BARCELONA / El virtuosismo de Bomsori irrumpe con fuerza dentro del programa para la gira de la OBC

Barcelona. Auditori de Barcelona. 7-XI-2025. Bomsori, violín. OBC. Director: Ludovic Morlot. Obras de Oliu, Wieniawski, Waxman, Albéniz, Ravel
La OBC iniciará el próximo miércoles en Stuttgart una gira por Alemania que se completará los días 12 y 14 de noviembre con actuaciones en Hamburgo y Düsseldorf, respectivamente. Bajo la batuta de su titular Ludovic Morlot, la OBC ofrecerá dos programas distintos en los cuales acompañará a la violinista surcoreana Bomsori y a Núria Rial, soprano que interpretará diversas canciones de Frederic Mompou orquestadas por Albert Guinovart en el concierto a celebrar en Düsseldorf. La gira cuenta con la financiación del Ministerio de Cultura, en el marco de la Capitalidad Cultural de Barcelona impulsada por el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Barcelona, así como con el apoyo del Institut Ramon Llull.
La OBC presentó la noche del viernes el concierto que ofrecerá en su debut en Stuttgart, integrado en su primera parte por el estreno mundial de Pluja de Miquel Oliu, el Concierto para violín n. 2 de Henryk Wieniawski y la Fantasía Carmen para violín y orquesta de Franz Waxman, para lucimiento virtuosístico de Bomsori. La suite sobre The Magic Opal de Albéniz y la Rapsodia española de Ravel completaban un vistoso programa que tuvo como colofón la Marcha del toreador de la ópera Carmen de Bizet.
Resultó sumamente preciso el trabajo de la OBC en Pluja, obra encargo de L’Auditori. Página riquísima en el juego de texturas, que simula diversas intensidades de la lluvia expresada musicalmente con destreza; los efectos sutiles de la percusión, los glissandi y delicados staccati de las cuerdas, evocan también la poesía de Antoni Clapés, fuente de inspiración para Oliu, como ya sucediera en la obra Siete Cantos, estrenada dos años atrás.
De la sutileza orquestal pasamos a los juegos de artificio violinísticos. Bomsori se decantó por dos obras de gran vistosidad, elección encaminada a evidenciar su destreza y el sonido admirable que es capaz de extraer del Guarnerius que lleva entre manos. El segundo concierto para violín de Wieniawski, estrenado en 1862, respira un aire romántico y todo el protagonismo musical recae en el solista. Bomsori no defraudó con una exhibición técnica absoluta, precisión milimétrica en la articulación, afinación prístina y una claridad sonora ciertamente sensacional. La orquesta cumplió su papel de soporte y más aún cuando acompañó al sinfín de diabluras que debía acometer la violinista a lo largo de la Fantasía Carmen de Waxman. Como la homónima página de Sarasate o las variaciones pianísticas que nos legó Horowitz, diferentes pasajes de la ópera van encadenándose para que su intérprete lidie con el tempo llevado al extremo, con juegos de dobles notas, con intervalos complejísimos. La violinista surcoreana nos regaló una exhibición técnica intachable, pareja a la que ofreció hace tres años con el primer concierto de Szymanowsk.
La segunda parte tuvo dos caras contrapuestas. En primer lugar, la orquesta afrontó la suite de El ópalo mágico de Albéniz, opereta que supuso el primer éxito londinense del compositor, de la que ofreció una interpretación que quedó deslucida por una escasa expresividad. A continuación, y en acusado contraste, la Rapsodia española de Ravel obtuvo en manos de Morlot unos resultados admirables. Desde el sutil inicio del Prélude à la nuit, Morlot empezó a gestar una música repleta de exuberancia tímbrica, con una respuesta impecable por parte de la orquesta. Los aires populares, la fastuosidad armónica, las dinámicas envolventes, el exotismo de sus melodías y ritmos, configuraban una lectura que a buen seguro tendrá la mejor de las acogidas en tierras alemanas.
Lluís Trullén


