Bertrand Chamayou arregla y acompaña a Ravel

BERTRAND CHAMAYOU, piano.
Ravel fragments. Obras de Ravel (arr. Chamayou), Honegger, Nin, Tansman, Montsalvatge, Viñes, Jolas, Sciarrino y Durieux. ERATO (1 CD)
El francés Bertrand Chamayou (Toulouse, 1981) es uno de los grandes pianistas de su generación y, sin duda, también uno de los que mejor ha sabido madurar no sólo en lo que se refiere al desarrollo de una técnica impecable sino en la amplitud de su horizonte estético. El pasado año se le escuchó en la Biennale de Venecia en un programa con obras de Miles Walker, George Benjamin y Unsuk Chin, y hace unos meses nos entregaba un disco fabuloso dedicado a John Cage.
Ahora, con ocasión del sesquicentenario de Maurice Ravel, Chamayou nos propone un recorrido apasionante por músicas del autor del Bolero arregladas por el pianista para su instrumento y trufado con otras de Arthur Honegger —Hommage à Ravel—, Joaquín Nin —Mensaje a Ravel—, Alexandre Tansman —Hommage à Maurice Ravel—, Xavier Montsalvatge —Elegía a Maurice Ravel— y Ricardo Viñes —Menuet spectral—, más tres muestras de compositores más cercanos a nosotros como Betsy Jolas —Signets, hommage à Maurice Ravel—, Salvatore Sciarrino —De la nuit— y Frédéric Durieux —Pour tous ceux qui tombent. En todos los casos homenajes explícitos, muchas veces, como vemos, desde sus propios títulos, a la música raveliana y a su autor.
Lo primero que llama la atención, naturalmente es la maestría de Chamayou para llevar a su teclado canciones o piezas orquestales como La valse o Daphnis et Chloé. Y a esa maestría se une la otra, la implacable del virtuoso que ha devenido pleno de inteligencia. Él mismo ha dicho que Ravel lo acompaña desde niño y el resultado está aquí, en la manifestación bien clara de ese estilo que diferencia a los grandes ravelianos de quienes lo son un poco menos, el toque de distinción que surge desde la mínima pulsación de la tecla al crecimiento dinámico del fraseo y que debe siempre mantener el equilibrio entre elementos unas veces complementarios y otras algo dispares, así la elegancia, el humor, la levedad, la evocación o la nostalgia.
Es lo que posee la música del homenajeado, pero también la de sus compañeros de cartel, protagonistas todos de una modernidad ancha y nada ajena que ha ido definiendo el siglo que todos vivieron intensamente.
Luis Suñén


