BARCELONA / Plena sintonía entre Kavakos, Ránki y la OBC

Barcelona. L’Auditori. 7-II-2026. Dezsö Ránki, piano. OBC. Leonidas Kavakos, dirección. Obras de Schumann, Shostakovich.
La OBC se reivindicó ofreciéndonos uno de sus mejores conciertos de la actual temporada de conciertos bajo la dirección de Leonidas Kavakos. El sensacional violinista griego se puso al frente de la OBC para abordar la Sinfonía nº 15 de Shostakovich precedida del Concierto para piano en La menor de Schumann, con Dezsö Ránki en el rol de solista. Compartiendo su labor como violinista, Kavakos va labrando una carrera paralela como director de gran interés, con destacados resultados al frente de renombradas formaciones sinfónicas (Radio de Baviera, Dallas o Viena) o filarmónicas (Radio de Francia, Nueva York o de La Scala); en nuestro país ya dirigió a la OCNE en Abril de 2023 —cuando fue además artista invitado— y en julio de 2024 actuó al frente de la Orquesta de Gran Canaria.
Desde un primer momento Kavakos se ganó a los músicos de la OBC, que desplegaron lo mejor de su calidad interpretativa a lo largo del Concierto para piano de Schumann. La dupla Kavakos-Ránki empezó a poner en marcha un perfecto engranaje desde las primeras notas del sublime concierto romántico. Ránki actuó un mes atrás en el Palau ofreciendo una deliciosa interpretación del Concierto para piano nº 27 de Mozart junto a la Camerata Salzburg y ahora con el concierto de Schumann desplegó su talento como pianista del repertorio del XIX; no en vano, es uno de los máximos exponentes de la interpretación del piano del compositor romántico, siendo merecedor en 1984 del prestigioso Premio Robert Schumann de la Ciudad de Zwickau. Desde aquel entonces las actuaciones de Ránki en Barcelona no se han dejado de suceder, siempre acompañadas del éxito. Su pianismo nítido en la pulsación, exuberante en el sonido, impecable en la resolución de los entresijos técnicos, enarbola un sinfín de matices que no dejan ningún resquicio para que se pase por alto el más mínimo detalle de la partitura. Planteó un Schumann repleto de pasión, pero ante todo atendiendo a una de las premisas básicas para llevar a buen puerto este concierto: los diálogos con la orquesta. Y fue en este aspecto donde la compenetración con Kavakos y los músicos de la OBC resultó absoluta. Desde la frase introductoria del oboe, el sentido camerístico que envuelve determinados pasaje del Intermezzo, con un gran trabajo de violoncelos y clarinete, la compenetración entre solista y orquesta, resultó absoluta. Ránki ofreció un Schumann repleto de nobleza, con una áurea romántica embriagadora y una fuerza temperamental nunca reñida con su concepción poética. Una lectura de Schumann en la cual se depositaba el bagaje musical que posee el genial húngaro. Aplausos recompensados con una vívida interpretación de Doctor Gradus ad Parnassum de Children’s corner de Debussy.

Desde la intervención efectuada en 2025 para la mejora acústica de la sala Pau Casals del Auditori, con el revestimiento de paneles de madera situados estratégicamente, la sonoridad de la sala, y en especial la que se produce sobre el escenario, se ha visto ostensiblemente mejorada. El pasado lunes superó la prueba de acoger el monumental Anillo sin palabras bajo la dirección de Currentzis, pudiéndose escuchar con claridad diáfana el trabajo de cada una de las secciones.
Una obra orquestal como la Sinfonía nº 15 de Shostakovich, requiere precisamente una claridad sonora donde las distintas familias puedan convivir en un orden absoluto. Y Kavakos desgranó desde un primer momento una claridad tímbrica entre las secciones, un equilibrio de volúmenes y una entrega de las cuerdas, seguramente más sugestionadas por la figura que les dirigía, que fue la base para desarrollar la interpretación. Jugó con la espontaneidad cáustica que rodea el Allegretto inicial, donde Shostakovich cita el tema principal de la Obertura del Guillermo Tell de Rossini y como contraste profundizó con un tempo equilibrado en la intensidad del apartado sombrío, profundo y más ambiguo que se esconde en el Adagio. Una versión mordaz, donde el sarcasmo del Allegretto —con las referencias a Lady Macbeth del distrito de Mtsensk y las menciones wagnerianas del movimiento final con el inicio del Tristán y la muerte de La Walkiria— conducen a un final en el que el paso del tiempo y la proximidad de la muerte toman el protagonismo. El relato de Kavakos fue impecable respaldada por la gran respuesta ofrecida por los músicos de la OBC.
Lluís Trullén
(fotos: May Zircus)


