BARCELONA / Yuja Wang, comprometida en Ligeti y deslumbrante en Chopin

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 14-I-2026. Yuja Wang, piano, Mahler Chamber Orchestra, Fabien Gabel, director. Obras de Stravinsky, Ligeti, Mozart, Chopin.
La pianista Yuja Wang y la Mahler Chamber Orchestra dirigida por Fabien Gabel, iniciaron la noche del miércoles su gira de conciertos por España que les llevará a actuar en Zaragoza, San Sebastián, Las Palmas y Lanzarote. Un Palau con las entradas agotadas se rindió a Yuja Wang, deslumbrante con la exigencia técnica del Concierto de Ligeti y derrochadora en emociones con la colorista versión ofrecida del primer Concierto para piano nº 1 de Chopin, obra que fue dirigida por la propia pianista china.
El concierto se abrió con la interpretación de la Suite Pulcinella de Stravisnky, con una Mahler Chamber que, bajo la batuta de Fabien Gabel, profundizó en el refinamiento neoclásico que emana de la música de este ballet inspirado en la commedia dell’arte. La Mahler Chamber lucía unos primeros atriles que en la Gavotta, la Toccata o el Minuetto final irradiaron una constante luminosidad.
Yuja Wang entró en escena. Vestido corto ceñido y zapatos de tacones interminables al más puro estilo Christian Louboutin; ofreció al público su habitual saludo acompañado por su sonrisa risueña, antes de sentarse frente al nuevo piano Steinway recientemente adquirido por el Palau. Wang mantiene una estrecha vinculación con la Mahler Chamber Orchestra desde 2023, siendo ya artista en residencia en la temporada 2024-25, con la que actuó en diversos países, entre ellos España. La buena relación con la orquesta se hizo palpable con una obra de endemoniada dificultad como el Concierto para piano de Ligeti, escrito por el compositor húngaro en la década de 1980.
La complejidad técnica resulta evidente ya desde su movimiento inicial. Compás 4/4 para vientos y cuerdas y 12/8 para piano; constantes cambios en la acentuación, propios del denominado “ritmo búlgaro” con su particular asimetría; armadura para la mano derecha sin alteraciones y cuatro sostenidos para la izquierda al más puro estilo “bartokiano”. Pero más allá de las cuestiones técnicas, tan propias de sus estudios para piano, este concierto definido por el propio Ligeti como un “hechizo del tiempo”, busca cerrar el concepto de tiempo en un solo momento; en él también aparecen cuestiones relativas a imágenes fractales, donde una misma estructura geométrica se repite adoptando distintos tamaños, y todo llevado musicalmente a cabo, mediante un endiablado pianismo que Wang transmitió con un rigor absoluto. Explotación máxima de los registros sonoros del instrumento, de las dinámicas, de la articulación, de los ataques en forte súbitos, de pianissimi sugerentes, creando siempre una amalgama sonora junto a una orquesta milimétricamente dirigida por Gabel. Wang, comprometida con el repertorio de Cage, Rautavaara, Ligeti –de quien Juan Pérez Floristán es un extraordinario intérprete–, explora todas las facetas de un autor complejo –como muestra Richard Steinitz en su libro György Ligeti: Music of the Imagination (2003)–, que no ofrece concesiones melódicas y cuyo Concierto para piano fue recibido por el público con ciertas reservas en sus aplausos.

La segunda parte se abrió con dos danzas extraídas del ballet de Idomeneo de Mozart, concretamente la Chaconne y el Pas seul, de la que la Mahler Chamber ofreció una versión exultante y luminosa; una lectura sugestiva por sus contrastes, por la calidad y riqueza de colores que son capaces de obtener los profesores de la orquesta. La obra mozartiana precedió la interpretación del Concierto para piano nº 1 de Chopin. En esta ocasión Wang, con un ceñido vestido blanco, también afrontó la dirección de la célebre página romántica. Su versión resultó tremendamente personal; técnicamente maravillosa, con unos pianissimi de una pureza extrema, labrados en una versión de la Romance inolvidable. La frescura y naturalidad conseguida en el Rondo fue el resultado del uso de una gama de sonoridades amplísima. Su pianismo de técnica perfecta le permitió “jugar” con la música de Chopin, profundizar en su esencia, pero transmitir una versión multicolor que seduce por la vistosidad y luminosidad. Un Chopin que no admite comparación, ni con las legendarias versiones del siglo XX o las legadas por chopinianos como Seong Jin Cho, Avdeeva, Blechacz o Liu. Un Chopin que lleva la firma de Yuja Wang, una personalidad pianística de talento cautivador.
Lluís Trullén
(fotos: Mario Wurzburger)


