BARCELONA / Rial y Sabata dan un abrazo a la música de Haendel

BARCELONA / Rial y Sabata dan un abrazo a la música de Haendel

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 8-VII-2020. Nuria Rial, soprano. Xavier Sabata, contratenor. Vespres d’Arnadí. Director: Dani Espasa. Arias y dúos de ópera de Haendel.

Dos de las voces más internacionales de nuestro panorama musical han sido las encargadas de sacar adelante un programa compuesto por diversas arias y dúos de Haendel celebrado en el Palau de la Música Catalana. La soprano Nuria Rial y el contratenor Xavier Sabata abrazaron un repertorio que en su mayor parte fue estrenado por las voces de Cuzzoni, Durastanti o Francesco Bernardi, “Senesino” —el célebre castrado para quien Haendel escribiría diecisiete títulos de su dilatado catálogo operístico—, en el cual el virtuosismo, la delicadeza, la explosividad y la pasión convivieron bajo el delicioso acompañamiento orquestal del conjunto Vespres d’ Arnadí, dirigido por Dani Espasa.

El concierto tenía que haberse celebrado el día 13 de marzo, dentro de una programación a realizar por dicho conjunto instrumental en el Palau. Los acontecimientos que se iniciaban justo por aquel entonces obligaron a reprogramarlo en su totalidad, a comenzar por el propio título, Io t’abbraccio —el dúo entre Bertarido, rey destronado de los longobardos, y su esposa Rodelinda—, un abrazo que Dani Espasa hizo extensivo a todos aquellos que durante estos meses no han podido decir el último adiós ni dar la última muestra de afecto a sus seres más queridos.

Unas quinientas personas asistieron al concierto, en el que la energía y el ímpetu de la obertura de Tolomeo, re d’ Egitto abría las puertas a un delicioso concierto operístico. La voz de Rial brillaba por su naturalidad expresiva, con agilidades nítidas y unos pianissimi cautelosos que llenaban de refinamiento una memorable interpretación del celebérrimo Piangerò la sorte mia de Giulio Cesare in Egitto. Su voz aterciopelada, acompañada por unos recursos expresivos que enfatizaban bien la bravura y agilidades de Scherza in mar la Navicella de Lotario, bien la sutil melancolía que subyace en la delicada Tu del ciel ministro eletto, extraída del oratorio ll trionfo del Tempo e del Disinganno, siempre se acopló a las exigencias estéticas que demandan estas sublimes páginas barrocas. Rial nos cautivó por su vertiente más expresiva, por su bellísimo centro vocal, por la prístina proyección de los agudos nunca desbocados y siempre  acordes con las afinidades estéticas de las páginas escogidas.

Y el gran Xavier Sabata nunca dejó de ser el ‘bad boy haendeliano para desplegar sus facultades sobre el escenario con su empática teatralidad de su gesto, de su expresión y que pese a tratarse de una interpretación en concierto cada personaje que encarnaba reflejaba un sinfín de matices rebosantes de sutilezas. La voz de Sabata cantando Haendel nos volvió a seducir. El furor y bravura se apoderaron de Vivi, Tiranno de Rodelinda. El dramatismo que subyace en el recitativo Otton, Otton…Voi que udite il mio lamento de Agrippina rodeó de emoción una interpretación que encandilaba por su trato de la voz, que nunca desfallecía, que no mostraba fisuras en la tesitura y que emergía con una naturalidad y frescura contagiosas.

El Haendel de Sabata sigue siendo un referente, y su interpretación de la música del barroco en general —reforzada por sus distintos trabajos discográficos, como el excepcional L’Alessandro amante junto a Vespres d’Arnadí y Dani Espasa—, convierten cada aria da capo y la aparente rigidez escénica que subyace en las óperas serias en una acto de seducción constante para los oyentes. Cuando Rial y Sabata unieron sus voces, la simbiosis resultó empática. Del inicial Ricordati, mio ben de Flavio hasta el postrero Io t’abbraccio de Rodelinda, sus voces encandilaron a un público que premiaba una y otra vez el trabajo de los cantantes.

Y este alto voltaje vocal vino reforzado por el buen hacer de la orquesta Vespres d’ Arnadí —nombre que procede del dulce tradicional valenciano— que dirige Dani Espasa. Matices, dinámicas controladas, efectos de claroscuro, perfecto trabajo en el acompañamiento de las arias de su concertino, así como del trabajo del trompa natural y una soltura y comodidad que nos gozar del Concerto grosso “Alexander’s Feast” o distintos pasajes del ballo de Agrippina, ópera que en su momento estrenaran las voces de Cuzzoni y Senesimo. Al final, el público —viviendo esta nueva realidad de obligación de mascarilla, ausencia de programa de mano, control en la entrada, distancia entre localidades— se puso en pie para despedir a unos intérpretes que lo dieron todo para volver a reencontrarse y a experimentar la magia del directo.