BARCELONA / Complicidad entre Renaud Capuçon y la OBC con la música de Ravel

Barcelona. L’ Auditori. 11.10.2024. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC). Renaud Capuçon, violín. Ludovic Morlot, dirección. Obras de Haydn, Ravel/Maresz, Beethoven, Mozart.
El violinista Renaud Capuçon se erigió en el gran protagonista del segundo programa inscrito en la actual temporada de la OBC. Bajo la dirección de Ludovic Morlot, el violinista francés desplegó con la Sonata para violín de Maurice Ravel –orquestada en 2015 por Yan Maresz – y con la Romanza n. 2 para violín de Beethoven, un sinfín de recursos que fundamentan su inequívoco estilo interpretativo. La riqueza estilística de la sonata, repleta de contratiempos, efectos dinámicos continuos, su variedad de timbres y de color armónico, resultan si cabe incrementados con la certera orquestación de Maresz. El compositor monegasco, que ha impartido clases de orquestación en el Conservatorio de París y en el IRCAM, propone un refinado juego de colores que Ludovic Morlot, uno de los grandes especialistas en el estudio de la obra Ravel, supo realzar con la complicidad de una OBC que cuando interpreta el repertorio francés y del siglo XX alcanza sus mejores resultados.
Capuçon conoce profusamente esta Sonata para violín de Ravel – la grabó en 2001 acompañado al piano Frank Braley- y la ha ofrecido en numerosas ocasiones en su versión orquestal (Orquesta de Lyon, Radio de Frankfurt…). En el Auditori desplegó un abanico de sonoridades amplísimo, efectos de color idóneos tanto para el blues del segundo movimiento como por los efectos mecanicistas del Perpetuum Mobile final. Expuso una línea basada en el refinamiento, la elegancia de dicción, la claridad sonora y la conjunción con una orquesta que le sirvió un soporte tímbrico espléndido.

La obra de Ravel compartía programa con obras pertenecientes a los tres grandes integrantes de la primera Escuela de Viena: Beethoven, Mozart y Haydn. La claridad sonora que emergió en la segunda Romanza para violín y orquesta de Beethoven resultó deliciosa. Versión marcada por una línea profundamente romántica, con un Capuçon abocado a convertir un lirismo casi contemplativo en eje de una versión secundada admirablemente por la OBC. La renovada acústica del Auditori permite a los músicos de la orquesta obtener entre ellos una mejora ostensible de la audición, y para el público beneficiarse de una mayor inmediatez del sonido que repercute en el justo equilibrio de reverberación.
Abría el programa la Sinfonía n.13 de Haydn, claro exponente del estilo galante, en la que además de sobresalir la buena aportación de violonchelo y flauta solistas de la orquesta, la dirección de Morlot incidió en la claridad formal. Una interpretación de esta sinfonía escrita en 1763 –que por primera vez figuraba en los atriles de la OBC- y con un motivo temático en el movimiento final que parece anunciar uno de los temas del contrapunto imitativo final de la Sinfonía Júpiter, escrita por Mozart veinticinco años después. Morlot planteó con la Júpiter una versión abocada a realzar sonoridades ampulosas, tempi exigentes por su rapidez, por la búsqueda constante de contrastes; si bien faltó mayor calidez en la melancolía que subyace dentro de la sublime intimidad del Andante cantabile. El trabajo de la OBC fue encomiable a nivel técnico en el Molto allegro final; los contrastes modales entre Sol menor, La menor o Si mayor y la audacia de los contrapuntos, se desplegaron con gran precisión y claridad. Buen trabajo en general de Morlot y la OBC ante una versión vehemente de la postrera y sublime Sinfonía 41 de Mozart .
Lluís Trullén
Foto: José María Rodríguez Rodríguez


