BARCELONA / El Festival Emergents culmina su octava edición con una maratón de conciertos en el Auditori

Barcelona. 13/14-II-2026. Festival Emergents L’ Auditori. Inés Issel, Emma Stratton, OBC. Antony Hermus, dirección. Obras de Wagner, Sibelius, Prokófiev, Mozart. Valerie Fritz, violonchelo. Obras de Aperghis, Bach, Eötiös, Fuentes. Alvaro Fernández-Bravo, piano. Obras de Chopin, Haydn, Debussy, Albéniz. Maat Saxophone Quartet. Obras de Rivier, Bosmans, Vrebalov y Gershwin.
El Festival Emergents ha llegado a su octava edición. La consolidación de este certamen, que impulsa a futuros valores de la música, se ha convertido en una cita ineludible dentro de la programación del Auditori. Numerosos conciertos, dedicados al jazz, música de cámara, sinfónica, banda, música antigua, al pop… se han dado cita durante tres días en una maratón de conciertos abiertos a toda clase de amantes de distintos géneros musicales.
Muchas de las propuestas son gratuitas y por lo que concierne al género clásico, la música de cámara se ha ofrecido “en abierto” hasta que las localidades de la sala Oriol Martorell —con un aforo de 600 personas— se han agotado. Otras propuestas, como los dos conciertos inscritos en la temporada de la OBC, celebrados el viernes, con la intérprete tarraconense Inés Issel, o el sábado, con la pianista ampurdanesa Emma Stratton, formaban parte de la temporada de la orquesta. Hubo éxito de público, en unas sesiones en las que asistimos a los dos conciertos ofrecidos por la OBC y los instrumentales dedicados a recitales y música de cámara.
La OBC estuvo dirigida para la ocasión por Antony Hermus, actual director titular de la Orquesta Nacional de Bélgica y muy vinculado con la dirección de distintas orquestas holandesas, a las que dirige con asiduidad. Hermus fue nombrado además miembro honorífico en 2025 de la Royal Northern College of Music, por su contribución a la vida musical del norte de Inglaterra. Director impetuoso, con una preponderancia a acentuar las sonoridades en forte, se aferró a esta su opulencia sonora tanto en la Obertura de El holandés errante de Wagner como en la Sinfonía nº 2 de Sibelius. La orquesta, como ya sucedió bajo la reciente dirección de Kavakos, siempre dio lo mejor de sí. Cabe loar el trabajo de las maderas-viento de la OBC, una vez más brillantes en sus intervenciones y de una cuerda que va asentándose en un sonido corpóreo y felizmente homogéneo. Sin lugar a dudas, debemos reiterar las mejores acústicas de la sala del Auditorio barcelonés, como un aspecto clave para dicha mejoría.
Resultó muy destacada la actuación de Inés Issel, formada en la Escuela Reina Sofía de Madrid, como solista del Concierto para violín y orquesta nº 1 Op. 19 de Prokofiev, obra contemporánea a la Sinfonía Clásica concluida en 1917, año de la Revolución. El primer movimiento supone un auténtico tour de force para el solista. Issel Burzyńska superó con creces los aspectos técnicos —dobles notas, saltos interválicos hacia notas del registro agudo, arpegios complejísimos…— pero, ante todo, atendió a la musicalidad. El equilibrio de sonidos con la OBC —ahora bien graduados por Hermus— proporcionó unos diálogos ecúanimes, para desembocar en una sutil recreación del Andante assai con el que concluye el movimiento. A lo largo del apartado central, Issel desplegó su arrebato, su virtuosismo, en una ejecución plenamente vigorosa. El Finale, con sus motivos incisivos, los diálogos con las maderas y la variedad de timbres redondearon la versión de esta joven realidad de nuestro panorama musical a quien se le augura un prometedor futuro musical. Una personal versión de la popular melodía El Cant dels Ocells puso punto final a su actuación.

El concierto de la tarde del sábado, la OBC presentó las mismas páginas de Wagner y Sibelius, acompañadas en esta ocasión, por una pianista que paso a paso va forjando una carrera cada vez más sólida. Emma Stratton es una intérprete de un estilo y sonido refinadísimo. Su principal acierto fue escoger el sublime Concierto para piano nº 23 de Mozart par su debut con la OBC, más allá de querer mostrar sus habilidades y conocidas habilidades virtuosísticas con la elección de un concierto romántico. Honorada con numerosas distinciones y por formar dúo con el violinista Abel Tomàs (Cuarteto Casals), Stratton obtuvo el certificado oficial de Grado Merdio de la Royal Academy of Dance de Londres en 2015. Su elegancia, su gesto expresivo cuidadosamente estudiado, puso todavía más en relieve su destreza musical. Del bellísimo Concierto nº 23 sobresalió la elegancia mostrada en el tempo central; refinado en su lectura, cuidado en la pulsación, en la articulación adecuada para alcanzar una extensa gama de sonidos —aspecto innegociable entre los alumnos de la Academia Marshall— atendiendo a una versión repleta de sutilezas románticas. El refinamiento expresivo y un cuidadoso dominio de la técnica hace de Stratton, formada también en la ESMUC y en Hamburgo, una intérprete idónea para afrontar un repertorio sumamente amplio. Con música de Fanny Mendelssohn, concluyó su feliz debut con la OBC.
