BARCELONA / Isabel Leonard y Malcolm Martineau inauguran con esfuerzo y arrojo el LifeVictoria 26-27

Barcelona. Hospital de Sant Pau. 01-X-2026. Festival LifeVictoria`26. Isabel Leonard, mezzosoprano. Malcolm Martineau, piano. Maria Patak, soprano. Isaac Grau, piano. Poulenc: C FP 122, Banalités FP 107, La Dame de Monte-Carlo FP 180. Falla: Siete canciones populares españolas, García Lorca: Canciones españolas antiguas Montsalvatge: Cinco cancuones negras, Gardel: El día que me quieras. Lara: Granada, Ramírez: Alfonsina y el mar.
El festival LifeVictoria inauguró su temporada 2026-27 de recitales, en Barcelona, Madrid y otras sedes, bajo el lema de “El exilio”, con la potente imagen visual de una planta arrancada en un rincón del escenario del recinto modernista del Hospital de Sant Pau. La propuesta musical giró alrededor del contexto histórico de 1898, año de la pérdida de las últimas colonias españolas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, que tanto influyó a nivel político, social y económico en la entrada del siglo XX. Además, la Fundación Victoria de los Ángeles ha querido dedicar esta edición a la memoria de la soprano Felicity Lott, que cantó por última vez en Barcelona en 2022 en ese misma sala Domenech i Montaner.
Fiel a su apuesta por los jóvenes, la velada comenzó con otro buen ejemplo del programa LIFE New Artists, de la mano de la soprano Maria Patak, acompañada por el pianista Isaac Grau, con un repertorio dedicado a Francis Poulenc, del que interpretó el ciclo Banalités FP 107 y La dame de Monte-Carlo.
La joven soprano dio lo mejor de sí en piezas donde hay una historia detrás, un microdrama, de ahí que La dame de Monte-Carlo y el desespero decadente del frágil personaje encontrara en la soprano lírico-ligera un buen vehículo para mostrar esa angustia vital. Si bien ha de mejorar la articulación de las palabras en francés, su dicción fue notable. La voz refulge en la parte más aguda y es algo más mate en la zona media, que es la que sostiene especialmente la expresividad de los textos. En “Voyage à Paris” y especialmente en “Sanglots”, del ciclo Banalités, Patak mostró una calidad que esperemos despegue en el futuro, tras su exitosa gira por Madrid Barcelona, Peralada y Valencia de Estètica i massacre, microópera de Carles Prat, entre otros compromisos. Isaac Grau dio también muestras de su talento en las texturas discursivas del piano de Poulenc, con esa peculiar combinación de delicadeza y expresividad más directa. Afortunadamente, el recién inaugurado patrocinio de la fundación Banc de Sabadell estimulará y motivará a jóvenes intérpretes, como ambos, que actúan de teloneros del artista principal.
Tras los entrantes, el plato fuerte del recital fue la mezzosoprano lírica Isabel Leonard, ganadora de tres premios Grammy y actual artista residente en el Carnegie Hall neoyorquino. En España se la pudo ver en Valencia en 2007 dirigida por Lorin Maazel en L’enfant et les sortilèges, de Ravel, año en el que también debutó en el MET. En el Liceu destacó especialmente su Anita de West Side Story, de Bernstein, en julio de 2025 dirigida por Gustavo Dudamel, junto a Nadine Sierra y Juan Diego Flórez. Muy activa en Estados Unidos y en el MET en papeles rossinianos y mozartianos, su ascendencia argentina por parte de madre hacía sobre el papel muy interesante su recital, con un programa dedicado a las Siete canciones populares españolas, de Manuel de Falla y una selección de Canciones españolas antiguas, de Federico García Lorca, así como una canción de Frederic Mompou… en la primera parte y en la segunda, el ciclo de Cinco canciones negras, de Xavier Montsalvatge y bellísimas canciones de Carlos Gardel, Agustín Lara y Ariel Ramírez.
El resultado fue algo ambivalente, pues, aunque Isabel Leonard tiene excelente buena presencia, enfundada en un vestido rojo sumamente favorecedor y calzada con unos altísimos zapatos de tacón que le hicieron de indeseada percusión en algún momento, y una voz versátil y de calidad, reveló que una cosa es cantar y otra conectar con el espíritu de las piezas. Con una dicción aceptable, pero una cierta tensión en la emisión, logró resaltar los diversos colores de los temas del ciclo de Falla y dominó el exigente registro, tanto grave como central de las diversas piezas, pero la emoción brilló por su ausencia. La evidente raíz popular de la selección de canciones antiguas de García Lorca, “Anda jaleo”, “El café de chinitas” y “La tarara” requiere exponer todos los matices del texto imbricados con el ritmo de las piezas, pues fueron estrenados en 1931 por una artista que excelía en el flamenco, los tangos y los boleros como Encarnación López Júlvez, más conocida como “La Argentinita”. A pesar del arrojo mostrado, faltó esa expresividad que tienen quienes dominan el castellano como primera lengua. La primera parte concluyó con sorpresa ya que, en vez del programado Mompou de “Damunt de tu, només les flors”, del ciclo Combat del somni, optó por el más vistoso y jaranero “Clavelitos” de Joaquín Valverde, una de las piezas favoritas de Victoria de los Ángeles en sus siempre recordados recitales de canción española. Salió vencedora del envite, con esa extroversión tan norteamericana.
En la segunda parte, Isabel Leonard y también Malcolm Martineau estuvieron mucho más cómodos, pues antes el pianista tuvo momentos de demasiado volumen en el toque y algún desajuste con la mezzosoprano, quedando de manifiesto que está más familiarizado con otros repertorios liederísticos. Las Cinco canciones negras de Montsalvatge contaron con una Leonard muy versátil y brillante, desde “Cuba dentro de un piano”, con texto de Rafael Alberti, el “Punto de habanera” o la nana de “Canción de cuna para dormir a un negrito”. Ahí se consiguió esa ansiada fusión de belleza vocal en todos los registros y de comprensión de los textos, con una articulación mucho más nítida y sentida. El recital tomó una mayor vivacidad y conexión con el público, algo frío en la primera parte, de la mano del tango gardeliano “El día que me quieras”, aunque el fraseo fue algo artificioso, a pesar del acento argentino que le venía de madre, para pasar a una efectista y abreviada “Granada”, de Agustín Lara. Afortunadamente, terminó con la dosis justa de emoción y fraseo en la conmovedora “Alfonsina y el mar”, de Ariel Ramírez. Martineau y Leonard fueron muy cómplices en dicho tema, que fue el perfecto broche a un recital en la artista no estuvo cómoda del todo, al igual que con sus stilettos.
Los bises mostraron sus mejores bazas interpretativas. El primero, asociado a su “parte del mundo” después de tanto repertorio hispano, con “Over the rainbow”, de la película El mago de Oz. Ahí encandiló a todos con un canto a flor de labio modélico. El segundo y último, “Voi che sapete”, de Le nozze di Figaro, donde esa delicadeza del púber paje Cherubino quedó en segundo plano ante una mujer de armas tomar, dispuesta a reinvidicarse como una de las mejores mezzosopranos líricas de la actualidad, después de un recital en el que la diva abordó un repertorio que le planteó más retos de los inicialmente supuestos.
Josep Subirá


