BARCELONA / Emotivas Suites de Bach en manos de Weilerstein

BARCELONA / Emotivas Suites de Bach en manos de Weilerstein

Barcelona. Palau de la Música Catalana. Jueves, 12 de diciembre de 2019. Palau Bach. Alisa Weilerstein, violonchelo. Johann Sebastian Bach: 6 Suites para violonchelo.

La violonchelista neoyorquina Alisa Weilerstein volvía al Palau de la Música Catalana tras su recital de 2015 para afrontar en esta ocasión la integral de las Suites para violonchelo de Bach. Ante unas novecientas personas Weilerstein salió al escenario de la sala modernista con su violonchelo Forster y tocando de  memoria fue desgranando siguiendo el orden numérico de las Suites los preludios y cinco movimientos de danza que integran cada una de estas obras cimeras de la literatura para el violonchelo.

Ya desde el Preludio de la Suite en Sol Mayor –con su pasaje de bariolage interpretado magistralmente- Weilerstein realizó una declaración de intenciones de lo que depararía su largo viaje por esta integral. Una visión introspectiva, con un sentido discursivo planteado bajo unos juegos de contrastes repletos de claroscuros, con un amplio recorrido de su archetto y creando una atmósfera que nos atrapaba por su diversidad de matices y perfección técnica.

La violonchelista norteamericana rehuye la austeridad y busca una concepción con efectos a la manera romántica para crear una multitud de colores que atrapan por su magia sonora. Ahondó con una inusitada lentitud y unos pianissimi fascinantes la Sarabanda de la quinta de las Suites, afrontó con sobriedad la Allemande de la segunda, fue elocuente y mostrando una seguridad técnica impecable, junto a una mágica pureza de sonido, en su paso por el temido Preludio de la postrera Suite en Re mayor.

Weilerstein no deja espacio a la especulación, y su sentido narrativo, la manera tan inteligente de afrontar el sinfín de retos que se suceden en un corpus de tanta exigencia, cautiva por su enorme capacidad de crear un constante poder de atracción en el oyente. Pero este profundo estudio con el que ha enfocado cada pasaje fluye a su vez  con una naturalidad pasmosa, sin un aparente esfuerzo, como si un soliloquio que quisiera ser transmitido con la más absoluta diafanidad fuera labrándose en aquel preciso instante. Su Bach cobra vida, atrae y nos cautiva precisamente por este estudio pormenorizado del más mínimo detalle y una consecuente capacidad de transmitirlo con una multitud de efectos que parecen ser fruto del momento.

La agilidades que nos regaló en las gigues y courantes, el planteamiento siempre tendente a la lentitud de las allemandes, la introspección con la que una y otra vez recalaba en las sarabandes, o la multitud de colores que surgían de los minuets, bourrées o gavottes, daban cuenta de la entrega absoluta con la que Weilerstein acomete estas suites. Una visión de este corpus bachinao que alcanzó su zénit de musicalidad en la quinta y sexta de la serie por la intensidad emotiva que ya de por sí emana de estas páginas pero de la que la neoyorquina quiso en todo momento ahondar para extraer una amplísima gama de matices.

Desde su debut a los trece años interpretando junto la Orquesta de Cleveland las Variaciones sobre un tema rococó de Chaikovski -octubre de 1995- su carrera se ha ido forjando bajo una solidez constructiva que le han llevado a cosechar un sinfín de éxitos avalados por figuras como Mehta o muy especialmente Barenboim. Y ahora, ante un público que se rindió ante su actuación, no hizo más que constatar que la violonchelista atraviesa un momento interpretativo excepcional reflejado por el sinfín de conciertos programados en los próximos meses.