BARCELONA / Vivaldi por la Orquesta Barroca de Venecia: una fiesta de color, ritmo y fantasía

BARCELONA / Vivaldi por la Orquesta Barroca de Venecia: una fiesta de color, ritmo y fantasía

Barcelona. Palau de la Música. 17-V-2021. Temporada de Palau 100. Chouchane Siranossian, violín. Orquesta Barroca de Venecia. Concertina: Gianpiero Zanocco. Obras de Francesco Geminiani y Antonio Vivaldi.

Por fin la Orquesta Barroca de Venecia ha podido cumplir su esperada cita en el Palau de la Música Catalana. Tras siete meses de espera por la pandemia, el concierto, inicialmente programado el pasado 9 de noviembre, ha sufrido cambios significativos: en lugar de Giuliano Carmignola, ha actuado como solista la violinista francesa Chouchane Siranossian, y el programa se ha visto reducido para adaptarse al horario de una doble sesión, fórmula adoptada por el Palau para ampliar el aforo permitido. Curiosamente, la llegada del conjunto veneciano, con su excelente concertino al frente, Gianpiero Zanocco, ha coincidido en el tiempo con una feliz noticia, la ampliación del aforo al 70 por ciento, un paso más hacia la normalidad.

Abrieron el programa con una versión magnífica del Concerto grosso en Re menor, “la Follia”, de Francesco Geminiani, reelaboración de la célebre Sonata op. 5 nº 12 de su maestro, el gran Arcangelo Corelli. La energía rítmica, sabiamente mantenida por Gianpiero Zanocco, fue clave en una lectura de pasmosa claridad y precisión. De hecho, la calidad del sonido, la intensidad y el virtuosismo de la Orquesta Barroca Veneciana nos dieron tantas alegrías como el debut en el templo modernista de Chouchane Siranossian, solista de Las cuatro estaciones, plato fuerte de un programa inicial con otras tres obras de Antonio Vivaldi que el dichoso Covid-19 se ha llevado por delante. Lástima, porque el Vivaldi del conjunto veneciano es una fiesta de color, ritmo y fantasía instrumental.

Siranossian lució un sonido bello y una técnica brillante, aunque quizá abusó de efectismos a la hora de conquistar al público.  Triunfó con justicia, pero, en la gozosa versión de Las cuatro estaciones también hicieron verdaderas filigranas en los matices los músicos del conjunto veneciano, con un sonido luminoso, radiante en los movimientos rápidos y de extraordinaria delicadeza en los lentos. Se disfrutaron grandes momentos y, puestos a escoger solo uno, interpretación del Largo del Cuarto concierto, L’inverno, de milagroso latido rítmico y acentos suaves de una belleza sonora abrumadora.