BAYREUTH / ‘Rienzi’ hace temblar los límites del Festival de Bayreuth

Bayreuth. Festspielhaus. 26.VII. 2026. Andreas Schager, Gabriela Scherer, Andreas Bauer, Jennifer Holloway. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Alexandra Szemerédy, Magdolna ParditkaDirección Musical: Nathalie Stutzmann. Richard Wagner: Rienzi
La celebración del 150º aniversario del Festival de Bayreuth ha logrado un incontrovertible primer éxito con el estreno, el pasado domingo, 26 de julio, de Rienzi. La tercera ópera de Wagner pertenece a los títulos de juventud que preceden a las obras románticas (El holandés errante, Tannhäuser y Lohengrin), integradas entre las diez que forman el «canon de Bayreuth». Katharina Wagner, directora artística del festival, decidió programarla en una serie limitada y exclusiva de nueve funciones cuyo anuncio suscitó de inmediato un interesante cruce de lecturas críticas que confirma hasta qué punto la obra sigue siendo, casi dos siglos después de su estreno en Dresde, en 1842, un territorio complejo.
Inevitablemente, sigue viva la instrumentalización del repertorio hecha por Hitler y su amiga Winifred Wagner. El asunto estuvo explícitamente presente en los discursos incluidos el día de la inauguración como prólogo a la interpretación de la Novena sinfonía de Beethoven a cargo de Christian Thielemann. Ante el canciller alemán, Friedrich Merz, y en palabras de la discrepante bisnieta del compositor Nike Wagner, surgió la perversa sombra del Führer, a quien es inevitable citar puesto que fue propietario del manuscrito original entregado como regalo de cumpleaños por decisión de la Cámara de Economía del Reich. El documento sería hoy la fuente fundamental para reconstruir una obra que tiene versiones muy diversas, pero desapareció durante los bombardeos aliados de 1945, al igual que los materiales de orquesta usados en el estreno. La versión de Bayreuth ha sido coordinada por Markus Kiesel, y ordena de forma específica diversas fuentes tomando como base la edición crítica realizada en los setenta por Reinhard Strohm y Egon Voss.
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Frente a quienes consideran una mera especulación la atribución hitleriana a la obra, hay quien ha acusado a Alexandra Szemerédy, junto con Magdolna Parditka responsable de la por otra parte formidable puesta en escena de la obra, de reabrir con sus declaraciones un caso inconsistente puesto que el dictador nació cuarenta y seis años después de compuesta la obra. El dato no es accesorio puesto que penetra subliminalmente buena parte de una dramaturgia de evidente actualidad a tenor de los liderazgos rupturistas y conservadores que invaden el mundo. La producción de Szemerédy y Parditka traslada la Roma medieval de Cola di Rienzo a un presente brutalista que parte de bloques de viviendas con ventanas configuradas mediante pantallas de video, enlaza con posteriores encuestas electorales y transmisiones televisivas, y acaba iluminando al líder en una ascensión supuestamente redentora. Rienzi gana las elecciones frente a sus rivales Colonna y Orsini. En medio de la refriega parlamentaria y durante el segundo acto la lectura incluye como punto culminante la representación del ballet que caracteriza la obra como «grand opéra». La revisión paródica de toda la obra wagneriana posterior es un «gag» estupendamente integrado en un contexto desgarrador.

El hilo incestuoso entre Rienzi y su hermana Irene, insinuado ya en un prólogo mudo donde muere un niño, es el núcleo psicológico de la puesta en escena, alimentando la degeneración del protagonista desde su posición de éxito a la de demagogo populista y atrabiliario. La poderosa carga simbólica de la puesta en escena y su impecable ejecución técnica es la base sobre la que el tenor Andreas Schager se convirtió en el triunfador absoluto de la representación. Se impuso la potencia inagotable, la entrega física ante una partitura ardua y la minuciosa caracterización del personaje que defiende sin reservas. La estadounidense Jennifer Holloway, como Adriano Colonna, se ha presentado como la gran revelación vocal ante un papel travesti e igualmente complejo, con inflexiones vocales de generosa vibración y gran intensidad dramática. Gabriela Scherer sostuvo con dignidad a Irene. Los bajos Andreas Bauer Kanabas como Colonna, y Vitalij Kowaljow en el papel del Cardenal Raimondo, además de Michael Nagy, muy cercano al ambiguo Orsini, completaron un reparto bien armado y penetrante.

La dirección musical de Nathalie Stutzmann cimenta la escenificación. Debutó en el foso del Festspielhaus en julio de 2023 dirigiendo Tannhäuser, como segunda mujer tras la ucraniana Oksana Lyniv. Hoy tiene asegurada su presencia tras varias interpretaciones de peso. La que ofrece de Rienzi adquiere ligereza y transparencia, evidente en una obertura dicha con particular reposo. La aparente sensación de serenidad corresponde a una versión bien configurada y mejor dicha. Al final, una ovación cerrada y sin abucheos, de un cuarto de hora, daba por finalizado el estreno de Rienzi en Bayreuth: uno de los experimentos del aniversario, junto con la imprevisible Inteligencia Artificial para el Anillo, y cuya positiva respuesta alimenta el debate sobre su futura integración en el repertorio del festival.
Manuel Nogales
Foto: Enrico Nawrath


