BARCELONA / Maratón de conciertos en la Bienal de Cuartetos de L’Auditori

Barcelona. L’Auditori. 23–XI- 2024. Bienal de Cuartetos. Cuarteto Esmé: Obras Haydn, Kui Dong y Schumann. Cuarteto Diotima: Obras de Río-Pareja, Streich y Berg. JACK Quartet: Obra de Haas. 24–XI- 2024 Cuarteto Atenea: Obras de Purcell, Puig Serna y Haydn. Cuarteto Leonkoro: Obras de Weir y Mendelssohn. Cuarteto Takács: Obras de Haydn y Beethoven.
La tercera edición de la Bienal de Cuartetos de Barcelona ha alcanzado el nivel de expectativas artísticas que de antemano cabía esperar. Conjuntos como el Apollon Musagète, Casals o el Takács (cuarteto que la noche del domingo cerró brillantemente el certamen) han formado parte de una docena de propuestas, seis de ellas presentadas a lo largo del pasado fin de semana y repartidas entre sesiones matinales y vespertinas.
El Esmé Quartet [arriba, en la foto], integrado por las coreanas Wonhee Bae, Yuna Ha, la violonchelista Yeeun Heo ‒impulsora del conjunto en 2016‒ y el violista nacido en Bruselas Dimitri Murrath, incorporado al conjunto en 2023, ofrecieron en la mañana del sábado un repaso por el repertorio clásico de Haydn y romántico de Schumann, complementado con el estreno nacional de Spring de Kui Dong, obra escrita en 2006. La principal virtud del Esmé la encontramos en la exactitud y rotundidad con la que acometen las obras. El lenguaje minimalista y la precisión de ataques y dinámicas que emergen del cuarteto Spring no podían encontrar mejores interlocutores que el Cuarteto Esmé, un ejemplo de precisión y seguridad en todo lo que concierne a la técnica interpretativa. El Cuarteto de cuerda, op. 33 nº 2 “La broma”, seguía un preciso plan formal, que sin abandonar el sentido irónico que rodea la obra haydniana, atendía más a la precisa construcción de sus frases para exponer la claridad formal que cuentan sus movimientos. Su paso por el Cuarteto de cuerda en La, op. 41 nº 3 de Schumann, cautivó por su lectura apasionada, dotada de una rotunda fortaleza y vehemencia, acorde con el carácter febril que impregna la obra; la poética con la que impregnaron el Adagio contó con una lectura de marcada sensibilidad expresiva.
Los conciertos vespertinos del sábado tuvieron como protagonista la música del siglo XX y XXI. El renombrado Cuarteto Diotima nos brindó un complejo programa iniciado con el estreno absoluto, obra encargo del Auditori, del Cuarteto de cuerda nº 2 “Tempus conchyliorum” (El tiempo de las almejas) de José Río-Pareja. Plenamente implicados con la música de vanguardia y erigiéndose como grandes interlocutores de las composiciones de Ligeti y Boulez, los Diotima ahondan en la exactitud de los matices, en la capacidad de ofrecer sonidos multicolores y realizar un trabajo con las dinámicas con resultados impactantes. Como explica el propio José Río-Pareja en los comentarios que acompañaban el programa, “El título hace referencia a las interrelaciones que se establecen entre el tiempo que los caparazones de los bivalvos necesitan para formarse, su morfología resultante y el entorno físico o ambiental que los condicionan”. La búsqueda con sonoridades que pudieran definir la creación de las conchas de cuatro bivalvos, bajo un lenguaje ornamental, experimental y a momentos dotado de una rotunda concisión, construye una obra imaginativa y compleja que los Diotima exploraron hasta el más mínimo detalle. En el año 2020 la compositora Lisa Streich escribió para el cuarteto Diotima Sternenstill, obra que en la tarde del sábado se estrenaba en España. El vuelo de las mariposas inspira la creación de esta obra con sonoridades apiananadas, construida a partir de pequeñas células melódicas que parecen detenerse en sugestivos silencios. Música detallista, cautivadora por los efectos multicolores que supo extraer admirablemente este cuarteto francés fundado en 1996. Una impecable inmersión en el lenguaje dodecafónico de la Suite lírica de Berg cerró brillantemente un programa de una tremenda complejidad técnica y expresiva, que los Diotima superaron con las virtudes que siempre les ha caracterizado.
Sin lugar a duda, el programa más radical y atrevido de la Bienal llegaba con la propuesta del JACK Quartet, dedicada monográficamente al Cuarteto de cuerda nº 3 In iij. Noct de Georg Friedrich Haas, obra que, interpretada en numerosos escenarios europeos desde su creación en 2001, sigue cautivando por la explotación que se realiza del lenguaje microtonal y su puesta en escena basada en la oscuridad absoluta. El propio Haas indica que la obra debe ejecutarse y escucharse en plena oscuridad. Para ello, y para evitar incluso las luces de emergencia de la sala, se repartieron entre los asistentes al concierto antifaces negros. Christopher Otto (violín I), Austin Wulliman (violín II), John Pickford Richards (viola) y Jay Campbell (violonchelo) se situaron respectivamente en dos puntos alejados del anfiteatro y en los extremos del fondo del escenario. La obra se construye bajo dieciocho propuestas musicales que a lo largo de más de 45 minutos los intérpretes desarrollan en plena libertad creativa. Los diferentes módulos musicales, con una cita de Carlo Gesualdo inscrita en sus Tenebrae responsoria de 1611, avanzaban bajo una precisión absoluta en las ideas del JACK Quartet. Las diferentes secciones repletas de glissandi, sonoridades que demandaban una afinación cuidadosa por sus requerimientos de escritura microtonal y un viaje por las complejidades armónicas, iban avanzando dentro de la oscuridad más absoluta. Pleno silencio acompañó a una música conceptual, sin que ninguna otra distracción sensorial pudiera ser obstáculo para este conocido trabajo creativo de Haas, admirablemente recreado por el JACK Quartet.