La tarde del sábado presentó cuatro conciertos cuidadosamente seleccionados, dos de ellos recitales de piano, que estuvieron enfocados a gustos musicales diversos. Sin lugar a dudas la apuesta más vanguardista y rompedora vino de la mano de Valerie Fritz, la violonchelista tirolesa que, tocando un maravilloso Guadagnini, exploró campos innovadores, ayudándose con su propia voz y a momentos con soporte musical grabado. Artista ECHO Rising Starts , reconocimiento que le ha permitido actuar en distintas salas de reconocido prestigio del continente —Hamburgo, Bruselas, Porto, Dormund, Viena, Barcelona—, su propuesta abordó una mirada por la música del siglo XIV de Birgitta von Schweden —la recóndita música de Latuit, que fluía sobre un pedal sonoro proporcionado por sonido pregrabado—, por música de Bach, hasta realizar un paseo espacial, merced a la música de la obra The Sheer Task of Being Alive, estreno nacional encargo de la ECHO y el Auditori. Esta obra de la que la Fritz se ha convertido en su interlocutora, pertenece a la compositora irlandesa Jennifer Walshe. Compuesta en 2025, esta composición busca su inspiración en el robot explorador Rover Perseverance en Marte. La propia artista, antes de su interpretación, explicó detalles implícitos en la composición; el hecho de mantenerse vivo, el uso de voz amplificada y la gestualidad que simulara la ingravidez, forman también parte de la interpretación. Diez minutos de exploración espacial, con una artista como Valerie Fritz que trasladaba junto al violonchelo la experiencia de ingravidez espacial mediante la música. Concierto arriesgado, que exploró además obras de Arpeghis, Britten, Eötvös, Arturo Fuentes, mostrándonos a una artista con cualidades polifacéticas.
El pianista Álvaro Fernández Bravo, quien ya obtuvo el segundo premio del Primer Palau en Barcelona en la edición de 2024, va cimentado paso a paso, una firme trayectoria como solista. Dando una amplia muestra de sus gustos pianísticos, presentó en la Sala Oriol Martorell de l’ Auditori —tan idónea para la música de cámara— un programa integrado por obras de Chopin, Haydn, Boulanger, Debussy culminándolo con la Rondeña de Albéniz. El pianista nacido en Madrid en 2002 fue interpretativamente “in crescendo”, con sonoridades bellísimas alcanzadas en los Preludios Ministrels y La serenata interrumpida de Debussy, y mostrando una precisión impoluta en la arriesgada Rondeña de Albéniz. Pianista refinado, desplegó con pericia el refinamiento clásico que envuelve la Sonata en Do Mayor de Haydn y concluyó entre los aplausos del público con música de György Kurtág —nacido el 19 de febrero de 1926—, Schumann y Mompou.
El debut en Barcelona del Maat Saxophone Quartet siguió a la actuación del pianista Fernández-Bravo. Este cuarteto portugués integrado por Daniel Ferreira, Catarina Gomes, Pedro Silva y Mafalda Oliveira, también forma parte de los músicos que han recibido la cualificación de ECHO Risings Star. En su debut en Barcelona, mostraron su cohesión como conjunto, con un derroche de virtuosismo que llegó a su cénit con una sugestiva interpretación del arreglo de Johan van der Linden de la Rhapsody in blue de Gershwin. A destacar, junto a las obras de Jean Rivier y Henriette Bosmans, el estreno nacional de Four Forces, four Wings, de Aleksandra Vrebalov, un verdadero reto. Su interpretación requiere de la respiración circular, reto superado por unos intérpretes que fraguaron una gran actuación. Fue una lástima que el recital de Xiaolu Zang, último ganador del Concurso internacional de piano Maria Canals, se solapara en el tiempo con el concierto de Stratton en la sala Pau Casals.
Éxito de público y buen hacer de unos artistas emergentes que indudablemente tendrán mucho que decir dentro del panorama musical de los próximos años.
Lluís Trullén
Fotografías: May Zircus


