BARCELONA / Kit Armstrong comparte piano y órgano en un gran debut en el Palau

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 17-III-2025. Kit Armstrong, piano. Obras de J.S. Bach, Liszt.
El pianista Kit Armstrong (Los Angeles, 1992) debutó en el Palau con un recital de piano y órgano dedicado a obras de J.S. Bach y Liszt. Presentación por todo lo alto, en que su inmenso talento se ponía a prueba con tres obras de temible exigencia técnica y musical. La Fantasía cromática y fuga, BWV 903 de Bach compartía programa con la Sonata para piano, en Si menor, S. 178 y la Fantasía y fuga para órgano sobre el coral “Ad nos salutarem undam”, S. 259 de Liszt. Armstrong salió al escenario esbozando una amplia sonrisa y prácticamente sin tiempo a sentarse ya arrancó impetuosamente la atormentada Fantasía en Re menor bachiana, con una articulación de precisión milimétrica, haciendo surgir todo el sentido de tocata que posee este complejo inicio de carácter improvisado.
Cabe recordar que Armstrong , pianista de origen oriental, posee unas capacidades fuera de lo común. Estudió de niño composición en la Chapman University y Física en la California State University , disciplinas ampliadas con las de química y matemáticas en la Universidad de Pennsylvania, especialidad esta última que siguió en el Imperial College de Londres hasta obtener un máster en matemáticas puras en la Universidad de París. Todo ello combinado con el estudio del piano, que le permitió ser uno de los alumnos predilectos de Alfred Brendel. Su manera profundamente analítica y controlada que posee al afrontar grandes estructuras musicales no está reñida con una musicalidad exquisita y lógica, una visión serena e inteligente que despoja a la música de cualquier efecto superficial. Armstrong diseccionaba hasta la más sutil disonancia, provocada por las complejas enarmonías y cromatismos de la Fantasía cromática para crear una diversidad de timbres realmente colosales. Se adentró a la serenidad de la fuga de manera rigurosa, firme en el tempo, disciplinada en la concepción, clarividente en las constantes modulaciones y elevando la sonoridad majestuosa de su interpretación a un sonido prácticamente organístico.
Su interpretación de la Sonata en Si menor de Liszt despertaba mayor interés por su concepción global que por el tratamiento de los pasajes escogidos a manera individual. Armstrong entiende, como debe ser, la obra dentro de una concepción cíclica; no buscó un sonido desmesurado en el Grandioso (compás 105) que pudiera dejar en segundo plano al dolce con grazia; era un enlace lógico, perfectamente controlado, con unas voces que se discernían a la perfección. Una delicia de poesía expresiva que dejaba a un lado la espectacularidad sonora de otras versiones. Tras el maravilloso relato intermedio, cristalino en la dicción, en la reexposición del motivo grandioso sí desplegó toda la fortaleza sonora, creando expresamente un bellísimo contraste con el Andande sostenuto, un modelo de serenidad y beatitud interpretativa en sus manos. Un Liszt colosal, una versión impecable a nivel técnico –magistral la fuga– y musicalmente portador de un pathos emocional que denota la inteligencia y sabiduría musical que atesora el pianista americano.

En la segunda parte escuchamos al Armstrong organista interpretando la monumental Fantasía y fuga sobre el coral “Ad nos, ad salutarem undam”. Esta obra surgió de la mano de Liszt tras el impacto que le produjo la audición de la ópera Le prophète de Meyerbeer. Esta gran ópera escapaba de los clichés tradicionales y estaba ambientada en las guerras religiosas de la Alemania del Siglo XVI y concretamente tratando como trasfondo el movimiento anabaptista. Liszt, inspirándose en el himno que canta el coro, creó esta majestuosa partitura que Armstrong recreó en el órgano de la sala modernista del Palau. La música iniciada con un extenso Adagio nos conduce hacia un Allegro que dará paso a una fuga y a un espectacular y majestuoso final coronado con fanfarrias. Y Armstrong, tocando admirablemente, inundó de sonoridades la sala del Palau, primero recreando el Adagio con serenidad y rectitud, sin desbordar nunca los sonidos para irrumpir en el Allegro con una claridad y fortaleza admirables. Esta obra de gran estructura formal la trató bajo un relato preciso, con una lógica constructiva perfectamente edificada y una concepción formal que otorgaba todo el sentido al solemne final. Bravos y más bravos para un Armstrong que ya fuera de programa interpretó una bellísima adaptación para órgano del Ave María de Bach/Gounod. Armstrong visitará nuevamente nuestro país en un recital programado en Bilbao para el próximo 26 de marzo, una ocasión para disfrutar de un talento musical mayúsculo.
Lluís Trullén
(fotos: Toni Bofill)


