BARCELONA / El piano de Anna Vinnitskaya conquista el Auditori

Barcelona. 26-27 -II- 2026. L’ Auditori. Anna Vinnitskaya, piano. Obras de Ravel, Skriabin, Brahms, Rakhmaninov. Anna Vinnitskaya, piano OBC. Louis Langrée, dirección.. Obras de Berlioz, Ravel.
El Auditori de Barcelona se rindió al talento de Anna Vinnitskaya. La pianista nacida en Novorosíisk en 1983 saltó a la fama internacional cuando en 2007 se proclamó vencedora del Concurso para piano Reina Elisabeth de Bruselas. A partir de entonces su carrera ha venido acompañada por actuaciones aclamadas en todo el mundo, junto a las filarmónicas de mayor relevancia (Múnich, Berlín, Londres…) y orquestas como la Gewandhaus o la Sinfónica de Radio Berlín .
Discípula de Sergei Osipienko en Rostov y posteriormente de Evgeni Koroliov, Vinnitskaya ha recalado en el Auditori de Barcelona para ofrecer un recital y e interpretar junto a la OBC durante este fin de semana del Concierto para piano para la mano izquierda de Ravel, bajo la dirección de Louis Langrée, maestro francés vinculado desde 2021 al Teatro Nacional de l’ Opéra-Comique y estrechamente relacionado con la Orquesta de Cincinnati.
En la tarde del jueves Vinnitskaya ofreció un recital en la Sala Oriol Martorell del L’Auditori con obras de Ravel, Scriabin, Brahms y Rachmáninov. Desde que inició el recital con la Sonatine de Ravel, su pianismo ya destilaba un áura especial. La claridad de la articulación y la precisión del legato convivían gracias a su dominio del pedal, empleado de modo tan riguroso como eficiente. Desprendió una sobria elegancia a lo largo del Movimiento de minuetto, mientras que el Animato, escrito en forma de tocata”, lo interpretó con un sinfín de festivas sonoridades. Un Ravel elocuente y brillante, tal como un día después mostraría con la interpretación del Concierto para la mano izquierda. Las sutilezas desprendidas a lo largo de la Pavane pour une infante défunte nos hacían recordar una de las principales habilidades de su maestro Koroliov: la capacidad de destacar las voces dentro del entresijo armónico. Esta claridad de sonido, la transparencia melódica y el buen gusto fueron una constate de su interpretación raveliana, culminada con unos Jeux d’ eau que tuvieron como único pero un exceso global de volumen, una elocuencia interpretativa tal vez demasiado sonora.

Vinnitskaya afronta con idéntica calidad musical y técnica la obra que pasa por sus manos, pero en el repertorio de Scriabin y Rachmáninov seduce por la fortaleza de su sonoridad, la elegancia de fraseo, la seguridad en la ejecución de las baterías de acordes y una paleta de colores tan amplia como adecuada a las características estéticas de las obras. La interpretación de la Sonata n.3 de Alexander Scriabin recaló en su apasionamiento, vehemencia, riqueza de timbres y colores postrománticos, dirigida hacia un último movimiento reconocido por su máxima complejidad virtuosística. Vinnistkaya ofreció una versión temperamental e impulsiva, con una fortaleza y capacidad para ofrecer cambios de atmósfera solamente al alcance de los pianistas familiarizados con el complejo lenguaje del compositor. Superó sin problema las exigencias armónicas que requieren una mano izquierda atlética para abordar las amplias extensiones del apartado final. De la tempestad se pasó a la calma que requieren los Intermezzi Op.117 de Brahms; delicia de sonido, refinamiento poético, profundidad romántica. Un Brahms de una poesía solamente al alcance de los grandes intérpretes. Por último, las Variaciones sobre un tema de un tema de Corelli, op. 42 , las veinte variaciones basadas en la Folia y que supone uno de los hitos del piano de Rachmaninov. Técnica deslumbrante, sonoridades sinfónicas, ataques repletos de fortaleza, pero por encima de todo, musicalidad. Las oníricas variaciones 9 y 10 o el heroísmo de la 18 convivían dentro de la versión que Vinnitskaya nos regaló en su recital.
Un día después ofreció, en el concierto enmarcado dentro de la temporada de la OBC, la interpretación del Concierto para la mano izquierda de Ravel. En la sala Pau Casals, Vinnitskaya acaparó la atención desde las primeras notas del concierto que el compositor francés dedicara a Paul Wittgenstein. De su pianismo impresionó su concepción dramática, vehemente y apasionada; también la gama de colores sonoros y por encima de todo su técnica deslumbrante. Congenió con la orquesta, bien conducida por Langrée –pese al exceso de volumen en los tutti-, y los efectos de sonoridades abruptas, con momentos prístinos y episodios apasionados. Su lectura destacó por una ejecución desbordante de color, haciendo suyos los postulados de Ravel de crear el efecto de “una composición escrita para las dos manos”.
El repertorio dedicado a la música francesa suele ser habitual en las programaciones de la OBC. Enmarcando el Concierto para mano izquierda de Ravel, Louis Langrée y la OBC interpretaron la majestuosa obertura de Les Francs-juges de Berlioz y la Sinfonía Fantástica, composición que ha figurado en numerosas ocasiones en los atriles de la orquesta. Versión fastuosa, brillante, elocuente, encaminada a sacar el máximo partido en los movimientos finales (Marcha del suplicio y Sueño de una noche de Sabat). Una lectura excesivamente ensombrecida en Los ensueños y pasiones, recalando en su vertiente más melancólica, y sutil delicadeza imprimida en el expresivo vals. Langrée buscó el efecto, la expresión más bucólica en la Escena en el campo y como contraste los dos apartados finales, donde la orquesta dio lo mejor de sí. Gran trabajo de la percusión y del metal, con un planteamiento contundente y triunfal que encandiló a la mayoría del público asistente.
Lluís Trullén
Foto: May Zircus


