BARCELONA / La maestría de Slatkin lidera a una entonada Franz Schubert Filharmonia

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 22-III-2026. Franz Schubert Filharmonia. Director: Leonard Slatkin. Obras de Barber, Haydn, Schubert.
El director de orquesta Leonard Slatkin celebra su octogésimo aniversario ofreciendo una serie de conciertos que le han llevado a dirigir a la Filarmónica de Berlín, Nueva York, la Filarmónica de Gran Canaria —donde ocupa el cargo de principal director invitado— y la Franz Schubert Filharmonia, entre otras formaciones. La Franz Schubert Filharmonia se encuentra conmemorando sus primeros veinte años de historia y ha atinado en invitar al célebre director americano para uno de los conciertos de su temporada. Este concierto, tal como se indica desde la propia orquesta, suponía el retorno de Slatkin al Palau tras su último concierto acaecido en 1985. Personalidad infatigable, el maestro americano ha asumido para la temporada 2026/27 el cargo de director musical de la Sinfónica de Nashville, que desempeñará hasta la temporada 2028/29.
El propio Slatkin confeccionó el programa del concierto para la FSF, iniciado con el celebérrimo Adagio para cuerdas de Samuel Barber seguido de la Sinfonía “La sorpresa” de Haydn y culminado con la Sinfonía “La Grande” de Schubert. Precisamente la Sinfonía nº 9 fue interpretada recientemente en Barcelona por Zubin Mehta y pocas horas antes de la actuación de la FSF, pudo escucharse en el concierto matinal ofrecido por la OBC, bajo dirección de Juanjo Mena. El 200º aniversario de la composición de la postrera sinfonía de Schubert ha propiciado estas coincidencias de programación entre distintos ciclos; dicha simultaneidad se repetirá este mes de marzo con la interpretación de la Novena de Mahler, a cargo de la Orquesta de Radio Frankfurt, que será ofrecida ocho días después por la Orquestra del Liceu bajo la batuta de Josep Pons.
Slatkin, desde el primer gesto insufló un flujo de sabiduría a todos los profesores de la orquesta. Dirigiendo sin partitura, sin atril, sin batuta, sus manos dibujaban una línea expresiva casi coreográfica bajo una precisión extrema. La música del Adagio para cuerdas de Barber, que en tantas y tantas ocasiones ha pasado por sus manos, surgía con una delicadeza absoluta, escuchado bajo un silencio absoluto por parte del público. Su gesto es un modelo de mesura, de saber calibrar las dinámicas sin caer en excesos; busca un resultado que convierta la música en la única protagonista de la audición. Si su versión del Adagio de Barber fue colosal, la interpretación de la Sinfonía nº 94 “La sorpresa” de Haydn, resultó admirable. Versión con el sonido romántico propio de las interpretaciones bajo criterios modernos, pero consiguiendo un equilibrio entre maderas-viento y cuerdas realmente modélico. Haydn comprendido con toda la dulzura clásica, con la sinceridad expresiva que otorgan la pureza de sus líneas y con un perfecto rigor que llenaba de proporción áurea a su lectura.
Los músicos no dejaron de atender los detalles preciosistas de la lectura de un Slatkin, que ya después, con batuta en mano y ante una orquesta con más efectivos, dirigió la Sinfonía nº 9 de Schubert. Admirable la templanza con la que rodeó los primeros movimientos, atendiendo a los sugestivos cambios modales y apariciones de motivos melódicos con los que las secciones orquestales dialogaron ante el gesto mesurado y expresivo de Slatkin. Buscó en el Scherzo la ambigüedad de colores, el ensamblaje preciso entre los cambios tonales, la precisión rítmica, para luego atacar el monumental Allegro vivace con un tempo vivacísimo; un Schubert que destilaba luminosidad, con aquella inestabilidad tonal que produce unos cambios de color que Slatkin cinceló con perfecta maestría. El maestro americano se ganó un reconocimiento unánime ante una orquesta que pudo disfrutar de una batuta rebosante de sabiduría musical.
Lluís Trullén
(Foto: Martí E. Berenguer)


