BARCELONA / ‘Els estunmen’, más cine que ópera en un transgresor cóctel de géneros

Barcelona. Teatre Lliure. 15-IV-2026. Actores: Nao Albet, Marcel Borràs, Núria Lloansí, Òscar Doria, Marc Padró. Cantantes: Sandra Ferrández, Gabriel Díaz, Vicenç Esteve Madrid, José Ansaldi, Josep Ferrer. Formación orquestal del Gran Teatre del Liceu. Dirección escénica: Nao Albet y Marcel Borràs. Dirección musical: Fernando Velázquez. Els estunmen.
Con su habitual y corrosivo sentido del humor, los actores Nao Albet y Marcel Borràs mezclan y agitan recursos del cine, la ópera, el musical y los videojuegos para crear un transgresor cóctel de géneros en su primer espectáculo lírico, Els estunmen, ópera en un acto con música del compositor Fernando Velázquez, conocido por multitud de bandas sonoras. Los dos creadores catalanes, que han triunfado en la escena teatral con obras como Falsestuff, Los esqueiters y Mammon, firman el libreto y la dirección de su nuevo, complejo y costoso espectáculo, una coproducción del Teatro Real, el Gran Teatre del Liceu, los Teatros del Canal y el Teatre Lliure, donde se estrenó el día 15 con gran éxito de público. Tras las funciones barcelonesas, programadas hasta el 3 de mayo, el montaje podrá verse del 2 al 14 de junio en los Teatros del Canal.
La historia de una mujer que emprende un viaje sin retorno para vengar la muerte de su único hijo —un “angelito” que en el arranque de la obra perpetra una matanza y después se vuela la tapa de los sesos— es el hilo argumental de una obra que reflexiona sobre la violencia, el patriarcado y el machismo más recalcitrante para explorar la figura del héroe, encarnado por especialistas de cine —los stunts— intrépidos profesionales que se juegan el físico en las escenas de acción y que son la gran baza de Los estunmen.
Ocho especialistas coordinados por Óscar Dorta, cinco cantantes, ocho actores y una formación orquestal del Liceu, bajo la dirección del compositor, intervienen en un montaje de gran complejidad técnica, con una espectacular escenografía de Max Glaenzel, iluminación de Andreu Fàbregas, vestuario de Silvia Delagneau, caracterización de Toni Santos, sonido y amplificación de Igor Pinto y efectos especiales de In Extremis.
El cine es el universo que da sentido a esta obra, que no es, evidentemente, ni una ópera al uso, ni un musical, y que nos traslada al universo Marvel, al cine más violento de Quentin Tarantino y a las películas de acción de Jackie Chan, Stallone, Schwarzenegger, Bronson, Bruce Willis y compañía. Poder ver en acción a los especialistas, con caídas desde las alturas, peleas violentas, explosiones y toda la parafernalia de efectos especiales asociada al género es, sin duda, algo novedoso y divertido porque, y esto hay que repetirlo, Albet y Borràs lo filtran todo con una mirada cargada de humor, ironía y sarcasmo. Y es aquí, en el exceso de burla de las convenciones, en ese reírse un poco de todo, incluidos ellos mismos, en sus reflexiones y citas filosóficas como narradores y conductores de una trama, donde flaquean las ideas y se diluyen las emociones de los personajes.
La partitura de Fernando Velázquez —entre sus bandas sonoras más celebradas destacan sus trabajos para Juan Antonio Bayona; El orfanato, Lo imposible, Un Monstruo viene a verme— bebe de mucha fuentes en sus referencias líricas, desde el barroco y el romanticismo a la estética más moderna, pero donde mejor funciona su música es en las escenas de acción y tensión. Palidece, en cambio, cuando busca el vuelo lírico, quizá porque prima demasiado el aspecto paródico y cómico en muchas intervenciones que remiten a Vivaldi, Haendel, Verdi, Puccini, Wagner, Weill o Herrmann. Hay aportaciones curiosas, como un aria para pistolas de fogueo, y un final de gran efecto que no conviene desvelar.
La mezzosoprano Sandra Fernández y el tenor Vicenç Esteve, que asumen los roles protagonistas, son las voces más destacadas en un reparto completado por el tenor José Ansaldi, el contratenor Gabriel Díaz y el bajo Josep Ferrer, que, por la tensión y los nervios del estreno, tuvo demasiados altibajos. Estupenda la actriz Núria Lloansí en el camaleónico papel de madre vengadora en continua transformación, motor de la obra, acompañada por un eficaz grupo de intérpretes formado por Óscar Dorta, Marc Padró, Óscar Pérez y Carlos Robles. Es de justicia destacar la relevancia en sus impactantes escenas de acción de los especialistas, sólido equipo integrado por Daniel Domínguez, Attila Kiss, Andreu Kreutzer, Genís Lama, Adrià Rosell, Pablo Sacristán, Emiliano Sosa y Yerai Vega.
La voluntad de acercar la ópera a un público joven es uno de los objetivos de esta propuesta, que nació por encargo de Joan Matabosch. Quizá tenga atractivos extra para los amantes de los videojuegos, acostumbrados a músicas hiperbólicas y acción desenfrenada, pero la larga duración del espectáculo (casi dos horas, sin descanso) provoca cierto tedio en algunas escenas, peligro fácil de subsanar con algunos cortes, a ser posible generosos, en el libreto y la música.
Javier Pérez Senz


