BARCELONA / La Filarmónica de Tokio y Myung-whun Chung, precisión para la excelencia

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 06-XI-2025. Maxim Vengerov , violín. Orquesta Filarmónica de Tokio. Director: Myung-Whun Chung. Obras de Chaikovski, Stravinsky.
La gira europea que está llevando a cabo la Filarmónica de Tokio recaló en Barcelona en un concierto que había dejado la taquilla del Palau sin entradas. La orquesta volvía a nuestro país tras su actuación madrileña en 2014, concierto enmarcado dentro de la gira mundial que ofreció para conmemorar el centenario de su fundación. Ahora la sala modernista de Barcelona fue el escenario para que la formación nipona, comandada por el veterano Myung-whun Chung, desplegara su técnica impoluta junto a un deslumbrante Maxim Vengerov afrontando el Concierto para violín de Chaikovski.
Si ya de por sí la presencia de público oriental resulta cada vez más numerosa en el Palau (siempre atento a fotografiar con sus móviles la excepcional arquitectura modernista de Domènech i Montaner) su afluencia fue más que significativa en la noche del jueves. Un Palau lleno hasta la bandera se disponía a escuchar a una máquina orquestal impecable, en la que conceptos como error técnico, gestualidad desmedida o toda mirada que no se dirija a la partitura o a las manos de Chung, quedan fuera de su libro de estilo. Los “archetti” de las distintas secciones seguían el ángulo exacto marcado por los respectivos primeros atriles, diseñando una coreografía entre las cuerdas que resultaba perfecta; todo en la Filarmónica de Tokio parece encaminarse a la búsqueda del Kodawari, sinónimo de excelencia en la interpretación alcanzada mediante una implacable disciplina.

Fue este orden en el sonido, en las entradas, en el matiz, el que acompañó en todo momento al violín de Vengerov a lo largo de la interpretación del Concierto de Chaikovski. El violinista de Novosibirsk, interpretando con el violín ex-Kreutzer Stradivari de 1727, como se anunciaba el programa de mano, trató la música del compositor ruso con una pulcritud y esmero sensacionales. Se trata de una obra que ha pasado por sus manos en decenas de ocasiones y que en enero de 2020 grabó, precisamente bajo la batuta de Myung-whun Chung. Vengerov destiló virtuosismo, dulzura, apasionamiento y una dimensión musical que se elevaba hasta las legendarias versiones de Oistrakh, Heifetz o Perlman, entre otros nombres ilustres. Por su parte, la orquesta, bajo una dirección del director surcoreano sin apenas movimiento gestual, servía un soporte técnicamente impecable en cuanto a volumen y dinámicas, siempre en beneficio del solista. Como único pero, se podría haber deseado una mayor implicación emocional por parte de la orquesta en ciertos pasajes del primer movimiento, un aspecto nimio ante la calidad desplegada a lo largo de la obra por todos y cada uno de los profesores de la formación. Bravos y más bravos recompensados ya fuera de programa por una versión “alla romantica” del Adagio de la Sonata núm. 1, en Sol menor, BWV 1001 de Johann Sebastian Bach.
Chung, a partir de 2027 futuro director musical del Teatro alla Scala, reservó para la segunda parte la celebérrima Consagración de la Primavera de Stravinsky. Y fue aquí donde la precisión rítmica, de ataques, de volúmenes, de matices expresivos, se sucedieron con una perfección solamente al alcance de las más grandes orquestas mundiales. A Myung-whun Chung, director musical honorario con veinticinco años de colaboración con la Filarmónica de Tokio, le basta una sola mirada, un leve gesto con sus manos para que se cumplan todas sus órdenes bajo un rigor extremo. El color, el salvajismo, el primitivismo, la fuerza y el ímpetu no requerían de gestos desmesurados; todo estaba bajo control para una versión dotada de un alto poder evocativo. Pasajes como las Rondas primaverales, la Procesión del sabio, la Danza de la Tierra –posteriormente ofrecida como bis- o una sugestiva interpretación de la Danza del sacrificio nos hicieron vivir la más pura esencia de una música ofrecida bajo una disciplina férrea en lo técnico. Bravos y más bravos para una Filarmónica de Tokio que sigue su gira europea de ocho conciertos, iniciada en Berlín y que ahora la conducirá hasta Viena, Lugano y finalmente, Düsseldorf.
Lluís Trullén
Foto: Toni Bifill


