BARCELONA / La OBC rememora la “akademie” beethoveniana del 27 de febrero de 1814

BARCELONA / La OBC rememora la “akademie” beethoveniana del 27 de febrero de 1814

Barcelona. L’ Auditori. Sábado, 25 de enero de 2020. Temporada OBC. Festival Beethoven 250. Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) Jan Willem de Vriend, director. Mercedes Gancedo, soprano Marc Sala, tenor. Riccardo Certi, bajo . Programa: Beethoven: “Tremate, empi tremate” para soprano, tenor, barítono y orquesta, op. 116. Sinfonía nº 7 en La mayor, op. 92. La victoria de Wellington, op. 91. Sinfonía nº 8 en Fa mayor, op. 93. .

El absoluto protagonismo que está cobrando la música de Beethoven en las distintas  programaciones de conciertos depara en Barcelona un intenso final de enero y mes de febrero cuya oferta incluye desde la integral de las sinfonías (Gardiner) y de los conciertos para piano (Buchbinder-OBC), hasta un recital monográfico (Kissin), por solo mencionar unos pocos.

El pasado sábado la OBC presentaba el primero de los cinco programas que de manera consecutiva ofrecerá las próximas jornadas dedicados al genio de Bonn y que reproducía la akademie celebrada en la Redouttensaal del Palacio Imperial de Viena el 27 de febrero de 1814. En programa una obra de juventud (Tremate, empi tremate), la Séptima sinfonía y el que fuera el estreno de la Sinfonía nº8, cuya première quedó eclipsada en aquel entonces por La Victoria de Wellington, la espectacular ‘sinfonía de batalla’ conmemorativa del triunfo en 1813 de las tropas británicas sobre José Bonaparte en Vitoria.

El concierto llenó L’Auditori con una OBC entregada en un programa delicioso que, bajo la batuta de Jan Willem de Vriend, su actual principal director invitado, nos deparó momentos espectaculares.

El breve trío para voces solistas y orquesta Tremate, empi trémate fue defendido por la soprano Mercedes Gancedo, el tenor Marc Sala y el bajo Riccardo Certi, quienes cumplieron sobradamente con una página que ya deja entrever el futuro y exigente trabajo vocal que Beethoven llevaría  a cabo con el oratorio Cristo en el Monte de los Olivos.

La primera prueba de fuego para la orquesta llegaba con la Sinfonía nº7 , obra enfocada por Jan Willem de Vriend desde su óptica lírica más optimista, realzando los juegos de contrastes en las dinámicas y buscando la vertiente más espectacular con la elección de unos tempi finales llevados con mucha bravura, ante los cuales la OBC respondió con solvencia. Versión abierta, más cautivadora por su opulencia que por el detalle sutil, pero que trasladó al público la frescura que respiran sus prístinas e inolvidables melodías.

Timbales, tambores, trompetas ubicadas en el anfiteatro… toda la artillería orquestal se preparaba para una obra como La victoria de Wellington, en la que melodías británicas como Rule Britannia o God save de King compiten con la francesa Marlbrough s’en va-t-en guerre dentro de una pieza que de gran opulencia sonora y cuyos aires triunfales daban rienda suelta a una orquesta que se lo pasaría en grande ante tal diversidad de medios. Y la OBC desplegó bajo la batuta del holandés todo su arsenal para disfrutar del alarde instrumental recogido en esta Sinfonía de la victoria.

Las aguas sonoras volverían a su cauce con la Sinfonía nº8 con una OBC más comedida ante la “pequeña sinfonía en Fa mayor”, tal como la denominaba el propio Beethoven. Sutil en los enlaces, bien enarbolada ante la frescura que irradian sus cuatro movimientos y escrupulosamente trabajada tanto en los contrastes súbitos de dinámicas como en los ataques en tutti, -aspecto indispensable para saldar la célebre coda final del Allegro vivace- culminaron una brillante akademie inaugural para este Festival Beethoven de la OBC.