BAYREUTH / Bayreuth Baroque: el espectáculo merece el viaje

Bayreuth. Markgräfliches Opernhaus. 11-IX-2024. Yuriy Mynenco, Giuseppina Bridelli, Arianna Vendittelli, Sonja Runje, Tim Mead, Chiara Brunello, José Coca Loza. Coro dell’Orchestra del Santo Spirito. Il Pomo d’Oro. Dirección musical: Francesco Corti. Dirección escénica: Marco Bellussi. Antonio Vivaldi: Orlando Furioso.
13-IX-2024. Jasmin Delfs, Maayan Licht, Max Emanuel Cencic, Mary Ellen Nesi, Nicolò Balduccci, Riccardo Novaro. Dirección musical: Christophe Rousset. Dirección escénica: Max Emanuel Cencic. Les Talent Lyriques. Nicola Antonio Porpora: Ifigenia in Aulide.
Este año, dos óperas figuraban en el programa del Festival de Ópera Barroca de Bayreuth: Orlando Furioso de Antonio Vivaldi e Ifigenia in Aulide de Nicola Antonio Porpora. Orlando Furioso de Vivaldi es una coproducción con el Teatro Comunale de Ferrara, el Teatro Comunale de Módena y la Ópera de Deagu (Corea del Sur). La producción ya se vio en Ferrara y Módena. Sin embargo, Max Emanuel Cencic, director artístico del festival, quería que el reparto, la orquesta y el director fueran diferentes.
Marco Bellussi firma una limpia dirección escénica. Espejos enmarcados rodean el proscenio reflejando una realidad deformada… espejo de las aberraciones de Alcina que, gracias a sus hechizos, aparece joven y bella. El rigor de la puesta en escena se apoya en el elegante vestuario de Elisa Cobello y en la escenografía en blanco y negro de Matteo Paoletti Franzato. Toda la imaginería barroca queda abolida: plumas, penachos, penachos de armadura… Los vídeos de Fabio Massimo Iaquone son sugerentes, en particular el que reproduce con realismo el bosque.
La orquesta Il Pomo d’Oro es un conjunto especializado en este repertorio y tiene el sonido adecuado para Vivaldi, con finos instrumentos solistas. Francesco Corti dirige desde el clave y ofrece un rico caleidoscopio de colores. Uno tiene la impresión de que va rápido, quizás demasiado. La coloratura a veces se resiente a pesar del compromiso y la habilidad de los cantantes.
El reparto es bueno, como debe ser para Vivaldi, que escribe arias ricas en afectos y que requieren gran técnica y agilidad. El contratenor Yurij Mynenko (Orlando) tiene un timbre fino, volumen cuando es necesario. Su extensión es sorprendente. La coloratura, la aborda con sutileza. Arianna Venditelli (Angelica), muy buena, destaca en las agilidades. Giuseppina Bridelli es una Alcina sensual y convincente. Tim Mead (Ruggero), el segundo contratenor, soleado en timbre, bueno en agilidad. Sonja Rune posee un bello timbre y fraseo. Carismática en escena, cautivó al público.

Christophe Rousset es sinónimo de calidad. Les Talens Lyriques son uno de los mejores conjuntos de instrumentos originales. Las interpretaciones conjuntas suman hitos desde el compromiso del director por exhumar partituras que han caído en el olvido. La ópera de Porpora es una sorpresa continua: desde las primeras notas lleva a un mundo donde la magia del sonido va de la mano de la línea de canto: juntos encierran al oyente en una burbuja de emociones desbordantes: a cada paso una sorpresa, un descubrimiento… puro placer. En resumen, la música es una hechicera que envuelve al oyente en el hechizo de la escucha. Música sin edad.
La dirección escénica de Max Emanuel Cencic aprovecha la obertura para narrar el antecedente que enfada a la diosa de la caza, Diana, donde los griegos, para subrayar que son bárbaros, se muestran desnudos, pero se trata de desnudos inocentes, naturales: para escandalizar en estas latitudes hace falta algo más que eso. La diosa de la caza está molesta por la jactancia de Agamenón que, habiendo matado a gran distancia un ciervo en el bosque sagrado de la diosa, se había autoproclamado mejor cazador que la propia diosa. Sintiéndose ultrajada, interviene sobre los vientos, impidiendo que la flota de griegos zarpe hacia las costas de Asia Menor para luchar contra los troyanos, a menos que Agamenón sacrifique a su hija Ifigenia a Diana. Es una dirección narrativa que nunca penaliza la línea de canto.
El reparto es excelente. El espléndido Maayan Licht (Achille) estuvo perfecto tanto en las agilidades como en los afectos, riguroso en la técnica y con buen volumen incluso en los agudos. Max Emanuel Cencic (Agamenón) sigue teniendo una fina voz de soprano. Esa perfección en el legato, si bien hoy resulta un poco angulosa, es sin embargo compensada por una técnica rigurosa. Incluso el timbre, aunque se haya oscurecido, es agradable. Cencic aún tiene mucho que decir; sigue teniendo agudos claros y potentes. Mary-Ellen Nesi (Clitemnestra), también tiene un timbre oscurecido, pero parece mucho mejor de lo que recordaba. Lo hace bien Nicola Balducci (Ulises), un buen contratenor joven y emergente. Jasmin Delfs lo hizo bien en el doble papel de Diana e Ifigenia. Riccardo Novaro (Calcante) tiene una buena línea de canto. El vestuario, suntuoso y ecléctico, subraya la barbarie de los griegos entre pieles a lo Conan el Bárbaro y tocados que parecen moldes para tartas.
En resumen, el espectáculo merece el viaje. Y el año que viene, una ópera de Francesco Cavalli.
Franco Soda
(fotos: Clemens Manser)


