BARCELONA / La templanza del piano de Colom, sereno contrapunto al ímpetu de Morlot

Barcelona. Auditori de Barcelona. 10-X-2025. Josep Colom, piano. Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Director: Ludovic Morlot. Obras de Casablancas, Beethoven Schönberg, Strauss
El programa que integraba el segundo concierto de la temporada de la OBC seguía un guión excesivamente ecléctico en la confección de su relato. La música de Benet Casablancas, Beethoven, Schoenberg y Richard Strauss, por este orden, se sucedía en un concierto en el cual acabó brillando con luz propia Josep Colom, soberbio como solista del cuarto de los conciertos para piano del compositor de Bonn.

El programa se inició con una de las obras emblemáticas de Benet Casablancas, los Tres epigramas, obra que la propia OBC estrenó en 2002 bajo batuta de Salvador Mas, y que ha cosechado desde entonces un éxito absoluto tanto a nivel nacional como internacional. Se trata de una página cuya concisión temática, además de las texturas orquestales de sus motivos líricos cuidadosamente enarbolados, la han convertido en una referencia del catálogo del compositor sabadellense. Morlot es un director que siempre saca lo mejor de su talento con los autores franceses de los dos últimos siglos–ya sucedió con Berlioz la semana anterior, como escribía Javier Pérez Senz en su crítica dedicada al primer programa de la temporada- y con la música contemporánea. La música contenida en los Tres epigramas de Casablancas precisa serenidad y detallismo sonoro para obtener el máximo partido de los diálogos entre secciones. Asimismo, a lo largo del muy bello segundo epigrama, se requiere una calma en el tempo y un gran dominio de la transición de las dinámicas para profundizar en la esencia del mensaje del compositor catalán. Morlot optó por una interpretación ampulosa, tendente a la rapidez de tempi, con súbitos contrastes que iban en detrimento del matiz sonoro. Una versión excesivamente brillante y sonora para el carácter de esta obra. Grandes aplausos para Casablancas de un público que llenaba tres cuartas partes del aforo y que acto seguido tributó un caluroso recibimiento a Josep Colom. Desde los sutiles acordes que abren el tema inicial del Concierto para piano nº4 de Beethoven, Colom estuvo pletórico. En el movimiento inicial, su lectura irradiaba frescura y naturalidad. Su pianismo era brillante y a la vez detallista, respaldándose en su celebrada técnica, medio para lograr un espectro de colores de una belleza singular. La templanza que emanaba de su interpretación en el bellísimo Andante en Mi menor, parecía querer suspender la música en el tiempo; la frescura que surgía del Rondó vivace, bien arropado por la orquesta, nos abocaba a un planteamiento rebosante de vitalidad pero sin perder nunca la serenidad del planteamiento. Bravos unánimes para Colom que se despidió interpretando el Impromptu nº2 Op.90 de Schubert.

El detallismo y la precisión que requiere la interpretación de las Variaciones para orquesta, op. 31 de Schoenberg, escritas entre 1926 y 1928, supone un trabajo de máxima precisión y un equilibrio sonoro extremo entre las secciones orquestales. Morlot, como había sucedido con la obra de Casablancas, optó por una lectura excesivamente luminosa, colorista, que por momentos hacía perder el detallismo contenido en esta obra maestra del dodecafonismo. El director francés se decantó por una versión radiante para el Don Juan straussiano que. desde el punto de vista de la respuesta orquestal, fue lo mejor de la noche del viernes. Morlot hacía hincapié en el melodismo contenido en este poema sinfónico, siendo resolutivo y eficaz en los momentos de mayor potencia tímbrica. Su dirección y la respuesta orquestal resaltaron el brillante y expresivo romanticismo de de este poema sinfónico compuesto por Strauss a los veinticuatro años. Con la música de Strauss, la OBC y Morlot lograron el momento álgido interpretativo de la noche.
Lluís Trullén


