BARCELONA / El Concentus Musicus Wien, una sombra de lo que fue

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 16-III-2026. Concentus Musicus Wien. Dirección artística: Stefan Gottfried. J.S.Bach: Conciertos de Brandemburgo.
El Palau vivió una noche que tuvo a Nikolaus Harnoncourt en el recuerdo, en conmemoración de los diez años de su fallecimiento. El Concentus Musicus Wien, bajo la dirección artística del clavicembalista Stefan Gottfried, está llevando a cabo una extensa gira de conciertos para recordar dicha efemérides. En sus atriles figuran los seis Conciertos de Brandemburgo de Bach, una obra fetiche para Harnoncourt, cuyas grabaciones realizadas entre 1964 y 1967 para Teldec y la llevada a cabo en el Castillo de Eggenberg en 1981 se convirtieron en un hito interpretativo y referencia ineludible de las interpretaciones históricamente informadas.
“La música de cada época se puede presentar de la manera más vívida utilizando los recursos sonoros de su tiempo”, era el credo de Harnoncourt, una premisa que no escapaba a ninguna de sus recordadas interpretaciones, bien se tratara de Bach, Monteverdi o Mozart. Su gran legado, el Concentus Musicus Wien fundado en 1953, manejaba aquella retórica que parecía resurgir del pasado, haciendo que cada nota tocada por los instrumentos originales fuera el fruto de un profundo estudio musicológico. “Tempus fugit”; ya nada es lo que era, ni los propósitos, ni los resultados: solamente nos queda el nombre del conjunto como un recuerdo de aquello que fue antaño.
El conjunto ahora dirigido desde el clave por Stefan Gottfried, parece ir por otros derroteros. Escuchando el Concierto nº 1 en Fa con el que se abría el programa, el sonido desmesurado de las trompas enturbiaba la calidez de las maderas, detalle impensable bajo la mirada de Harnoncourt. No hay que dudar de la calidad que atesoran los componentes del actual Concenuts, entre los que figuran todavía algunos nombres que acompañaron a Harnoncourt durante décadas. El propio Gottfried, su director artístico, interpretó maravillosamente desde el clave el Concierto nº 5 en Re Mayor, ofreciendo un derroche de técnica y majestuosidad en la celebérrima cadenza. La atmósfera trepidante, mordaz, electrizante surgía como un debate constante entre los músicos, muy elocuentes en la interpretación, pero con unos resultados poco cuidados en las dinámicas y volúmenes, un aspecto que se apartaba del rigor y equilibrio que siempre atesoraban las versiones legadas por aquel Concentus Musicus Wien.
Por supuesto que disfrutamos de momentos interpretativamente brillantes, como la entrega de las violas en el sexto de los conciertos en las manos de Alexander Bota y Firmian Lermer, o el excelso violín de Theona Gubba-Chkheidze secundada por las flautas en el cuarto de la serie. Solamente pueden hacerse alabanzas de las intervenciones que llevó a cabo Erich Höbarth, el violinista que atesora aquella esencia musical adquirida desde décadas de experiencia y cuya perfección interpretativa sigue brillando en toda su esencia. Los diálogos solistas versus tutti en el segundo de la serie, con la trompeta en manos del gran Gabriele Cassone, parecían una disputa excesiva en elocuencia, en fastuosidad y en una exhibición de dominio de la técnica que debe darse ya por sabida en orquestas de esta calidad interpretativa. A las grandes individualidades les faltó el empaque, y por encima de todo, el aura que atesoraba Harnoncourt con su profunda atención al equilibrio, al detalle y finura de texturas que cautivaba también en los momentos electrizantes, tan sabiamente ejecutados en el equilibrio de volúmenes.
Lluís Trullén
(fotos: Toni Bofill)


