BARCELONA / El Brahms más cautivador en el violín de Midori

BARCELONA / El Brahms más cautivador en el violín de Midori

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 26-IV-2021. Midori, violín. Orquesta Sinfónica Camera Musicae. Director: Tomàs Grau. Obras de Brahms y Chaikovski.

La celebración del 15º aniversario de la fundación de la Orquesta de Cámara Musicae sigue deparando actuaciones de alto voltaje musical. En la última de ellas ha contado con la colaboración de una solista tan afamada como la violinista Midori, quien afrontó una obra de gran calibre: el Concierto para violín y orquesta op.77 de Brahms, al cual seguiría la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta de Chaikovski. Estos ingredientes hacían presagiar un concierto de campanillas. Y así fue. La sonoridad del Guarnerius de la solista llegó a las más altas cotas, regalando así al público del Palau una lectura repleta de profundidad y apasionamiento romántico.

A sus cincuenta años y a punto de cumplirse cuatro décadas desde que se produjera su debut en los escenarios, de la mano de Zubin Mehta, el talento de esta violinista japonesa sigue cautivando por su enorme carga expresiva. La manera de hilvanar las frases musicales, de recalar con unos pianissimi rebosantes de sutileza en la poética del Adagio en Fa mayor o de depurar con una dicción cristalina los temidos escollos del Allegro non troppo dieron una idea muy aquilatada de la auténtica dimensión musical de Midori.

Fue el suyo un Brahms sólido y consistente, gracias también a su compenetración con la orquesta. Sin duda contribuyó a ello el hecho de que en los días anteriores hubieran tocado ya esta obra en Tarragona y Lérida. En su versión, convivieron una depurada dialéctica y una rítmica punzante, que depararon un trepidante movimiento final, con unas sonoridades cristalinas y delicadas, dentro siempre de una narrativa profundamente romántica.

En la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta (compuesta por Chaikovski en 1880, solo un año después del concierto de Brahms), la Orquesta Sinfónica Camera Musicae desplegó toda esa consistencia sinfónica de la que ha hecho gala en estos años. Su versión brilló por su riqueza lírica y por su alto poder descriptivo. Tomàs Grau dirigió con suma cautela para que no se desbocaran volúmenes ni dinámicas.

(Foto: Martí E. Berenguer)