BAYREUTH / Grigorian y Brownlee firman un incandescente ‘Der fliegende Holländer’
Bayreuth. Festspielhaus. 6-VIII-2026. Nicolas Brownlee, Asmik Grigorian, Mika Kares, Benjamin Burns, Nadine Wiessmann, Kieran Karrel. Orquesta y coro del Festival de Bayreuth. Dirección de escena: Dmitri Tcherniakov. Dirección musical: Oksana Lyniv. Wagner: Der fliegender Holländer.
Incandescencia pura irradiaron la pareja formada por Asmik Grigorian y Nicholas Brownlee en Der fliegende Holländer en Bayreuth. Ambos no solo se mostraron ideales para sus respectivos roles, sino que, además, entre ellos fluía una extraordinaria química vocal que les condujo a lo extraordinario. En el dúo, por ejemplo, parecía como si la energía de uno se contagiase al otro y viceversa. Brownlee es el gran intérprete del Holandés de la actualidad, así lo ha demostrado ya en varios teatros del mundo. Su voz parece creada para el papel gracias a su indudable belleza, broncíneo timbre en la tesitura alta y envolvente centro. Además, tiene totalmente interiorizado el rol y personificó a la perfección al atormentado personaje.
![]()
De Asmik Grigorian uno no sabe qué más decir. Su voz no me parece ideal ni perfecta para ningún rol y, sin embargo, se mete en la piel de cada personaje que interpreta creando encarnaciones desgarradoras con las que firma retratos inolvidables. Es una de las más grandes artistas que he visto nunca en escena. Sin ir más lejos, hace unos días yo mismo comentaba su magnífica Carmen (por lo que a su interpretación respecta) en Salzburgo, y solo tres días después la veo sobre el escenario de Bayreuth siendo una Senta ideal. Antes de empezar a cantar ya había hecho suyo el personaje, pero cuando abrió la boca, llenó de matices un rol que presenta no solo todo tipo de complejidades, casi endiabladas, a nivel vocal, sino que, además, es siempre un reto a nivel psicológico. En ese sentido, la soprano encontró el color idóneo para cada frase y cada palabra en una interpretación cuya intensidad no dejó de crecer a lo largo de toda la ópera. Todo eso sin olvidar unas dotes de actriz y un carisma que hacen que ella sola llene toda una escena solo con su presencia.
Mika Kares está en una dorada madurez vocal gracias a la que firma un Daland de timbre envolvente y notable autoridad vocal. Su canto sincero, sin artificios, resulta idóneo para un personaje que tiene la ingenuidad de la sencillez. Benjamin Burns como Erik sorprendió por su equilibrada interpretación, efectivos agudos y una emisión mucho más cuidada de lo habitual en él. Kieran Carrel fue un eficiente Steuermann mientras Nadine Weissmann desplegó oficio como Mary.
Con esta reposición, se cierra el ciclo de esta producción de Dmitri Tcherniakov. Sin duda, es uno de sus trabajos más logrados gracias al hallazgo que consigue con ese Holandés que regresa a su pueblo natal para clamar venganza. Al final, el pueblo queda incendiado en un impactante cierre dramático. También es el fin de ciclo de esta ópera en Bayreuth para Oksana Lyniv, una de las directoras de referencia de la actualidad. Su versión destaca por el equilibrio, la claridad y la efectivad. A sus órdenes tanto el coro como la orquesta desplegaron un magnífico rendimiento.
César Rus
(fotos: Enrico Nawrath)


