BARCELONA / Mahler Chamber Orchestra: primavera con Schumann

BARCELONA / Mahler Chamber Orchestra: primavera con Schumann

Barcelona.  Palau de la Música Catalana. 12 y 13-IV-2021. Palau 100. Mahler Chamber Orchestra. Director: Daniele Gatti. Schumann, Sinfonías nº 1-4.

La temporada de Palau 100 se ha apuntado un gran éxito con la integral de las sinfonías de Robert Schumann que Daniele Gatti ha dirigido —con inspiración y técnica asombrosa— en dos memorables conciertos consecutivos en el templo modernista al frente de una formación que llevaba seis meses en dique seco a causa de la pandemia, la Mahler Chamber Orchestra. Reencuentro feliz que acabó con el público en pie y con Gatti y los músicos aplaudiendo a su vez a los asistentes. “Tras seis meses sin actuar, hoy volvemos a la vida. Muchas gracias a vuestro país y espero que otros países en Europa sigan vuestro ejemplo”. Palabras sinceras y emotivas de Gatti que, al igual que los dos conciertos, quedarán en el recuerdo de todos.

Feliz retorno de un Gatti visiblemente más delgado, que recobra el protagonismo internacional que merece tras años de vetos y cancelaciones a raíz de su cese fulminante como titular de la Royal Concertgebouw “por conducta inapropiada”. El episodio terminó en 2019, cuando la orquesta holandesa dio por zanjado el asunto con un comunicado en el que le agradecía su labor musical.

Schumann sonó a Schuman desde el principio en manos de Gatti.  Hablamos de ese sonido orquestal cargado de poesía, lirismo desbordante y colores exuberantes que el director napolitano recreó de forma admirable, cuidando con flexibilidad y buen tino las dinámicas y los tempi, en ocasiones vertiginosos. En la primera velada, la Primera sinfonía, “Primavera”, empezó con ciertos titubeos y desajustes, pero pronto los jóvenes músicos cargaron las pilas y lucieron un sonido orquestal potente y rico.

En Gatti se admira la claridad en la articulación, la habilidad en el engarce de los temas, el sentido del color y la luminosidad en el relieve de detalles camerísticos sin que el sonido orquestal pierda cohesión y brillantez. En este sentido, la Tercera sinfonía, “Renana”, fue apasionante, vital e imaginativa en la pintura de los paisajes y sonidos de la Renania que tanto inspiraron al compositor alemán.

En las dos jornadas se disfrutaron la calidad y flexibilidad de la cuerda, la luminosidad de los instrumentos de viento —ágiles maderas, de exquisita sonoridad y metales rotundos— y una percusión excelente. Probablemente, la versión más redonda fue la Segunda sinfonía, en la que parece renacer el alma de Schumann tras meses graves crisis nerviosas. En estado de gracia, y tras un trepidante Scherzo, Gatti modeló con ternura expresiva el lírico Adagio, logrando una atmósfera de indescriptible hondura y belleza. Fue tan intenso que el silencio llenó la sala, dando un respiro antes de un final espectacular. Con la orquesta y el director en vena, la aventura sinfónica culminó con una Cuarta para quitarse el sombrero, tensa en el juego rítmico e intensa en los matices, pura exaltación romántica en un ciclo que ya figura entre los logros artísticos más memorables de la temporada de Palau 100.

(Foto: Antoni Bofill)