La sesión matinal del domingo tuvo como protagonistas al renovado Cuarteto Atenea, creado en Barcelona en 2019. De la formación original se mantienen Gil Sisquella, violín, y el viola Bernat Santacana, siendo ahora acompañados por el violinista Raul Campos y la violonchelista Ariadna Chmelik Lluís. Con la Fantasía en cuatro partes de Purcell, original para cuatro violas da gamba, se abría un concierto en el que se mostró que el conjunto, laureado en diferentes certámenes, todavía tiene que conseguir tras los cambios sufridos el acople necesario para mostrarse como un conjunto camerístico plenamente ensamblado. Dejaron buenos momentos en Viene da lontano, inscrita en la obra Nostalghia del compositor badalonés Sergi Puig Serna, movimiento que se presentaba por primera vez en España tras su estreno en Graz acaecido en julio de 2023 por el Cuarteto Diotima. La obra busca la transparencia de las sonoridades, con interesantes ideas melódicas sutilmente entrelazadas y que fueron resueltas con esmero por el Cuarteto Atenea. El conjunto se mostró impecable con la interpretación del Cuarteto de cuerda op. 76 nº 1 de Haydn; desde sus tres contundentes ataques iníciales, hasta la solemnidad imprimida en el Adagio sostenuto, su interpretación estaba teñida de un acertado halo galante, con instantes radiantes y con unos sugestivos toques de humor que brotaron del Allegro ma non troppo final, vivo ejemplo de la creatividad infinita de Haydn.
Fundado en Berlín en 2019, el Leonkoro Quartet se presentaba en la Bienal con un programa integrado por el Cuarteto de Cuerda n° 2 “El Español” de la compositora escocesa Judith Weir y el Cuarteto de cuerda op. 44 nº 2 de Mendelssohn. La solidez de sonido, la rotundidad y seguridad con la que acometen las interpretaciones son signos distintivos que acompañan al Leonkoro. El violín de Jonathan Schwarz es admirable por su calidez y por su madurez expresiva, de la que hace copartícipes a a los otros miembros del cuarteto. La firmeza sonora expuesta por el violonchelista Lukas Schwarz, la precisión y prístina afinación de la violinista Amelie Wallner y el trabajo de una impecable violista como Mayu Konoe, conforman un conjunto que funciona como un instrumento único. Los ecos beethovenianos que surgen en el Cuarteto de Cuerda n°2 de Judith Weir, estrenado por los Leonkoro el pasado verano en Edimburgo, acompañan a una obra estructurada en cuatro partes. A los momentos convulsos iniciales, le sigue un Minueto, un solemne movimiento lento y un Scherzo final culminado con una vehemente coda que el cuarteto superó imprimiendo una compenetración sonora absoluta. Su interpretación de la obra de Mendelssohn estuvo repleta de lirismo, de un expresivo sentido melodramático y de un virtuosismo final en que la individualidad de cada instrumento podía apreciarse dentro de un conjuntado bloque sonoro.
Como broche de oro a la Bienal, uno de los cuartetos que desde más de cuatro décadas ha llevado su carisma y musicalidad por los grandes escenarios del mundo. El Cuarteto Takács deslumbró con un programa integrado por el Cuarteto de cuerda en Si b, op. 76 nº 4 “Amanecer” de Haydn y el Cuarteto de cuerda op. 59 nº 1 “Razumovsky” de Beethoven, cuya grabación ya les valió dos décadas atrás un Premio Grammy. Los Takács poseen todas las virtudes que distinguen a los conjuntos elegidos del panorama camerístico. La inspiración de sus versiones, la comunión de ideas musicales, el dominio individual del instrumento que poseen sus integrantes, el empaque como conjunto, la intensidad de las interpretaciones, la capacidad camaleónica de tocar la música de Haydn, Beethoven , Bartók en su justa medida. Como si fuera una clase magistral, los Takács explicaron con naturalidad –cualidad tan compleja de conseguir– el cuarteto de Haydn, de una riqueza de matices, dinámicas que fluían con suma naturalidad. Por el contrario la fortaleza, vehemencia y profundidad en su expresión rayó en un Beethoven tempestuoso y brillante en lo virtuosístico. Un final de Bienal reservado al que hoy por hoy es uno de los referentes ineludibles de la música de cámara.
La Bienal de Cuartetos ha supuesto un esfuerzo encomiable por parte de L’Auditori, y si bien conciertos como el del Cuarteto Casals o el de los Takács contaron con la respuesta de un numeroso público, parece que la música de cámara no genera todavía el seguimiento que cabría esperar por parte del público.
Lluís Trullén
(fotos: May Zircus)


