BARCELONA / El Cuarteto Casals y la OBC, unidos en el ‘Concierto’ de Schoenberg

Barcelona. L’ Auditori.22-XI-2024.Temporada OBC. Bienal de cuartetos. Cuarteto Casals: Vera Martínez, violín. Abel Tomàs, violin. Cristina Cordero, viola. Arnau Tomàs violonchelo. OBC. Directora: Stephanie Childress. Obras de Richard Strauss, Georg Friedrich Händel / Arnold Schoenberg e Igor Stravinsky.
La temporada de conciertos de la OBC y la Bienal de cuartetos que se está celebrando estos días en el Auditori, aunaron sus programaciones en la noche del viernes para ofrecernos el Concierto para cuarteto de cuerda de Arnold Schoenberg, basado en el Concerto grosso op.6 n.7 de Georg Friedrich Händel, escrito por el compositor vienés en 1933. Como solistas invitados nada mejor que el Cuarteto Casals, el conjunto que desde 1997 ha sido el verdadero responsable de la eclosión de grandes cuartetos surgidos en los últimos años en nuestro país. El concierto contaba con la dirección de Stephanie Childress, nombrada principal directora invitada de la OBC para esta temporada y la siguiente, quien dentro de este curso ofrecerá programas dedicados a Chaikovski y Poulenc.
El renovado Cuarteto Casals, desde la incorporación de la violista Cristina Cordero tras la desvinculación de Jonathan Brown, se imbuyó del espíritu de la música barroca sazonada con la original armonización e instrumentación de Schoenberg, para desplegar un amplio abanico de sus celebradas habilidades. Desde el Allegro inicial, la música brotaba con la calidad y cohesión que siempre ha emanado de sus versiones, buscando la riqueza en los timbres, la compenetración con los diálogos orquestales y la plasmación certera de los aires barrocos que emanan de esta original partitura que acudía por primera vez a los atriles de la OBC. Solemnizaron el bellísimo Largo para luego afrontar con frescura y naturalidad todas las travesuras que se suceden en el Allegretto grazioso. La solemnidad del Hornpipe final puso el broche de oro para otorgar un nuevo y rotundo éxito a los Casals.

La dirección de Stephanie Childress tuvo a lo largo de la noche sus más y sus menos. En la obra de Schoenberg, la directora buscó la cuadratura rítmica para respaldar el trabajo del cuarteto, más que la acentuación de los matices que se van hilvanando en la partitura. El concierto se abría con la sublime Metamorfosis para orquesta de cuerda de Richard Strauss, obra meditativa y reflexiva donde las haya que es el reflejo de la desolación del compositor tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, se echó en falta en la lectura un mayor pathos emocional, una expresión más romántica y profunda que, por otro lado, se vio compensada con un trabajo de compenetración y afinación impecable por parte de los profesores de la orquesta. La directora franco-británica logró sin duda bellísimos fraseos, calibró con mesura las dinámicas, cuidó los finales, pero la versión adoleció de la sublimación interpretativa que requiere esta obra maestra de Strauss.
La OBC, ya con toda su plenitud de efectivos, brilló con una colorista y exultante versión de Petrushka de Stravinski. La música del Siglo XX, -Ravel, Bartók- sigue protagonizando los mejores momentos interpretativos de la temporada, y esta lectura del ballet de Stravinsky rayó a igual altura. Stephanie Childress aprovechó el buen trabajo de los solistas como la trompetista Mireia Farrés, el flautista Francisco López o el piano de Daniel Espasa, que bordaron sus intervenciones. Estas escenas burlescas que integran el ballet de Stravinski conforman un cuadro sinfónico que enmarca la historia de la marioneta que cobra vida hasta llegar a su trágico final. Y la exuberante orquestación, la vistosidad rítmica con el característico martilleo de los timbales y el colorido que otorgan las melodías populares encontraron una buena plasmación en la dirección Childress, siempre atenta a la paleta de colores orquestales y a los timbres inconfundiblemente stravinskianos.
Lluís Trullén
Foto: José María Rodríguez


