BARCELONA / La trompeta de Mireia Farrés da vida a la Medusa sonriente de Lisa Streich

Barcelona- L’ Auditori. 28-II-2025. Mireia Farrés, trompeta. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC), Ludovic Morlot, dirección. Obras Ravel, Streich, Sibelius
El Auditori de Barcleona fue escenario del estreno en España de Meduse. Elle est belle et elle rit de la compositora sueca Lisa Streich. Compositora invitada en la actual temporada del Auditori y con una reconocida trayectoria internacional, Streich escribió el pasado año esta obra para trompeta y orquesta -conjuntamente encargada por el Auditori y otras entidades- en la cual dirige una mirada hacia la medusa previa a su maldición. Una visión de una mujer alegre y risueña, antes de ser convertida en la gorgona que transforma en piedra a quien la mira y que inmortalizaron Caravaggio, Bernini o Cellini en su escultura del Perseo. A lo largo de los veinte minutos que dura la pieza desfilan una serie de situaciones eclécticas y desconcertantes, con un relato musical ambiguo inspirado en el ensayo de la escritora feminista francesa Hélène Cixous.
El musicólogo Rainer Nonnemann, haciendo alusión a la música de Streich, la define como “polifónica, polisémica, incongruente, poética y profana”, calificativos válidos para esta composición. Estamos ante una partitura con pasajes brillantes y elocuentes, repleta de episodios sarcásticos y rotundos, con una Mireia Farrés entregada ante una página que debe tocarse mayoritariamente con sordina. Y éste aspecto fue el principal obstáculo que perjudicó la versión; el exceso de volumen sonoro orquestal creaba un magma de timbres acertadamente luminosos, pero que al mismo tiempo eclipsaban el trabajo de la solista. Música que pasa por un devenir de situaciones, a veces bizarras –contiene un pasaje para un tudel de trompeta embocado en una manguera de jardín- y de lenguaje vanguardista, original y atractivo que fue bien recibido por el público. Una adaptación para trompeta, violonchelo y contrabajo de música de John Dowland completó el buen hacer de Farrés, una de las solistas de la orquesta que concierto tras concierto muestra un altísimo nivel interpretativo.

La predisposición de Ludovic Morlot ante la música orquestal francesa y muy concretamente la de Maurice Ravel –de la cual está llevando a cabo junto a la OBC la grabación de su integral sinfónica- resulta por todos conocida. Este profundo conocimiento volvió a emerger en una versión sensacional de La Valse, sugestiva, cautivadora, voluptuosa, con una orquesta que se entrega ante esta música cuidadosamente trabajada mostrando una gran afinidad con su director titular. Perfectamente controlada en sus acentuaciones, dinámicas y ritmos, Morlot y la OBC crearon el torbellino de cautivadores efectos de esta prodigiosa partitura.
Más desigual resultó su lectura de la Sinfonía n. 5 en Mi bemol, op.82 de Sibelius. Morlot planteó la obra con excesiva rectitud en un primer movimiento poco fluido y hasta cierto punto rígido en los enlaces temáticos. Buscó una acertada línea introspectiva en las variaciones del Andante central y dirigió toda su energía hacia un brillante movimiento final. Sibelius inició esta composición en los albores de la primera Guerra Mundial y no se publicó -después de dos revisiones- hasta 1919, tras los años convulsos que vivió Finlandia con la independencia de Rusia o la breve pero sangrienta Guerra Cívil de 1918. Morlot reservó para el movimiento final unas sonoridades heroicas y majestuosas que culminan en el grandioso coral coronado con los secos y espaciados acordes finales en Mi bemol mayor. La orquesta brilló en este movimiento, con unas cuerdas cohesionadas en los unísonos y un metal elocuente para culminar una versión que fue de menos a más.
Lluís Trullén


