BARCELONA / Patricia Kopatchinskaja da vida a un mordaz Pierrot Lunaire en el centenario de su estreno en España

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 29-IV-2025. Patricia Kopatchinskaja, voz. Thomas Kaufmann, violonchelo. Reto Bieri, clarinete. Júlia Gállego, flauta. Joonas Ahonen, piano. Meesung Hong, violín y viola. Obras de Schoenberg
El 29 de abril de 1925, el Palau de la Música Catalana acogió el estreno en España del melodrama Pierrot Lunaire de Schoenberg. En un programa inscrito dentro del Festival Arnold Schoenberg, el evento estuvo dirigido por el propio compositor austríaco, quien estrecharía grandes vínculos con Barcelona. Rememorar aquel concierto justo el día que se celebraba el centenario de su estreno resultaba más que obligado, y la temporada BCN Clàssics, junto al Palau de la Música, asumió dicha organización. Ante todo cabe loar la idea de ofrecer una réplica del programa de mano original que fue entregado a los aproximadamente ochocientos asistentes; en nuestras manos, un pormenorizado estudio musicológico de una treintena de páginas dedicadas al Pierrot Lunaire y a la Sinfonía de Cámara, escrito por Roberto Gerhard y Alban Berg, respectivamente, repleto de anotaciones musicales explicadas bajo un pormenorizado estudio tonal y armónico. Como no podía ser de otro modo, la traducción de los 21 poemas del Pierrot corrió a cargo de Joaquim Pena, tan recordado por sus aportaciones al wagnerismo.
La propia Patricia Kopatchinskaja junto a los cinco instrumentistas que le acompañaron sobre el escenario, ofreció una rueda de prensa un día antes del concierto, destilando su relación con Pierrot, personaje que ha llevado a escena en dieciocho ocasiones además de haberlo grabado para el sello Alpha en 2021. PatKop definió el Pierrot Lunaire como “la pieza más absurda que he visto, siempre nos muestra novedades. Pierrot, él o ella, vive situaciones grotescas, sin Arlequín, sin Pantaleon…” Y, ciertamente Kopatchinskaja, una artista en mayúsculas, rompedora, defensora de lo contemporáneo, nos brindó su Pierrot, sarcástico, mordaz, grotesco, insinuante y hasta cierto punto irreverente. La gran violinista ha trabajado profundamente el Sprechstimme, ese canto hablado, que lo acompaña con un sinfín de susurros, sollozos, con efectos vocales continuos reforzados mediante una sutil amplificación sonora. Actuó como siempre descalza sobre el escenario, ahora vestida con el tradicional atuendo propio de Pierrot, de blanco, ancho de corte y su gorguera correspondiente; su cuidado movimiento escénico se compaginaba con la proyección de elementos visuales – la luna enfermiza o las cruces-, que acompañaban esta sugestiva y personal visión del Pierrot. Kopatchinskaja es una excelsa violinista, pero ante todo una artista absoluta con un dominio del escenario que resulta asombroso.

El mensaje radical del Pierrot, con sus tres partes estructuradas en siete poemas, ofrece en primer lugar un enfoque mordaz sobre el amor y la religión; posteriormente, sobre la violencia y por último destila las cargas de sus vivencias a su regreso a Bérgamo. La compenetración de Kopatchinskaja con los músicos resultaba absoluta para realzar todos estos aspectos. Como resultado, el expresionismo elevado a su máximo exponente, las fugas, rondós y contrapuntos sucediéndose dentro de la escritura netamente atonal donde los cinco instrumentistas mostraban una perfecta sincronía con la voz. El Pierrot planteado por la artista moldava y los cinco instrumentistas puede ser considerado como poliédrico por su inmensa variedad de sensaciones musicales y textuales, expresadas de un modo multicolor. Pero en ellas, pese a la diversidad temática, siempre aparecía como nexo el enfoque melancólico, aquel que ha acompañado a este personaje de la commedia dell’ arte. Bravos y más bravos para despedir una recreación maravillosa.
Antes del Pierrot, y tal como sucedió el día de su estreno, se interpretó la Sinfonía de cámara del propio Schoenberg, en el arreglo realizado por Webern. Las sonoridades producidas por acordes estructurados por las superposiciones de intervalos de cuartas, dan lugar a una obra de la cual Berg argumentaba que seguía las pautas de una gran forma sonata en la que quedaban inseridos el Scherzo y el tempo lento. Mantener la tensión de esta obra monolítica, con sus episodios rápidos y momentos de una extrema sutileza, requiere de unos intérpretes que, como fue el caso, consigan un equilibrio sonoro perfecto, una sutileza extrema en la difusión armónica, recordando aquella “emancipación de la disonancia” ya presente en esta primera etapa compositiva del autor vienés.
Hay que destacar, asimismo, la introducción realizada antes del concierto por el compositor Joan Magrané, gran especialista en Schoenberg, quien glosó aspectos de la vida y la obra del compositor. En definitiva, un gran recuerdo para conmemorar el centenario del estreno del Pierrot Lunaire en nuestro país, con la sabia elección de Kopatchinskaja en su rol de protagonista.
Lluís Trullén
Fotos: A. Bofill


