BARCELONA / Cosmos Quartet y Apollon Musagète Quartet brillan en la Bienal de Cuartetos

Barcelona. L’Auditori. 21-XI-2024. Bienal de Cuartetos. Cosmos Quartet: Bernat Prat, violín. Helena Satué, violín. Lara Fernández, viola. Oriol Prat, violonchelo. Obras de Cànovas, Webern, Brahms. Apollon Musagète Quartet: Paweł Zalejski, violín. Bartosz Zachłod, violín. Piotr Szumieł, viola. Piotr Skweres, violonchelo. Obras de Szymanowski, Penderecki, Dvořák.
La tercera edición de la Bienal de Cuartetos de Cuerda que se celebra en el Auditori de Barcelona acogió en la tarde noche del jueves un doble concierto protagonizado respectivamente por el Cosmos Quartet y el Apollon Musagète Quartet, formación esta última que ha ayudado a encumbrar la música de cámara polaca de Szymanowski, Penderecki, Lutoslawski o Gorecki, entre otros autores.
El concierto del Cosmos Quartet nos mostró la consolidación de este conjunto fundado en 2014, con una sonoridad sustentada por los extraordinarios instrumentos que llevan en sus manos, del lutier barcelonés David Bagué. La Sala de Cámara Oriol Martorell, sede de los conciertos de cámara de la bienal, disfrutó del sonido preciosista y a su vez contundente del Cosmos Quartet, en una nueva muestra de compenetración, cuidado en la difusión armónica y máxima atención al detalle en las obras. Siempre comprometidos con el repertorio contemporáneo, su actuación se inició con el estreno en España de Algo sobre un cuerpo, una página experimental de Helena Cánovas. Grandes silencios, disonancias y glissandi para una breve composición cuya première tuvo lugar en 2017 en Colonia, ciudad de residencia de la autora barcelonesa. La extrema delicadeza sonora que son capaces de acometer los integrantes del Cosmos se hizo palpable en una reflexiva versión del Cuarteto de cuerda, op. 28 de Webern. Escrito entre 1936 y 1938, los principios dodecafónicos de este cuarteto se envuelven dentro de un mar de complejas texturas líricas. El Cosmos Quartet reflejó la intensidad de esta obra, mediante una lectura que sutilmente discernía la claridad entre los diálogos instrumentales.
La riqueza que desborda el Cuarteto de cuerda op. 51 nº 2 de Johannes Brahms lo sitúa en una de las obras predilectas para las agrupaciones camerísticas. La quintaesencia brahmsiana, brota a lo largo de sus cuatro movimientos en los que apasionamiento, poética, reflexión y vehemencia conviven en una obra en la que juega un papel relevante el contrapunto. Bellísima ejecución del Andante moderato, cuidado en los volúmenes, cálido en su sonoridad preámbulo para una delicada versión del Minuetto y una enérgica interpretación del Allegro non assai. Un nuevo éxito para el Cosmos Quartet.

El cuarteto Apollon Musagète se ha convertido en verdadero embajador de la difusión de las obras de los siglos XX y XXI escritas en Polonia. En su participación dentro de la bienal presentaron dos obras intensas y extensas como son el Cuarteto de cuerda op. 37 nº 1 de Szymanowski, escrito en 1917 y el Cuarteto de cuerda nº 3 “Leaves of an unwritten diary” de Penderecki compuesto en 2008. La versión del complejo cuarteto de Szymanowski, envuelto en pasajes politonales y una opulencia sonora de una dimensión próxima al sinfonismo, exige a los intérpretes un máximo de coordinación y control técnico. Los integrantes del Apollon Musagète actúan como un bloque marmóreo, uniforme en la difusión sonora, capaz de controlar las dinámicas con una precisión milimétrica, que alcanzaría el cénit en una sublime interpretación del tercer cuarteto de Penderecki. Si estuvieron magistrales con Szymanowski, su paso por la obra de Penderecki, impregnada de un ineludible carácter romántico, nos mostraba la profundidad y solidez que pueden desprender sus versiones. Los cuartetos de Dvořák han sido otro de los ejes interpretativos del Apollon Musagète. El noveno de la serie dedicado a Brahms y que el compositor bohemio compuso tras la muerte entre agosto y septiembre de 1877 de dos de sus hijos, está empañado de una sentida melancolía. Una versión que transmitió la aflicción y que a su vez supo dotar de un color brillante, pero justamente tamizado, la rítmica Polka del segundo movimiento. Interpretación que estuvo marcada por la pesadumbre que emana de la tonalidad de Re menor.
Lluís Trullén
(fotos: May Zircus)


