BARCELONA / Empatía de la OBC con el violín de Khachatryan y la batuta de Eun Sun Kim

Barcelona. L’Auditori. 17-I-2026. Sergey Khachatryan, violín Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC) Eun Sun Kim, dirección. Obras de Beethoven, Brahms.
La OBC retomó la senda de conciertos con su primera cita anual en el Auditori. Dos obras de campanillas como son Concierto para violín de Beethoven y la Sinfonía nº 4 de Johannes Brahms, contaron con Sergey Khachatryan en el rol de solista y la dirección de la surcoreana Eun Sun Kim. Una apuesta ganadora para esta première anual y que tuvo como respuesta el lleno prácticamente absoluto del aforo Auditori.
La aportación interpretativa de Eun Sun Kim sigue fundamentándose en el rigor técnico y la búsqueda constante de la precisión sonora, aunque ello pueda conllevar un alto grado de objetividad en sus lecturas. La carrera de Eun Sun Kim estuvo marcada en sus inicios por trabajar como asistente de López Cobos en el Real (teatro donde recientemente ha dirigido Carmen) hasta ocupar la dirección musical la Opera de San Francisco. El aspecto que más convenció de Eun Sun Kim a lo largo de la interpretación del Concierto de Beethoven radicó en el preciso control del volumen orquestal, que cedió la iniciativa sonora al preciosista discurso que surgía del violín de Sergey Khachatryan. Quien fuera antaño ganador de los concursos Sibelius y Reina Isabel de Bélgica, nos propuso un Beethoven delicadísimo, con dinámicas precisas en la gradación del sonido y unos volúmenes apianados que fueron llevados al extremo en el Larghetto central, bajo un tempo tendente a la lentitud. El violinista armenio, que toca el violín Stradivarius “Kiesewetter” de 1724, busca un sonido hedonista, frases bellas en sí mismas, como medio para persuadir al público y elaborar un conmovedor pathos emocional. Un Beethoven de tremenda personalidad, con una orquesta que arropó perfectamente su labor, y que fuera de programa tuvo como recompensa la interpretación de una lánguida melodía armenia; como el propio solista explicó en perfecto castellano, una música escrita para duduk, el instrumento tradicional de Armenia de la familia viento-madera.
Ya en la segunda parte Eun Sun Kim acuñó su impronta con un Brahms opulento, brillante y con una comprometida respuesta de las secciones de la OBC. Tras haberse puesto al frente de la OBC en abril de 2024, con un programa integrado por Erwartung de Schoenberg y la Sinfonía nº 7 de Beethoven, su dirección brilló de nuevo por la precisión técnica, su atención al detalle y su gesto impoluto. El Allegro final de la Sinfonía nº 4 de Brahms, constituido por treinta y cinco variaciones, requiere rigor rítmico, contrapuntos precisos, magnificencia sonora, unos aspectos con los que la directora surcoreana se sintió plenamente identificada. Eun Sun Kim se encontró mucho más a gusto en el primer y cuarto movimiento de la sinfonía que en la elaboración de la narrativa poética del Andante moderato y en el Allegro giocoso, planteado bajo un modo excesivamente opulento. Un Brahms que mostró el buen trabajo de los primeros atriles de la orquesta (flauta, oboe, trompa, primer violín…) y que fue despedido con una ovación unánime.
Lluís Trullén
(foto: May Zircus)


