BARCELONA / Los solistas de la OBC y Morlot se lucen en el Bolero de Ravel

Barcelona. Auditori. 02–II–2024. Vlad Stanculeasa, violín. OBC. Ludovic Morlot, dirección. Obras de Mompou, Prokofiev, Debussy, Knussen y Ravel.
La OBC presentaba un programa ecléctico, pero con el común denominador de dar el máximo protagonismo a los distintos solistas de sus secciones orquestales. Pudimos escuchar al concertino Vlad Stanculeasa como solista del Concierto para violín nº 2 de Prokofiev, y los distintos primeros atriles mostraron su talento en el Bolero de Ravel. El concertino invitado Massimo Spadano, el flauta solista Francisco López, el oboe Rafael Muñoz, la percusión encabezada por Joan Marc Pino o el siempre maravilloso trabajo de la trompetista Mireia Farrés, tuvieron su protagonismo en un concierto en el que además se incluía música de Mompou, Knussen y el sublime Prélude à l’après-midi d’un faune de Debussy.
La gran virtud de Morlot como director cabe encontrarla en el pleno dominio de la música sinfónica francesa, con Dutilleux y Ravel a la cabeza. Con ánimo de internacionalizar a la orquesta, la música de Ravel se convierte en el proyecto discográfico estrella de la OBC: una colección de 6 CDs que aparecerá entre marzo de 2024 y diciembre de 2026. El propio Morlot, junto a Bertrand Chamayou, Renaud Capuçon o François-Xavier Roth, forma parte del selecto grupo de especialistas escogidos para la “Ravel Edition”, la revisión editorial de las obras sinfónicas completas del compositor francés.
La paleta de colores orquestal francesa ya emergió en la orquestación de Manuel Ronsethal de los Suburbis de Frederic Mompou. Las Gitanas, la cieguita, el mendigo que toca el organillo, fueron fuente de inspiración para el compositor barcelonés, en esta obra retrato del barrio suburbial de la montaña de Montjuïc; imágenes costumbristas de una ciudad que en las primeras décadas del siglo XX vivía una etapa de plena industrialización. Mompou retrató con sus veladas armonías al piano esta atmósfera sutilmente orquestada en 1936, ahora deliciosamente interpretada por la OBC, con gusto por el matiz y por el detalle del refinado color armónico propuesto por Rosenthal.
Suburbis fue preámbulo para la interpretación del Concierto para violín nº 2 de Prokofiev, con el concertino Vlad Stanculeasa como solista. Previo a su retorno a Rusia, Prokofiev compuso este concierto, estrenado el 1 de diciembre de 1935 en el Teatro Monumental de Madrid con Robert Soëtens al violín y la Orquesta Sinfónica de Madrid dirigida por Enrique Fernández Arbós. Lejos de buscar una versión incisiva, con mordiente rítmico y colores ampulosos, Morlot y los profesores de la orquesta sirvieron a Vlad Stanculeasa un acompañamiento que incidió en la calidez, en la templanza. La opción meditativa prevaleció en el Allegro moderato inicial y en un Andante assai, en donde el solista ahondó en su melodismo etéreo bajo una calidez armónica cuidadosamente trazada por la OBC. Poca agitación y mordacidad en el ímpetu “motórico” de un Allegro ben marcato que resultó poco explosivo en su difusión sonora.
Morlot volvió a mostrar su faceta como dominador de la paleta orquestal francesa con una bellísima lectura del Prélude à l’après-midi d’un faune. Siempre fue en busca de los colores delicados, de la poética simbolista, de una atmósfera con unas maderas cálidas bajo un sugerente sustento de las cuerdas. Este delicadísimo trabajo fue la antesala de una obra inconexa y de irregular atractivo como Cleveland Pictures (2003-2009) de Oliver Knussen, página de la que, como señalaba el programa de la OBC, se ofrecía su estreno nacional. Estrenada en 2022 en el Festival de Aldeburgh –festival que el propio Oliver Knussen dirigió durante dieciséis temporadas–, la obra recorre distintos cuadros de Rodin, Velázquez, Goya, Turner o Gauguin que se encuentran en el Museo de Arte de Cleveland. La partitura quedó incompleta tras la muerte del compositor, acaecida en 2018, y destaca por la profusión de timbres y cambios de carácter, bajo una orquestación que busca unas líneas sugerentes bajo un lenguaje preferentemente atonal.
Como punto final al concierto una versión colorista y brillante del Bolero de Ravel. Morlot disfrutó con los juegos de dinámicas, con la recreación de un voraz crescendo, con un sonido siempre envolvente que se precipitó hasta la eclosión final. Una versión que reafirma el buen trabajo que Morlot está llevando a cabo en la música sinfónica francesa y el buen hacer de gran parte de los profesores de la OBC.
Lluís Trullén


