BARCELONA / Martha Argerich y su hija Annie interpretan el ‘Carnaval de las Indias’ de Marc Migó

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 23-VII-2025. Martha Argerich y Alan Kwiek, pianos. Annie Dutoit-Argerich, narradora. Orquesta del Reial Cercle Artístic. Glen Cortese, director. Obras de Lasser, Poulenc, Migó.
Tras unos días de obligado reposo, Martha Argerich ha vuelto a los escenarios. Apartada durante las primeras semanas del mes de julio de su infatigable actividad concertística, la pianista argentina actuó con renovada energía en el Palau de la Música Catalana en un programa organizado por la Fundació Vera Música. Argerich afrontó juntó al pianista porteño Alan Kwiek el Concierto para dos pianos de Poulenc, la obra que en el mes de mayo de 1950 llevaran al mismo escenario el propio compositor francés y una jovencísima Alícia de Larrocha en el rol de solistas. Ya en la segunda parte, y junto a la narradora Annie Dutoit-Argerich, ofrecieron el Carnaval de las Indias de Marc Migó.
El concierto tuvo como director a Glen Cortese al frente de la Orquesta del Reial Cercle Artístic de Barcelona, formación con una trayectoria de más de treinta años de historia. El programa se inició con la delicadísima Vocalise de Philipp Lasser, una obra que refleja la influencia americana y francesa del autor y que destila unas armonías de hipnóticos sonidos. Compositor que asimismo siente gran admiración por Bach –muestra de ello son sus 12 preludios The art of memory, grabados por Anton Mejías para Deutsche Grammophon–, su Vocalise viene cargada de sensualidad, refinamiento y una paleta de delicado color que director y orquesta se encargaron de traducir con sutil esmero. Grandes aplausos que el propio Lasser recibió desde el escenario del Palau.
La segunda gran ovación de la noche la recibió la aparición sobre el escenario de Martha Argerich. Un público que tenía de nuevo la oportunidad de admirar el talento incombustible de una artista que a sus 84 años sigue cautivando con su pianismo inconfundible. Energía a raudales en el primer movimiento, delicadeza mozartiana en el segundo y vitalidad desbordante en el tercero, convivieron en una versión inolvidable del Concierto para dos pianos de Poulenc. Argerich juntó a Alan Kwiek –pianista que ya había colaborado en anteriores ocasiones junto a la intérprete argentina– entablaron un juego en que la naturalidad, la frescura musical y la delicadeza se daban cita bajo unos diálogos deliciosos. Argerich sigue cautivándonos, como si el paso de los años fuese para ella inmutable. La fogosidad, la articulación de precisión admirable y una tremenda energía vital, se desprendía desde un pianismo repleto de imaginación y dinamismo. Poulenc elevado a la máxima expresión en el color pianístico, con todas las miradas dirigidas a la siempre genial Argerich y con un Alan Kwiek contagiado por el magnetismo que emanaba de su paisana.

La segunda parte del concierto estuvo dedicada a la primera interpretación en nuestro país del Carnaval de Indias de Marc Migó, basado en el texto homónimo del argentino Gonzalo Demaría, “espejo deformado del Carnaval de los animales de Saint-Saëns inspirado en la mitología de América Latina y en el realismo mágico tan propio de este territorio”. Este bestiario musical, que se ha interpretado en Buffalo, Buenos Aires, Sarasota y Nueva York, nos habla de criaturas extintas y del imaginario de la criptozoología y se fue forjando con la propia colaboración de Alan Kwiek, de Annie Dutoit-Argerich y del libretista Gonzalo Demaría; la parte del primer piano fue expresamente pensada para Martha Argerich. Doce apartados musicales cada uno de ellos con un prefacio narrado por Annie Dutoit-Argerich, licenciada en literatura comparada en Princeton, máster de periodismo por la Universidad de Nueva York y doctorada en filología francesa y románica en la Universidad de Columbia.
En la narración desfilaban una docena de seres imaginarios: sirenas, vampiros, la Yu-ana o el Mosquito San-Sén, con una música descriptiva y acompañada claras alusiones a diversos autores; el Acuario de Saint-Saëns, la Consagración de Stravinsky o la Walkiria de Wagner, aparecen dentro de una música ingeniosa, que desprende ritmos que evocan a Piazzolla, a contrapuntos propios de fugas de Bach (Los Turros) o al ritmo de vals que acompaña al Parocho, el animal de inmensas orejas aterrado por el ruido. Una vuelta de tuerca sobre el Carnaval de los animales de Saint-Saëns, en donde no podía faltar una cita musical a su Cisne, repleto de ingenio musical y de una mirada lúdica. El pianismo colorista de Martha Argerich y de Kwiek nos hizo disfrutar de una obra sagaz y perspicaz, repleta de color e imaginación en su narrativa –teniendo como epicentro a los conquistadores españoles, “los cronistas del Nuevo Mundo”–, y en la que no faltaron alusiones a la Sagrada Familia de Barcelona o al propio Cristóbal Colón. Grandes aplausos y ramos de flores que despidieron a una Martha Argerich que sigue magnetizándonos con su pianismo.
Lluís Trullén
(fotos: Rodrigo Carrizo Couto)


