BARCELONA / Firme complicidad entre Juanjo Mena y la OBC

Barcelona. L’Auditori. 10–II–2024 Juan Floristán, piano. OBC. Juanjo Mena, dirección. Obras de Bartók y Elgar.
El director alemán David Afkham debía haberse puesto al frente de la OBC en el programa semanal para interpretar, junto al Concierto para piano y orquestra nº 3 de Béla Bartók, la Suite sinfónica de Elektra de Richard Strauss. Por motivos de salud, el actual titular de la OCNE no pudo participar en el concierto y la OBC tuvo que buscar una solución de última hora. El director Juanjo Mena aceptó el reto, mostrando de nuevo la buena sintonía existente entre el maestro y la OBC. Mena, además de haber sido uno de los firmes candidatos a ocupar la titularidad de la OBC ahora en manos de Morlot, dirigió la orquesta el pasado mayo con un concierto que incluía la suite de El caballero de la rosa de Strauss y el pasado 16 de diciembre cosechó un gran éxito con la interpretación de la Sinfonia nº 1 de Elgar. La música de Elgar ocupa gran parte de los próximos programas del director vitoriano; con la Gürzenich Orchester Köln ofrecerá a finales de este mes su Sinfonía nº 2 y posteriormente las Variaciones Enigma figurarán en sus conciertos a celebrar en marzo con las sinfónicas de Detroit y Pittsburgh. El programa de la OBC quedó finalmente configurado con el concierto de Bartók y la Segunda sinfonía de Elgar, una obra que hasta la fecha todavía no había ocupado los atriles de los profesores de la OBC.
El pianista Juan Floristán, solista invitado para la ocasión, fraguó una actuación colosal con el Tercer concierto para piano de Bartók. Su clarividencia musical le permitió enfocar la obra con una acertada doble vertiente en el planteamiento. Por un lado comprender la diafanidad tonal y estructural que se encierran en sus dos primeros movimientos y por otro adentrarse a la vitalidad rítmica y a los ritmos impregnados de un color magiar del apartado final. Fue una versión planteada desde el juego de contrastes. En el Adagio religioso antepuso los colores velados, la claridad en las notas ornamentales y la prístina dicción de la articulación para moldear todo el sentido intimista de este movimiento. Si en el Allegreto inicial mostró un sonido precavido, en el tercero, el juego sincopado, aquel inequívoco color musical “bartokiano” relució de un modo magistral. El pianista andaluz tocó con clarividencia, entrega, con un pianismo que atesora una calidad que crece de manera exponencial actuación tras actuación.

La orquesta sirvió un acompañamiento equilibrado en el volumen, bien dominado en el color, con destacables intervenciones individuales tal como sucedió en su interior programa dedicado a la interpretación de El Bolero de Ravel. La OBC tenía ante sí el reto de afrontar por primer vez la Sinfonía nº 2 de Elgar compuesta entre 1909 y 1911, una obra escrita en la brillante tonalidad de Mi bemol y que reserva la tonalidad de su relativo do menor para el larghetto, una elegía fúnebre en honor al monarca Eduardo VII fallecido en 1910. La implicación de Mena con esta música se palpó desde el Allegro vivace e nobilmente inicial. La exuberancia y flema británica surgieron bajo una lectura majestuosa, convincente en la dicción y que contó con el compromiso absoluto de unos profesores de la orquesta plenamente implicados con la propuesta del director. El encaje entre Mena y la OBC se hizo palpable con una interpretación que destiló una sobria y elegante solemnidad en su movimiento inicial. El larghetto estuvo lleno de melancolía, trazado con una delicadeza que nos transportó hacia una atmosfera contemplativa. Mena dirigió con esmero, se produjo una total simbiosis con los profesores de la orquesta y esta amalgama llegó a su punto culminante tanto en un tercer movimiento con sonidos enfáticos y enérgicos en la difusión de los fortissimi como en el moderato maestoso final, en el que de nuevo relució la sobriedad del primer movimiento. Mena puso de relieve las palabras con las que el propio Elgar se refirió a la composición: “…las últimas dos páginas son la apoteosis y la eterna conclusión del peregrinaje del alma”.
Una vez finalizado el concierto, Juanjo Mena se dirigió al público para agradecer públicamente el esfuerzo encomiable de unos músicos que en tan poco tiempo habían sido capaces de abordar la Sinfonía nº 2 de Elgar. Un esfuerzo del todo encomiable.
Lluís Trullén
(fotos: May Zircus)


