toda tranquilidad en cualquier temporada. Su Addio, del passato fue una primera sorpresa que se confirmaría después gozosamente en Mercè, dilette amiche y en Tutte le feste al tempio. Violetta, Elena y Gilda de excelente clase.

Acompañando a los cantantes, una vez más, el fidelísimo Italian Opera Chamber Ensemble, compañero de Nucci tantas veces y en el que destacó, en la Méditation de Thaïs de Massenet, el violinista Pierantonio Cazzulani.

(Foto: Antonio Moral)