BARCELONA / Bello diálogo entre Judith Jáuregui y el Azahar Ensemble, con París de trasfondo

Barcelona. Palau de la Música. 23-II-2022. Judith Jáuregui, piano. Azahar Ensemble. Obras de Turina, Debussy, Granados, Mompou, Ravel y Poulenc.
El Palau vivió una noche de música de cámara marcada por la sugerencia legada por seis compositores que, en las tres primeras décadas del siglo XX, tuvieron una estrecha vinculación con París. El quinteto de viento Azahar Ensemble y la pianista Judith Jáuregui ofrecieron este diálogo entre España y Francia en el que las obras de Turina, Debussy, Granados, Mompou, Ravel y Poulenc sonaron admirablemente en la sala del Petit Palau, brillando con luz propia los admirables arreglos que de la música de Joaquín Turina y Granados ha realizado José Luis Turina, nieto del compositor y figura determinante para el devenir del quinteto.
Numeroso público, entre ellos el propio José Luis Turina, saboreó la música admirablemente transmitida por un Quinteto en que André Cebrián Garea, por motivos derivados de la pandemia, fue substituido por Francisco López, solista titular de flauta travesera de la OBC y uno de los músicos cuya calidad ya brilló de manera determinante en la reciente interpretación del Preludio a la siesta de un fauno bajo dirección de Alondra de La Parra. Junto a María Alba Carmona, oboe, Antonio Lagares, trompa, María José García, fagot y Miquel Ramos, clarinete, iniciaron el recorrido por la bellísima y descriptiva adaptación para quinteto de viento de La oración del torero, que ya plasmaron en su grabación discográfica Turina x Turina.
Plena integración entre los cinco componentes, siempre dialogantes, buscando un equilibrio sonoro para reflejar un empaque perfecto de sensibilidades. La música tan descriptiva que imprimieron en su versión de Ma mère l’Oye nos invitaba a pasear por la narrativa de los cuentos de Charles Perrault con un sugestivo poder de evocación perfectamente forjado entre los instrumentistas. El Azahar Ensemble, junto al loable trabajo de Francisco López, comprende la dimensión y significado de la música de cámara y por ello sus versiones se fundamentan en un equilibrio constante. Sus cinco componentes son sabedores que poseen un idéntico protagonismo para fundirse a la búsqueda de un resultado común en pro a un fin estético y estilístico perfectamente determinado.
Al conjunto de viento se le unió una pianista del talento y la reconocida calidad interpretativa como Judith Jáuregui. En solitario bordó la música de Scènes d’ enfant de Mompou, cuidando la desnudez de sus armonías, los timbres metálicos tan afines a la estética del compositor barcelonés, la sensibilidad mágica que desprenden sus melodías. Una bellísima interpretación que fue precedida por los aromas y la atmósfera mágica que inundan las Estampas de Debussy. Bellísimo su paso por las orientalizantes Pagodes, el ritmo de habanera e inolvidables intervalos de segunda aumentada que evocan La soirée dans Grenade y la música sugerente y sensual que inunda Jardins sous la pluie.
Todos los intérpretes aunaron esfuerzos para ofrecernos obras tan bellas como sugestivas de Granados y Poulenc. La sensacional adaptación para piano y quinteto de viento realizada por José Luis Turina de Quejas o la maja y el ruiseñor y de El pelele de Goyescas capta toda la musicalidad romántica que rezuma de esta música que mira con galantería el Madrid de finales del siglo XVIII e inicios del XIX. El inolvidable tema melódico que predomina en Quejas se encumbraba hacia una bellísima dimensión en los diálogos entre instrumentos de viento y piano, y la rítmica música de El pelele fluía con espontánea naturalidad y precisión en los ataques.
Resultó admirable la versión del exigente Sexteto op. 100 de Poulenc, llena de humor en el Finale Prestissimo, con una versión que tanto ahondaba en los ritmos de ragtime como se sumergía en las sutilezas de Ravel; bellísimo por las texturas logradas en el Andantino y muy decidida en una versión abierta y colorista del Allegro vivace.
Concierto en que seis intérpretes nos hicieron revivir la música de seis autores vinculados en algunos momentos de sus vidas a París alcanzando la plena compenetración estética y estilística que siempre debe emerger en las grandes sesiones de música de cámara.
Lluís Trullén


